Comerciantes y vecinos del microcentro de Mendoza alertan sobre suciedad, malos olores y complicaciones sanitarias debido a la presencia masiva de tordos. Autoridades provinciales explican que se trata de un comportamiento natural estacional.
Una inusual concentración de tordos encendió la preocupación en el microcentro de Mendoza, donde comerciantes y vecinos advierten por complicaciones sanitarias, malos olores y suciedad persistente generada por las aves. La situación se hizo especialmente visible en una de las zonas más transitadas de la capital mendocina, donde las bandadas se instalan a diario sobre el arbolado urbano y dejan a su paso veredas manchadas, proliferación de insectos y un fuerte olor que, aseguran, afecta tanto la actividad comercial como la circulación de clientes.
Los reclamos se multiplicaron en las últimas semanas. Dueños de locales aseguran que, pese a implementar recursos para ahuyentarlos —como luces, sonidos y distintas estrategias disuasorias—, no lograron resultados duraderos. «Se limpia todos los días y el problema vuelve», describen quienes trabajan en la zona, donde también sostienen que los días de lluvia agravan el panorama, intensificando los olores y dificultando la permanencia dentro de los negocios. Según remarcan, el fenómeno no es nuevo, pero este año se habría profundizado por la cantidad de aves presentes. También cuestionan la falta de respuestas concretas para abordar una problemática que impacta en la dinámica cotidiana del centro.
Sin embargo, desde el área de fauna provincial aseguran que no se trata de una «invasión», sino de un comportamiento natural. Adrián Gorrindo, titular del organismo, explicó que durante otoño e invierno estas aves buscan refugio en zonas urbanas por las temperaturas más cálidas que generan las ciudades. Estos espacios funcionan como «islas de calor», ofreciendo condiciones favorables para que los tordos pernocten, mientras durante el día permanecen en áreas rurales, donde cumplen funciones ecológicas como el control de insectos y plagas. Además, la escasa presencia de depredadores naturales en sectores urbanos favorece su concentración en plazas, avenidas y árboles del centro.
Respecto a posibles soluciones, especialistas mencionan medidas de mitigación como podas controladas o sistemas de ahuyentamiento, aunque advierten que deben aplicarse bajo supervisión oficial para evitar afectar a fauna protegida. Mientras persisten los reclamos, el fenómeno reabre el debate sobre cómo equilibrar convivencia urbana, actividad comercial y preservación ambiental en una problemática que, por ahora, sigue sin una respuesta definitiva.
