A los 18 años, Juan Leyes dejó San Juan para combatir en las Islas Malvinas. Cuarenta años después, comparte su testimonio sobre el miedo, la crudeza del conflicto y las secuelas que perdura.
Aquel abril de 1982 quedó grabado en la memoria de Juan Leyes. Con apenas 18 años, este sanjuanino dejó la tranquilidad de su hogar para formar parte del conflicto bélico en las Islas Malvinas. Primero en la Marina y luego en la península de Camber, frente a Puerto Argentino, Leyes vivió en primera persona la hostilidad de la guerra.
«No era vida lo que se pasaba allá», confió, con una emoción que el tiempo no ha borrado. Su relato describe noches en trincheras, a la espera de ataques, y la constante sensación de vulnerabilidad. «Cada vez que nos reunimos con excombatientes, siempre nos preguntamos si sentimos miedo, y todos coincidimos en que miedo siempre sentimos», explicó, destacando la humanidad detrás del uniforme.
A las difíciles condiciones emocionales se sumaba el desamparo físico. Las raciones de comida escaseaban, obligándolos a subsistir con lo poco disponible bajo un frío intenso. Sin embargo, la guerra no terminó para él con el cese al fuego. El regreso a San Juan marcó el inicio de otra batalla: superar los traumas. «Fui a un psicólogo por más de un año. Nos cayó cerca un proyectil y prácticamente nos reventó los oídos», recordó sobre un impacto que aún resuena en su mente.
En la actualidad, Juan Leyes agradece poder contar su historia. Su testimonio sirve como un recordatorio de que, detrás de cada reconocimiento, hay una persona que sobrevivió a una experiencia extrema, cargando con el recuerdo de los compañeros que no regresaron y las marcas indelebles del conflicto.
