El cine argentino y uruguayo han encontrado históricamente puntos de encuentro, forjando una sensibilidad compartida que trascendía la mera cercanía geográfica. En las décadas de los 90 y 2000, ese diálogo se expresó a través de comedias secas y un realismo minimalista que retrataba la apatía y lo cotidiano, con films emblemáticos como ’25 watts’ y ‘Whisky’. Sin embargo, esa sintonía pareció desvanecerse con el tiempo, solo para resurgir con fuerza renovada en un género inesperado: el terror y lo fantástico.
Un nuevo puente sobre el Río de la Plata
Lejos de los planos fijos y el humor ácido de antaño, el intercambio creativo entre ambas orillas ha mutado. La conexión ya no se basa en la observación del desgaste diario, sino en explorar la fragilidad social y una percepción colectiva alterada por los eventos recientes. El paisaje rioplatense, tanto el urbano como el rural, deja de ser un mero escenario para convertirse en un personaje activo, a menudo hostil, donde el miedo se filtra en la tierra, el aire y las relaciones vecinales.
El hito de un nuevo horror
El punto de inflexión de esta corriente lo marcó ‘Cuando acecha la maldad’, del director argentino Demián Rugna, estrenada en 2023. La película planteó que la amenaza no es una entidad externa, sino algo que puede echar raíces en el campo abierto, en el polvo del camino y en la respiración del vecino. Este éxito consolidó una gravitación propia para el horror regional, demostrando que existía un suelo común fértil para narrativas de miedo arraigadas en lo local.
Procesar lo colectivo a través del género
En la estela de este fenómeno, directores con trayectoria en aquel cine minimalista han virado su mirada. Es el caso de Pablo Stoll, codescubridor de aquella ola, quien en ‘El tema del verano’ traslada su herencia al presente. La película utiliza la pandemia como anclaje temporal y afectivo para narrar la historia de tres amigas que cruzan el Río de la Plata cometiendo pequeñas estafas. El relato se desliza hacia lo inestable, donde la desconfianza y la conciencia del riesgo, aprendizajes colectivos del Covid-19, transforman lo cotidiano en una amenaza latente.
El entorno como fuente del miedo
Lo distintivo de este nuevo terror rioplatense es que el peligro no irrumpe de forma espectacular, sino que se filtra. Brota de tradiciones, rumores, conflictos sociales soterrados y memorias incómodas. Elementos tan cotidianos y simbólicos de la región como un termo o una bombilla de mate pueden mutar su función, pasando de objetos costumbristas a armas potenciales. Esta alteración de la normalidad es, en el fondo, el mecanismo que el género utiliza para procesar experiencias colectivas traumáticas y devolverlas como una ficción reconocible, pero inquietante.
Así, el cine de Argentina y Uruguay reencuentra su frecuencia común. Ya no en la inmovilidad y el diálogo lacónico, sino en la vibración de un miedo que nace del paisaje, se alimenta de la historia reciente y encuentra su expresión más potente en la transformación siniestra de lo familiar.
