El sector de la industria frigorífica argentina se prepara para un período de extrema dificultad, marcado por ajustes productivos y cierres de plantas. Según análisis del sector, la faena de ganado vacuno continuó su tendencia a la baja durante febrero, un mes que contó con apenas 18 días hábiles debido a los feriados de carnaval y al impacto indirecto del paro general.
Cierres y reprogramaciones
La crisis ya muestra sus primeras consecuencias concretas. Tres establecimientos con habilitación para mercados internacionales, ubicados en Bahía Blanca (Buenos Aires), Bernasconi y General Pico (La Pampa), cesaron sus operaciones entre fines de 2023 y los primeros meses de este año. En conjunto, estas plantas procesaron más de 172 mil cabezas durante el año pasado.
Frente a este escenario, otras fábricas optan por una estrategia de supervivencia: reprogramar su producción para recortar gastos operativos. Esta medida impacta directamente en la organización del trabajo, afectando turnos y días laborales de los empleados.
Presión financiera y cadena de pagos
La tensión se extiende a toda la cadena comercial. Los plazos de pago se han alargado significativamente, generando desequilibrios financieros y, en muchos casos, la erosión del capital de trabajo de las empresas. Esta situación se agrava por la casi nula disponibilidad de crédito bancario o externo para financiar la compra de ganado destinado a faena, un financiamiento que tradicionalmente es soportado por los propios eslabones de la cadena.
Un factor adicional de presión es la demora en la devolución de los reintegros del IVA por parte de ARCA. En un contexto de revaluación del precio de la hacienda, este retraso representa un daño financiero que restringe aún más la capacidad operativa y comercial de las empresas.
El desafío de los costos y los precios
Los aumentos en los costos han sido abrumadores. El precio de la hacienda para faena se incrementó aproximadamente un 70% en el último año, un valor que duplica la inflación y que resulta insostenible para la estructura financiera de las plantas. A esto se suman las subas en combustibles, energía eléctrica, gas y las necesarias recomposiciones salariales.
Este escenario obliga a una revisión exhaustiva de todos los costos y a una extrema precaución en la toma de decisiones. Los analistas del sector observan que los valores máximos de la hacienda podrían haber tocado techo, y se estaría consolidando un nivel de precios algo inferior al pico alcanzado semanas atrás, que probablemente se mantenga durante los próximos meses.
Cambios en el consumo y competencia desleal
Los altos precios de la carne vacuna han ampliado su brecha con otras proteínas. Según datos del IPCVA, actualmente con un kilo de asado se pueden adquirir casi 4 kilos de pollo, una relación cercana al máximo histórico de 2022. Con la carne porcina, la relación es de 2 a 1, la diferencia más amplia desde ese mismo año.
Esta situación posiciona al pollo y al cerdo como alternativas más accesibles para el consumidor. Paralelamente, preocupa el crecimiento de la faena marginal o comercial a campo, tanto de bovinos como de porcinos, una práctica que pone en riesgo a la actividad formal y al empleo registrado, y que, según denuncian, es tolerada por la mayoría de las comunas y organismos de control.
