En la localidad de El Encón, la artesana María del Carmen Barroso mantiene viva una técnica ancestral de tejido, transmitiendo su saber a nuevas generaciones y convirtiendo la lana en piezas únicas llenas de identidad.
En El Encón, donde el monte se mezcla con el viento y los caminos parecen eternos, vive María del Carmen Barroso. Es artesana, tejedora y madre; una mujer que encontró en el telar una forma de sostener su vida. De origen huarpe, María aprendió desde chica. Su mamá tejía todos los días, y ella creció entre ovillos de lana, colores y texturas. Recuerda ese tiempo como algo «muy bonito», casi como un juego que con los años se volvió oficio y luego destino. «El tejido significa todo», dice. Con este oficio heredado crió a sus hijos y sale adelante día a día.
Cada prenda que hace lleva sacrificio, esperanza y también emociones. «En el arte está todo lo que uno siente: alegrías y tristezas», cuenta. Su herramienta principal es el telar plantado, una estructura tradicional que se arma con palos clavados en la tierra, el mismo que usaban las generaciones anteriores. Allí, con paciencia y fuerza, logra tejidos firmes, resistentes, pensados para durar en el tiempo y acompañar la vida de campo.
El proceso es largo. Todo empieza con la esquila de la oveja. Después viene el lavado, la limpieza, el escarmenado (cuando se abre la lana) y recién entonces el hilado. Las madejas se tiñen con elementos del monte como hojas, chalas, arbustos, hongos y resinas. Los colores nacen de la tierra que la rodea. Más tarde llega el telar. María mide, pesa y calcula cada prenda antes de comenzar. Un poncho puede llevar hasta 45 días de trabajo, con dos personas dedicadas de forma constante.
«Es difícil ponerle valor a lo que hacemos», reconoce, porque no todos conocen el tiempo y el esfuerzo que hay detrás. Aun así, sigue. Porque sabe que su arte de tejer es digno de transmitir. Les habla a los chicos, les enseña, les muestra el camino. Cree que en ellos está la continuidad de este saber ancestral.
Cada tejido que sale de sus manos es distinto. Tiene su estilo, sus colores, su identidad. Son tonos que remiten a su entorno, al algarrobo, al monte y a su pueblo. «Eso es lo que defiendo», afirma. En su emprendimiento también encontraron una forma de acercar su trabajo a otras personas. Venden directamente a clientes particulares a través de redes sociales, especialmente en Facebook, en la página «Tramando regiones», donde muestran sus productos y comparten parte de su historia.
En cada hilo, María Barroso deja algo de sí misma. Y en cada prenda, una historia que nadie quiere perderse.
