Entre el virus y la desglobalización, ¿por qué no fomentar la competencia interna?


La existencia misma de Jaguares está en serio riesgo; es momento de analizar perspectivas y posibilidades. Fuente: AFP

En estos días de pandemia anda circulando una frase que surgió del indispensable uruguayo Mario Benedetti: “Cuando creíamos que teníamos todas las respuestas, de pronto, cambiaron todas las preguntas”. El mundo anda así, sin saber cuándo ni cómo se saldrá de esta crisis que ha afectado a todas las personas y de todas las formas. El rugby argentino tenía algunas respuestas certeras para su proyecto en la alta competencia profesional, pero la aceleración de algunas decisiones lo confrontó con una pregunta de la que nunca pensó que iba a hacérsela tan pronto:

¿qué hacer con Jaguares, la franquicia creada en 2016 para participar en un Súper Rugby que en un golpe de vista dejó de existir tal como lo conocíamos?

Ya se sabe:

no habrá Jaguares en lo que resta del año,

y para 2021, ante la decisión de Nueva Zelanda y Australia de cerrar fronteras y de jugar entre ellos, la única oportunidad que aparece es

presentar un equipo en Sudáfrica.

No será este plantel, no se jugará aquí y los contratos, obviamente, se caerán en dinero o, directamente, se irán. En la propia

Unión Argentina de Rugby

(UAR) señalan que si bien no hay decisión de concluir la experiencia Jaguares,

la situación es incierta.

En esta situación, 2022 aparece como en otro siglo, y en ese sentido, el tiempo y el escenario reinante le juegan en contra al proyecto profesional de la UAR dentro de la Sanzaar.

Incluso puede golpear a los Pumas,

aunque el Rugby Championship tiene otra lógica y otro recorrido que el Súper Rugby.


Si siguiere existiendo Jaguares, todo será distinto: no jugar en Vélez le quitará atractivo al público argentino y eso reducirá los montos de los contratos publicitarios y televisivos para la UAR. Crédito: Prensa Velez

En los próximos días

World Rugby

celebrará reuniones virtuales para unificar los calendarios de las competencias en el Norte y en el Sur. Un nuevo orden podría beneficiar a la Argentina, sobre todo porque es muy probable que la presencia en Europa de jugadores titulares del seleccionado se incremente. En la última lista de 59 pumas que dio Mario Ledesma, hay 14 que están en clubes de aquel continente. Con la liberación que decidió la UAR, esa suma se acrecentará y quizá llegue a 20, difícilmente a más. ¿Qué hacer con el resto mientras no haya Jaguares y mientras el mundo siga cerrado? ¿Y si en vez de mirar afuera la dirigencia empieza a hacerlo hacia adentro? Se necesita un plan B que apuntale lo que ya está.

Quizá sea tiempo de revisar algo que siempre se descartó: una fuerte competencia interna.

No al estilo de un Top 14 francés o de una Premiership británica, porque no sólo no hay dinero, sino que además podría generar un efecto negativo en la savia que son los clubes. Pero sí se podría reflotar el

Campeonato Argentino

(desestimado por esta y la anterior dirigencias bajo argumentos poco claros) o

armar un torneo

(al estilo de la Currie Cup sudafricana)

con todos los jugadores que están becados e invitados en las distintas academias

que tiene la UAR en el país. Según números brindados por la propia entidad, hay 280 rugbiers repartidos en las regiones Buenos Aires (100 solamente ahí), NOA, Oeste, Centro y Litoral.

Argentina tiene desventajas geográficas y económicas con respecto a las potencias de este deporte, pero puertas adentro cuenta con una

escuela de jugadores como pocas en el mundo,

con

maestros, especialistas y staffs

profesionales que

saben mucho

del juego, y con una

cultura interna de rugby

histórica y pasional. Si desde afuera van a reordenar los calendarios quizá sea el momento de hacerlo aquí también, de reestructurar las competencias y procurar hacerse fuertes en el frente doméstico. En conjunto,

sin individualismos ni caprichos,

sin prejuicios ni sectarismos. Construyendo.

Innovar no implica terminar con lo que ya se hizo. Ni volver atrás. Una fuerte competencia interna, con jugadores que después puedan volver a sus clubes, con un calendario ordenado con el resto de los torneos, ampliaría la base que necesitan los Pumas. Eso no impediría que siguiera un grupo de profesionales en Jaguares o en otro torneo en el exterior, pero en un mundo en el que se habla del

fin de la globalización, crecer hacia adentro

y de acuerdo con lo que ofrece la realidad, es una opción como para al menos tenerla en cuenta.


Matías Moroni, un habitué de Jaguares, quiere seguir participando de alguna manera el Súper Rugby; sus compañeros en los Pumas Pablo Matera y Nicolás Sánchez ya se han ido a jugar en el exterior.

La autora canadiense Margaret Atwood escribió que somos aquel jinete de las películas al que cuando está por llegar al castillo, justo le mueven el puente levadizo: “En este momento estamos suspendidos en el aire… Así pues, ¿qué deberíamos hacer entretanto, mientras estamos ahí arriba?”. Una respuesta es no creer que el camino del rugby argentino en la alta competencia profesional se terminó por la posibilidad de que no haya más Súper Rugby ni Jaguares. Existe futuro más allá de esta crisis generada por la Covid-19 porque, además, tampoco -y para ser realistas- el panorama se presentaba despejado antes de la pandemia, ya que Nueva Zelanda y Australia venían poniendo reparos. Entonces, si se privilegia lo ya hecho, si se fortalece lo doméstico y se diseña un calendario acorde, hay una oportunidad que brinda esta situación extrema para

seguir creciendo con un modelo propio.

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