La provincia se consolida como el principal productor de aceite de oliva del país, con más del 50% del total nacional. Para la temporada actual se espera un incremento del 30% respecto al ciclo anterior, impulsado por condiciones climáticas favorables y una fuerte demanda externa.
San Juan ha ratificado su posición como el corazón indiscutido de la industria del aceite de oliva en Argentina. En plena temporada de molienda, el sector respira optimismo gracias a proyecciones que anticipan una cosecha muy superior a la del ciclo anterior.
El presidente de la Cámara Olivícola de San Juan, Daniel Fernández, señaló que la provincia es hoy la que lidera la producción de este fruto en el país: “San Juan es el primer elaborador de aceite de oliva; produce más del 50% del aceite que se produce en Argentina”. Según el directivo, la provincia ya ha superado claramente a Catamarca y se posiciona en lo más alto de los rankings mundiales de calidad en la categoría extra virgen.
El panorama productivo de este año es particularmente alentador tras un 2025 que fue afectado por inclemencias climáticas. Fernández detalló que las condiciones actuales permiten vaticinar un salto cuantitativo importante para la región: “Tenemos un buen año, vamos a superar más del 30% del año pasado que tuvimos algunos eventos climáticos que no nos permitieron tener la cosecha que esperábamos”.
Esta “maratón” de elaboración, que se concentra en un periodo crítico de entre 45 y 60 días, encuentra a las fábricas sanjuaninas procesando una fruta de excelente calidad para abastecer tanto al mercado interno como al externo. El éxito de la producción sanjuanina tiene una fuerte impronta exportadora que sostiene la rentabilidad del sector. Fernández subrayó que “más del 70% del aceite que se produce en Argentina se exporta”, teniendo a Estados Unidos como destino principal, seguido por mercados europeos como España.
La clave de esta demanda internacional radica en la ventaja de la contraestación, ya que los aceites frescos de San Juan son altamente requeridos para “mejorar el aceite que ellos tienen que ya viene de una campaña anterior”.
A pesar del prestigio internacional y de ser un producto obtenido mediante procesos puramente mecánicos sin agregados químicos, el consumo interno sigue siendo el gran desafío para los productores. Fernández definió al aceite de oliva como, literalmente, el “jugo de una fruta”. Sin embargo, mientras países como Grecia o España consumen cerca de 8 kg por persona al año, en Argentina la cifra es significativamente menor: “No llegamos a 250 g por año”.
Ante esta realidad, la Cámara Olivícola está impulsando proyectos educativos y de difusión. “Estamos con un proyecto para trabajar con escuelas agrotécnicas para que conozcan y sean ellos también los promotores de lo que es un buen aceite de oliva”. El objetivo final es traccionar el consumo local apoyándose en las propiedades saludables del producto, el cual Fernández considera como uno de los elementos principales de la dieta mediterránea y con un “alto potencial de crecimiento” basado en sus beneficios para la salud.
