En su primera Misa Crismal, el Sumo Pontífice delineó los principios de la evangelización, enfatizando el servicio, la comunión y el rechazo a la imposición.
Durante la mañana del Jueves Santo, el Papa León XIV encabezó su primera Misa Crismal en la Basílica de San Pedro, en el marco de la Semana Santa. En su homilía, el Sumo Pontífice trazó los lineamientos de la misión cristiana actual, centrándola en el servicio y la comunión, y advirtiendo que la tarea de la Iglesia nunca debe realizarse de forma aislada ni rompiendo la unidad del cuerpo eclesial.
El sucesor de Pedro detalló lo que denominó los «tres secretos» para una evangelización auténtica: el desprendimiento, el encuentro y el rechazo. Respecto al desprendimiento, instó a los sacerdotes a abandonar la comodidad y abrazar el «vaciamiento» para renacer en cada nuevo comienzo. Al hablar del encuentro, señaló que el bien jamás puede surgir de la prepotencia o la soberbia, definiendo a los consagrados no como dueños, sino como «huéspedes» de las comunidades.
Finalmente, el Pontífice abordó la dimensión del rechazo, reconociendo que la misión conlleva momentos de incomprensión y aparente fracaso. Citando a San Óscar Arnulfo Romero, León XIV llamó a superar el miedo y la impotencia en lo que calificó como una «hora oscura de la historia», pidiendo a los presentes renovar su compromiso para difundir la paz y la esperanza.
