Desde el Merendero Rey de la Merienda, en Pocito, referentes alertan sobre la caída de donaciones y la falta de apoyo estatal ante el aumento de la demanda.
La situación de los merenderos vuelve a encender señales de alarma en San Juan. Desde el Merendero Rey de la Merienda, ubicado en Chacabuco entre calle 8 y 9, en el departamento Pocito, Mónica Morales describió un escenario cada vez más complejo para sostener la asistencia alimentaria a niños y familias vulnerables.
“El año pasado salíamos a pedir alimentos y la gente colaboraba más, pero ahora están dejando de ayudar y es razonable por la situación económica”, explicó Morales. La caída en las donaciones impacta directamente en la capacidad de respuesta del merendero, que depende en gran parte de la solidaridad comunitaria.
En cuanto al acompañamiento estatal, la referente fue contundente: “El gobierno nacional lo único que manda a los merenderos son yogures y nada más, y no alcanza”. Remarcó que el esfuerzo diario recae casi exclusivamente en quienes sostienen estos espacios.
El merendero funciona gracias al trabajo de un pequeño grupo: “Somos cinco mujeres que ayudamos. Hacemos notas y salimos a pedir a los negocios arroz, fideos, leche o harina”, detalló. La estrategia es reunir pequeñas donaciones que, sumadas, permiten cubrir parcialmente la demanda. Sin embargo, la necesidad supera ampliamente los recursos disponibles.
“Pedimos un poquito de todo y con eso vemos qué podemos hacer”, señaló Morales, evidenciando la precariedad con la que operan. La situación se agrava con el correr de los días. “Es complicado, pero no bajamos los brazos. A veces conseguimos donaciones como verduras, pero del gobierno no recibimos ayuda. Solo damos la merienda, pero los chicos también necesitan cenar”, sostuvo.
Uno de los datos más preocupantes es el aumento de la demanda fuera del horario habitual: “Nos golpean la puerta a las 8 de la noche para ver si queda algo de comida”, contó. Finalmente, Morales describió el contexto social que atraviesa el Quinto Cuartel: “Somos personas olvidadas. Hay noches en que los niños no almuerzan ni toman un té, y entre vecinos tratamos de ayudarnos”.
