Desde la colonia hasta la actualidad, la crítica periodística sigue siendo un pilar de la democracia, aunque la tensión con los gobiernos persiste.
La historia de la libertad de expresión en Argentina comenzó antes de la Revolución de Mayo. Durante la colonia, la censura era habitual y cualquier pensamiento contrario al poder se difundía de forma oral y clandestina. Figuras como Francisco Narciso Laprida, Salvador María del Carril, Fray Justo Santa María de Oro y José Ignacio de la Roza incorporaron ideas del iluminismo europeo, sentando bases para una sociedad más abierta.
Actualmente, Argentina vive en democracia con garantías constitucionales para la libertad de prensa. Sin embargo, la relación entre gobiernos y medios sigue siendo compleja. Distintos dirigentes han manifestado incomodidad ante críticas periodísticas y han atribuido a la prensa responsabilidades por errores de gestión o derrotas electorales.
La tensión surge cuando los medios cuestionan decisiones gubernamentales o exponen falencias en áreas como economía, salud o seguridad. Algunos funcionarios interpretan la crítica como un ataque personal. El debate también incluye el rol de los medios: la prensa militante puede debilitar la credibilidad periodística, mientras que la prensa independiente busca controlar al poder e informar a la ciudadanía.
Otro aspecto es la distribución de publicidad oficial. Diversos gobiernos han sido cuestionados por asignar la pauta estatal de forma discrecional, favoreciendo a medios afines y perjudicando a críticos. En los últimos años, el presidente Javier Milei protagonizó cuestionamientos hacia periodistas, una actitud con antecedentes en administraciones de Carlos Menem, Néstor Kirchner, Cristina Fernández de Kirchner, Mauricio Macri y Alberto Fernández.
La experiencia democrática indica que los medios no deben ser una extensión del gobierno ni una oposición política. Su misión es informar, investigar y cuestionar. La independencia periodística fortalece las instituciones y garantiza información plural. El periodismo es considerado «el perro guardián de la democracia», esencial para vigilar al poder y contribuir al debate público sin presiones.
Fuente: Adaptación periodística basada en la columna de opinión de Luis Eduardo Meglioli para Canal 13 San Juan.
