Dos artesanas sanjuaninas, Guadalupe Daneri y Gabriela Toro, presentaron una colección de prendas tejidas con fibras naturales y tintes de la región, en un desfile que celebró la autenticidad y la cultura local.
En San Juan, donde el paisaje dicta los colores, el tejido deja de ser una técnica para convertirse en un lenguaje del alma. Así lo sienten Guadalupe Daneri y Gabriela Toro, dos artesanas que han hecho del telar su forma de vida y de las fibras naturales su mayor tesoro. En un desfile que celebró lo auténtico, presentaron prendas que abrigan el cuerpo y que cuentan historias de la tierra.
Para Guadalupe, el proceso comienza mucho antes de tocar el telar. Trabaja con pelo de alpaca y de llama, hilo de seda natural, de lino y de algodón, cuidando que cada fibra sea de excelencia. Pero su búsqueda es, ante todo, espiritual. «El tejido en mi vida ha sido como desenredar interiormente las ‘galletas’ que tengo y poder ubicar los hilos de manera armoniosa», confiesa con emoción.
Su colección, bautizada “Cosechando Tramas”, es un homenaje a Barreal. Guadalupe recolecta jarillas y raíces de la zona para lograr tintes que son únicos de este suelo. «Si teñís con chañar de Iglesia o de Barreal, los colores van a ser diferentes aunque sea la misma artesana. El agua de San Juan le da su propia identidad a la cochinilla o a la jarilla», explica. Para ella, terminar una prenda es una satisfacción que trasciende lo material, es ver plasmado un descubrimiento interno que no termina nunca.
Por su parte, Gabriela destaca la magia del proceso completo, desde juntar el vellón de las ovejas hasta ver el hilo nacer de sus manos. «Nací tejiendo, mi abuela me enseñó y hoy el tejido es mi soporte, mi motivo para levantarme temprano a escardar la lana», relata. Ella pone en valor el telar de palo, una técnica profundamente arraigada en la cultura sanjuanina, y la sorpresa inagotable de los tintes naturales. «Podés teñir veinte mil veces con lo mismo, pero la sorpresa de ver las madejas colgadas con el color obtenido no tiene precio», asegura.
Para Gabriela, vivir en Barreal es un privilegio que le permite inspirarse en la flora local y transformar la lana de oveja de la zona en piezas de diseño de alta calidad. El encuentro no es solo una pasarela de moda, es un manifiesto de nuestra cultura. Entre hilos de algodón, seda y lanas hiladas a mano, estas mujeres demuestran que en San Juan el arte se cosecha. Sus prendas son piezas destinadas a encontrarse con alguien, cargadas con la energía de la naturaleza y la paciencia de quien sabe que los mejores procesos llevan tiempo. En cada trama, Guadalupe y Gabriela dejan un pedacito de su historia, recordándonos que, a veces, para ordenar nuestra propia vida, solo hace falta sentarse frente al telar y dejar que el hilo encuentre su destino.
