Carlos Ferello, el único argentino a bordo del crucero afectado por un brote de hantavirus, habló tras llegar a Tenerife y antes de ser trasladado a Países Bajos para cumplir con el protocolo sanitario.
Lo que debía ser un viaje de placer de más de 30 días para un ingeniero jubilado amante de la navegación se transformó en una crónica de supervivencia y aislamiento. Carlos Ferello, el único argentino entre los pasajeros del crucero que sufrió un brote de hantavirus, habló tras llegar a Tenerife y antes de ser trasladado a Países Bajos para cumplir con el protocolo sanitario.
“Fue distinto a lo que había pensado, fue una desgracia”, admitió Ferello en diálogo con medios nacionales. La travesía, que zarpó el 1 de abril, transcurría con normalidad hasta que un matrimonio neerlandés comenzó con fiebre y, en cuestión de días, ambos fallecieron. “Se lo trató como una infección común porque eran personas de edad, pero cuando murió la mujer se prendieron todas las alarmas”, recordó sobre el momento en que el viaje cambió de rumbo hacia la isla de Santa Elena.
A pesar de la gravedad del brote, que incluyó el contagio de un médico y un guía, el argentino llevó tranquilidad sobre su estado de salud: “Yo siempre comía y paseaba solo, no tuve tanto contacto”. Gracias a esta distancia preventiva, el cónsul argentino en Tenerife confirmó que Ferello se encuentra en perfecto estado y no presenta síntomas.
Ahora, el destino final será Países Bajos, donde deberá permanecer en observación junto a otros pasajeros. “Yo tendría que haber estado en Buenos Aires el 5 de mayo, y esto se va a alargar 15 días más”, comentó con una mezcla de resignación y humor, definiendo la experiencia como un “viaje inolvidable”. Aunque la aventura científica de avistaje de aves terminó en una cuarentena internacional, Ferello destacó el apoyo constante de la Cancillería argentina y el Ministerio de Salud, que lo acompañarán hasta que finalmente pueda regresar a casa.
