Un carnicero local señala que en áreas alejadas de la provincia se consume carne de equino desde hace años, una práctica que enfrenta la prohibición oficial y preocupaciones sanitarias.
En el contexto del debate nacional sobre la venta de carne de burro como opción económica, un carnicero de San Juan afirmó que en localidades alejadas de la capital provincial existe un consumo de este tipo de carne desde hace años. Néstor, un trabajador del sector con experiencia, indicó que, si bien su venta en mostradores no está permitida, el producto llega de forma indirecta al consumo, principalmente a través de embutidos y fiambres.
Según su explicación, las diferencias con la carne vacuna son identificables para un ojo entrenado: «Se puede notar en el color de la carne, que es un poco más oscura, y en el tono de la grasa». Para el carnicero, lo que impulsa la discusión actual es la amplia brecha de precios frente a la carne vacuna, que en el actual contexto económico resulta inaccesible para muchos.
Esta práctica se enfrenta a la normativa vigente. Desde el Ministerio de Producción de San Juan han sido enfáticos al señalar que las carnicerías locales no tienen autorización para comercializar este tipo de carne al público. Además, el consumo en zonas rurales suele estar asociado a la faena clandestina y al abigeato, como se evidenció recientemente en el departamento de 25 de Mayo, donde la Policía halló un burro desmembrado que había sido robado.
Las autoridades provinciales advierten sobre los riesgos sanitarios de esta alternativa. Al no existir una trazabilidad oficial para el mercado interno —dado que la faena equina en Argentina está orientada casi exclusivamente a la exportación—, el consumo de carne de burro en San Juan opera en la clandestinidad, fuera de los controles bromatológicos necesarios para garantizar la seguridad alimentaria de la población.
