La esperada secuela del clásico de moda ya se exhibe en salas sanjuaninas, con el elenco original y una trama que refleja los cambios en la industria editorial.
La espera terminó y El diablo viste a la moda 2 ya se exhibe en cines, marcando el regreso de uno de los universos más icónicos del cine de moda. Veinte años después del estreno de la primera entrega, la película volvió a reunir a su elenco original y reabrió las puertas de un mundo tan sofisticado como despiadado.
Dirigida nuevamente por David Frankel, la historia retomó el eje en torno a Miranda Priestly, interpretada por Meryl Streep, quien ahora enfrenta a una inesperada rival: Emily Charlton, el personaje de Emily Blunt, convertida en una poderosa ejecutiva. Ambas compiten por los ingresos publicitarios en un contexto atravesado por la transformación —y crisis— de los medios gráficos.
El film también contó con el regreso de Anne Hathaway y Stanley Tucci, además de nuevas incorporaciones como Kenneth Branagh, Lucy Liu, Justin Theroux, B. J. Novak y Pauline Chalamet. Con una fuerte campaña promocional a nivel global, el estreno no pasó desapercibido y todo indica que se encamina a convertirse en un éxito de taquilla.
Sin embargo, las primeras reacciones de la crítica mostraron una recepción moderada. Desde The Hollywood Reporter señalaron que la película resulta “bonita, pulida y ligera”, mientras que Collider destacó su valor como entretenimiento, aunque sin el impacto cultural de la original. En una línea similar, IndieWire remarcó que difícilmente supere a su antecesora, reforzando la idea de que las secuelas rara vez alcanzan el mismo nivel.
Por su parte, The Guardian apuntó que, si bien la industria de la moda evolucionó, la película optó por reciclar fórmulas conocidas con estilo, mientras que Otros Cines valoró sus momentos de humor y emoción, aunque reconoció que no se trata de una propuesta particularmente innovadora.
Así, El diablo viste a la moda 2 logró reinstalar el brillo y la tensión del mundo fashionista, pero dejó abierto el debate sobre si era realmente necesaria una segunda parte de un clásico que, para muchos, sigue siendo insuperable.
