Ante recientes episodios en instituciones educativas, profesionales de la psicología destacan la importancia del diálogo y la escucha para comprender las conductas de los jóvenes.
La comunidad educativa de San Juan analiza el clima social tras registrarse amenazas y pintadas en baños de algunas escuelas. Estos hechos generaron diversas reacciones y un aumento del ausentismo, según informaron desde el Colegio de Psicólogos de la provincia.
La licenciada Gema Galván, integrante de dicha entidad, explicó que la escuela es un espacio donde confluyen múltiples realidades. «Cada estudiante llega con su propia historia, contexto y forma de ver el mundo, al igual que los docentes», señaló. La profesional remarcó la gravedad de los sucesos, indicando que en algunos casos generaron risas, en otros miedo y en otros tristeza.
Desde el ámbito psicológico se insiste en que estas situaciones deben ser tomadas con seriedad. «No se trata de una broma. Son señales de alarma que los adultos debemos atender», subrayó Galván. En ese sentido, apuntó que la violencia que aparece en los jóvenes muchas veces reproduce conductas del entorno. «Hoy decimos que los adolescentes son violentos, pero en realidad están replicando lo que ven en el mundo adulto», afirmó.
La especialista sostuvo que las instituciones educativas muestran las consecuencias de problemáticas que se originan fuera de ellas. «En la escuela vemos lo que los chicos traen de sus casas», explicó, marcando la necesidad de un abordaje integral que incluya a las familias.
Frente a este escenario, el Colegio de Psicólogos y el Departamento de Salud Mental de San Juan trabajan en conjunto para generar conciencia. Se prevé el desarrollo de actividades dentro de la comunidad educativa con enfoque preventivo, orientadas a abrir espacios de diálogo y escucha. «No se trata de buscar culpables, sino de evitar que estas situaciones se repitan», indicaron.
Finalmente, Galván fue contundente sobre cómo abordar estos casos: «Hay que hablar estas cuestiones y también sancionarlas, pero solo castigar puede agravar el problema». La clave, concluyen, está en generar espacios reales de escucha, reflexión y contención, que permitan comprender el origen de estas conductas y prevenir nuevos episodios.
