En el Observatorio Cesco, en la base de los Andes sanjuaninos, un radiotelescopio de origen chino permanece desarmado por tensiones geopolíticas entre Estados Unidos y China.
En la base de los Andes sanjuaninos, donde el cielo es un lienzo impecable, libre de luces y contaminación, el silencio de la montaña hoy esconde una disputa global. Allí, en el histórico Observatorio Cesco, yace desarmado lo que prometía ser el radiotelescopio más grande de Sudamérica. Se trata de un gigante de piezas chinas que, por ahora, no puede mirar las estrellas porque quedó atrapado en el fuego cruzado entre Pekín y Washington.
Según especialistas que abordaron el tema para The New York Times, la ubicación de San Juan no es casualidad. Al estar en el lado opuesto del planeta respecto de China, la provincia ofrece a los científicos orientales una ventana exclusiva a la mitad del cielo que no pueden ver desde su territorio. Sin embargo, lo que para los astrónomos es un avance científico invaluable, para el gobierno de Estados Unidos es una amenaza directa a su seguridad nacional.
El impacto de este conflicto no pasó desapercibido en el ámbito académico local. La Facultad de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales (UNSJ), de la cual depende el observatorio, compartió en sus redes recientemente material publicado por medios internacionales para visibilizar la situación. Funcionarios estadounidenses han presionado repetidamente a las autoridades argentinas para que revisen los acuerdos con China. El temor, aunque se maneja bajo estricto anonimato diplomático, es que Washington crea que la gigantesca antena no solo captaría señales de galaxias lejanas, sino que podría utilizarse para rastrear satélites estadounidenses y coordinar comunicaciones militares secretas.
Esta Guerra Fría moderna ya tuvo capítulos similares en Chile, donde también se frenaron proyectos chinos por la insistencia de los embajadores norteamericanos. En San Juan, el freno llegó por el lado de la burocracia. El gobierno argentino retuvo en la aduana piezas clave del telescopio durante meses, argumentando fallas en los procedimientos de renovación de los contratos. Mientras los diplomáticos discuten sobre soberanía y espionaje, la realidad en el cerro es desoladora para la comunidad científica. La antena, que debería estar procesando datos del cosmos, apunta ciegamente al cielo. Los astrónomos locales temen que este revés no solo sea un desplante a China, sino un retroceso general para la investigación mundial, que ve en los desiertos andinos el mejor lugar del mundo para descubrir los secretos del universo.
