La escalada internacional en los valores del petróleo y el gas, derivada de tensiones geopolíticas, plantea un panorama complejo para la Argentina. Según el análisis del economista Martín Redrado, ex presidente del Banco Central, el país enfrenta una combinación de desafíos y ventajas en su balanza comercial, mientras los consumidores locales soportan el peso de precios internos que no reflejan la realidad del mercado global.
Un shock de oferta con impacto dual
Redrado explicó que la situación actual responde a un «shock de oferta», caracterizado por un incremento en los precios y una restricción en la disponibilidad de recursos energéticos clave. La magnitud del efecto final sobre la economía argentina dependerá, en gran medida, de cuánto tiempo se mantengan los valores del crudo por encima de la barrera de los 90 dólares.
Ganancias y pérdidas en divisas
Desde el lado positivo, el alto precio del petróleo mejora el balance energético y comercial del país. Cálculos de la Fundación Capital estiman que, con el barril a 90 dólares, las exportaciones petroleras podrían generar unos 1200 millones de dólares adicionales este año.
Sin embargo, este beneficio se ve contrarrestado por el otro lado de la moneda: la necesidad de importar gas natural licuado (GNL) durante el invierno. Redrado precisó que Argentina requiere alrededor de 28 buques cargados de GNL en la temporada fría, lo que representa un desembolso extra de aproximadamente 1400 millones de dólares. «Cuando uno mira lo que gana por exportación de petróleo y lo que pierde por importación de gas, estaríamos relativamente equivalentes», resumió.
El bolsillo de los consumidores
El impacto más directo para la población se verifica en las estaciones de servicio. Según el economista, con los valores internacionales actuales, el precio de los combustibles en el mercado interno presenta un atraso cercano al 30%. Este desfase ejerce presión sobre el índice de inflación, aunque su traslado a los surtidores se estaría realizando de manera gradual, principalmente por la política de YPF, la empresa líder del mercado.
Infraestructura: la deuda pendiente
El análisis también se centró en la capacidad de transporte de gas, un cuello de botella histórico. Redrado señaló que, si bien Argentina cuenta con recursos gasíferos, enfrenta problemas logísticos para movilizarlos. Actualmente, son proyectos del sector privado, como los oleoductos Oldelval 2 y Oldelval Sur, junto con el alquiler de un buque regasificador previsto para 2028, los que buscan paliar esta limitación.
El ex funcionario recordó que la administración anterior priorizó el Gasoducto Néstor Kirchner, orientado al abastecimiento del centro del país, y postergó obras de infraestructura destinadas a la exportación. «Llega tarde. Creo que lo importante es mirar hacia adelante», concluyó, enfatizando la necesidad de avanzar con las inversiones necesarias para fortalecer el sistema energético nacional.
