Un hecho ocurrido en la avenida Chaco de la ciudad de Resistencia ha generado una ola de indignación y reflexión sobre la indiferencia social. Una cachorra de aproximadamente cuatro meses de edad permaneció en estado crítico durante más de doce horas en la vía pública, sin recibir asistencia, a pesar de la presencia cercana de transeúntes.
El relato de la rescatista
Mirna Pavicich, activista por los derechos animales, acudió al lugar tras recibir alertas de vecinos. Al llegar, se encontró con un panorama desgarrador: la perra, de corta edad, yacía entre desechos, presentando convulsiones continuas y sangrado bucal. «Era una escena crítica, de un sufrimiento prolongado que era evidente», describió Pavicich.
La escena de indiferencia
Lo que más impactó a la rescatista no fue solo el estado del animal, sino el contexto. A escasos tres metros, un grupo de personas compartía una ronda de mate, aparentemente ajena a la agonía de la cachorra. «La normalidad con la que actuaban, mientras a su lado un ser vivo se despedazaba, es el síntoma de un problema mayor», afirmó.
Una crítica a la pasividad social
Pavicich puso el acento en un fenómeno que trasciende este caso particular: la desensibilización colectiva frente al dolor ajeno. «Aprendimos a mirar para otro lado para no comprometernos. La indiferencia también es una forma de violencia», sostuvo. Para ella, la conmoción en redes sociales debe traducirse en acción concreta. «No basta con decir ‘qué horror’ desde una pantalla. Si no formas parte de la solución, eres parte del problema», remarcó.
La deuda del Estado y la responsabilidad compartida
La denuncia también señala la ausencia de políticas públicas efectivas en materia de protección animal. La falta de protocolos de urgencia, campañas de tenencia responsable y recursos para refugios agrava estas situaciones, dejando la responsabilidad en manos de rescatistas independientes. «Estos hechos evidencian un vacío institucional. Los animales necesitan leyes que se cumplan y una sociedad que no tolere su sufrimiento», concluyó Pavicich.
La cachorra fue rescatada y trasladada para recibir atención veterinaria. Quienes deseen colaborar con los gastos de su recuperación pueden hacerlo a través de los canales habilitados por la rescatista. El caso, más allá de la indignación momentánea, plantea una pregunta incómoda sobre los límites de la responsabilidad ciudadana y el valor que se le otorga a la vida.
