Tras un extenso período de inactividad forzada por la pandemia y daños estructurales, la bodega educativa de la emblemática Escuela de Fruticultura y Enología de San Juan volvió a llenarse de actividad. El establecimiento, que no producía vino desde 2019, ha superado las dificultades y reinició el ciclo productivo con una nueva infraestructura y un renovado protagonismo estudiantil.
Recuperación de un espacio fundamental
La directora de la institución, Verónica Echegaray, explicó que la puesta en marcha trasciende lo meramente productivo. «Recuperar este espacio significa fortalecer de manera decisiva las prácticas profesionalizantes», afirmó. La última elaboración, realizada en 2019 en colaboración con un productor privado, había resultado en 40.000 litros de vino a partir de 50.000 kilos de uva. Sin embargo, los movimientos telúricos afectaron severamente las instalaciones, dañando vasijas y equipamiento, lo que sumado a la pandemia obligó a una larga paralización.
Estudiantes al frente del proceso completo
La novedad en esta etapa es el rol central que ocupan los alumnos. Según Juan Carlos Morandi, coordinador general de Enseñanzas Prácticas, la participación es integral: «Los estudiantes del ciclo superior llevan adelante todo el proceso, desde el cultivo en el campo hasta la elaboración y el embotellado final». Tras un año dedicado a la teoría, los futuros técnicos aplican ahora sus conocimientos de manera concreta.
De la teoría a la práctica: el testimonio de una futura enóloga
Julieta, estudiante de séptimo año, detalló las etapas del trabajo que están realizando. «Comenzamos con la vendimia en nuestro campo, luego trasladamos la uva a la planta donde se pesa y se inician los primeros procesos», describió. La joven explicó que, posteriormente, la uva pasa a la bodega para el despalillado, la molienda y su traslado a los tanques de acero inoxidable para la fermentación.
«Trabajamos con fermentación en tinto, lo que implica dejar las pieles y semillas para que el vino tome color», continuó Julieta. «Luego realizamos el descube y dejamos que el vino madure en los tanques antes de proceder al filtrado y al embotellado». Una de las experiencias más valiosas, según su relato, es la posibilidad de seguir la evolución del producto. «Lo venimos degustando desde el principio. Al inicio tiene un sabor más dulce y, con el tiempo, va aumentando el grado alcohólico hasta transformarse completamente en vino».
Proyección y equipamiento renovado
Para esta nueva etapa, la escuela proyecta una producción inicial de aproximadamente 24.000 kilos de uva, procesados con equipos modernos que reemplazaron a los dañados. La utilización de tanques de acero inoxidable marca una actualización en el proceso de elaboración. Este reinicio no solo simboliza la vuelta a una tradición formativa, sino que también consolida a la institución como un pilar en la formación de profesionales para una de las industrias más importantes de San Juan.
