Los proyectos de ley para aumentar las jubilaciones y mantener la moratoria previsional –cuyo veto fue ratificado por el Congreso– no llevaban el título de “emergencia” en la tercera edad. Pero quienes trabajan con adultos mayores sí la ven: el 70% de los jubilados inquilinos no llega a ingerir cuatro comidas diarias, y el 35,5% manifestó que apenas alcanza a cubrir una o dos. El dato surge del último informe de Inquilinos Agrupados, que mensualmente estudia las condiciones de vida de quienes tienen que alquilar. Entre ellos, los jubilados. Los que todavía pueden pagar un alquiler.
“Personas de la tercera edad en situación de calle hay muchísimas. Muchas con patologías psiquiátricas, con demencia senil. Algunos no tienen familia y quedaron en la calle. Otros sí la tienen, pero no se hacen cargo de ellos”, explica a PERFIL Mónica de Russis, directora ejecutiva de Amigos en el Camino, una ONG que brinda acompañamiento y ayuda a personas sin hogar.
Debido a la pérdida del poder adquisitivo de las jubilaciones, es una realidad que se ve cada vez con más frecuencia. “Hay muchísimos jubilados que están en riesgo de caer en situación de calle, que vienen a nuestra sede a pedir comida porque no les alcanza porque, o pagan los medicamentos o comen. Es desesperante”, lamenta De Russis. En 2024, según un documento publicado recientemente por el Observatorio de la Deuda Social de la UCA, las jubilaciones con bono cayeron un 14,8% interanual si se ajusta el valor por inflación. En 8 de los últimos 12 meses, además, los haberes con bono registraron bajas respecto al mes anterior.
La crisis de vivienda afecta incluso a quienes son propietarios. “No les alcanza ni para pagar las expensas, ni para pagar los medicamentos, ni para comer. Vienen con mucha vergüenza, llorando, con angustia, deprimidos. Te dicen: ‘Trabajé toda la vida para terminar así’”.
El problema es cada vez más grave, afirma Eugenio Semino, defensor de la Tercera Edad. “Los jubilados se endeudan para pagar las expensas, pero se siguen endeudando mientras pagan la cuota del crédito”. Muchos de estos casos terminan con el remate de la propiedad. “Es una preocupación con la que el jubilado se acuesta todas las noches. Hay una afectación en la salud mental. Hay mucho miedo de quedar en la calle”, asegura.
El paso que sigue es el alquiler. Pero el costo de un monoambiente puede representar hasta el 65% de una jubilación mínima. “Es verdad que ahora hay más oferta, se puede buscar más. Pero el alquiler de un monoambiente en una de las grandes ciudades cuesta al menos entre 250 mil y 300 mil pesos”, detalla el gerontólogo.
El informe de Inquilinos Agrupados releva casos de jubilados que no necesariamente cobran la mínima: aun así, en promedio, el alquiler insume el 48,8% de los ingresos. En términos generales, en los últimos meses, el 66% de los inquilinos hizo recortes en comida, el 64% en vestimenta y el 53% en salud. Por otro lado, el 14% de los jubilados admitió haber sumado una actividad laboral para poder solventar estos gastos. En 2024, de acuerdo con los datos de la Encuesta Permanente de Hogares analizados por el Instituto Argentina Grande, el 53,5% de las personas que se incorporaron al mercado laboral fueron jubilados.
La otra opción que crece es la del alquiler en pensiones u hoteles. “Ahí el alquiler cuesta un poco menos y no necesitás garantía, pero tampoco tenés ninguna garantía de que no te van a dejar en la calle por el retraso de un pago”, detalla Semino.
Es una realidad que se hace más evidente los días lluviosos o de frío. “Las oficinas se llenan. Vienen a nada en particular, a pasar el tiempo, a ver a qué comedor van a ir al mediodía”. No tener una vivienda afecta a otras áreas de la vida de los jubilados: la alimentación y la salud, y aspectos difíciles de medir. “No tienen un lugar de pertenencia en el que estar tranquilos, cosa que por ahí no pasa en la internación geriátrica”, afirma. La otra “solución habitacional” es recurrir a un geriátrico: tal como detalló PERFIL hace unos meses, cada vez más jubilados que están en condiciones de vivir solos se internan en estos hogares porque no pueden pagar un alquiler.
“Lo que vamos encontrando en la calle es tristísimo. Es tristísimo cómo se abandona a la tercera edad en situación de calle”, comenta De Russis. Entre las principales afecciones en la salud de los jubilados, explican tanto De Russis como Semino, están las derivadas de enfermedades como la diabetes: en su trabajo diario encuentran cada vez más casos de personas con amputaciones. No existen estadísticas específicas sobre el tema, lo que ya es un dato en sí: un documento elaborado por el Comité de Pie Diabético de la Sociedad Argentina de Diabetes destaca precisamente la carencia de información acerca de tasas de amputación y mortalidad relacionadas con esta enfermedad. Pero, para una persona en estas condiciones, la situación de calle empeora el panorama. “No se puede mantener la higiene de una herida en la calle y así evitar complicaciones como una infección”, afirma De Russis.
El acceso a la salud es otra de las dimensiones de la emergencia. De acuerdo con los últimos cálculos de la defensoría, un jubilado requería en abril un promedio de $ 260 mil mensuales para comprar sus medicamentos. Se trata del 67% de un ingreso mínimo contando el bono. En vivienda, también para abril, la estimación del mínimo necesario era de $ 245 mil. La jubilación mínima más el bono fue, en agosto, de $ 384 mil.
La reducción en la cobertura de medicamentos del PAMI al 100% complicó las cosas. “Los jubilados empiezan a ver cómo cubrir ese déficit. A no tomar el medicamento, en definitiva”, detalló Semino.
La defensoría planteará la inconstitucionalidad de los fundamentos del veto del Gobierno al aumento de las jubilaciones. “La gente está sola. No hay un acompañamiento de la sociedad como sujeto colectivo. Nadie observa con detenimiento esto, tal vez por el miedo a llegar a la vejez en estas mismas condiciones”.