sábado, 13 abril, 2024
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Dos intendentas, rivales en la carrera peronista

Es grande la tentación de reducir la interna peronista a una cuestión de varones. Sería imperdonable olvidarse del capítulo femenino. Desde que la paridad de género le impuso al Partido Justicialista el reparto de cargos equitativamente según el género, las mujeres también son protagonistas ineludibles. Dos intendentas asoman como rivales para la nueva conducción, cada una portadora de su propia historia y, fundamentalmente, su identidad política.

Desde Caucete, la ultrauñaquista Romina Rosas fue mencionada el pasado fin de semana por otra mujer de renombre dentro del peronismo, como la figura que impulsa el exgobernador para la vicepresidencia del partido. Es el cargo que actualmente ocupa la chimbera Daniela Rodríguez, máxima exponente del gramajismo.

Daniela podría aspirar a seguir como vicepresidenta del PJ, no tanto como aspiración personal sino como referente inequívoca de Fabián Gramajo. Ceder mansamente su lugar implicaría que los chimberos aceptaran achicarse. Hoy resulta impensable una actitud tan dócil, cuando el peronismo tiene todo por discutir tras la seguidilla de derrotas ocurrida el año pasado.

Cada vez con mayor frecuencia se repite en las mesas de café que el diputado veinticinqueño Juan Carlos Quiroga Moyano podría generar el consenso interno suficiente para convertirse en el nuevo presidente del partido. Desde que debutó en política en 2003 nunca perdió una elección. En 2023 incluso logró que la fórmula presidencial encabezada por Sergio Massa venciera a Javier Milei en su distrito, pese a la ola violeta que arrasó en el resto de la provincia.

Quiroga Moyano tiene otro atributo fundamental para los tiempos de reconstrucción que vienen por delante: siempre fue orgánico. Se llevó bien con José Luis Gioja y luego con Sergio Uñac sin acoplarse a la interna feroz que enfrentó a ambos líderes. Se mantuvo al margen de las zancadillas y hoy ese antecedente juega a su favor. Tiene los vínculos intactos con cada sector partidario. No muchos otros pueden exhibir ese activo.

Precisamente ese temperamento lo catapultó como jefe del bloque justicialista en la actual Legislatura. Conduce el bloque mayoritario. Es el interlocutor necesario del oficialismo orreguista.

El jueves pasado en Banda Ancha, Quiroga Moyano aseguró que las discusiones los llevaron a perder el gobierno. No quiso hacerse cargo de las versiones que lo ubican como prenda de unidad entre Uñac y Gioja para tomar las riendas del partido allá por septiembre. Pero los planetas parecen haberse alineado para que sea él.

Tiene, finalmente, una condición necesaria que hace factible su postulación: no representa una amenaza electoral para nadie. No tiene aspiraciones de dar el salto a lo provincial. No ambiciona una candidatura a diputado nacional para el año próximo ni mucho menos anotarse para la gobernación en 2027. Esa prudencia lo vuelve apto para esta etapa de transición.

Esto no significa que lo de Quiroga Moyano esté resuelto al ciento por ciento. Pero, paradójicamente, la presidencia del partido tendría un candidato relativamente fácil de consensuar. El problema se abriría hacia abajo. Si habrá lista de unidad, tendrá que compatibilizar los intereses de cada sector. Y ya no se trata solamente de conformar al uñaquismo y al giojismo. Aparecieron otros ‘ismos’ en el medio que reclaman su cuota en el reparto.

Es el caso de Gramajo. En 2020, merced a un acuerdo con Uñac, Daniela quedó como segunda autoridad del partido. Pero después la relación se fue enfriando. Los chimberos se anotaron en el sublema de Gioja y esa decisión dejó una cicatriz.

Con el respaldo de Fabián, Daniela ganó holgadamente la intendencia de Chimbas. Conservar el territorio les dio un sostén indiscutible. También se quedaron con la diputación departamental, a través de Gabriel Sánchez. Hoy tienen bloque propio para entenderse con el orreguismo con autonomía de lo que resuelvan Uñac y Gioja. No es poco.

La continuidad de Daniela en la vicepresidencia del PJ sería el reconocimiento a la cuota de poder de Gramajo. La pregunta es: ¿Uñac y Gioja están dispuestos a cederle esa posición simbólica después de todo lo que pasó?

En este contexto asoma la caucetera Rosas. Desde que comenzó la gestión de Marcelo Orrego, la intendenta del Este ha protagonizado varios momentos tensos con el gobernador. Es, a todas luces, la jefa comunal más temperamental en esta nueva etapa. Uno de los chispazos sucedió en torno del servicio de recolección de residuos en el Paraje Vallecito, que terminó contratando la provincia por fuera del municipio.

Rosas tiene línea directa con Uñac. Posiblemente sea la intendenta más identificada con el senador. Por eso no sorprende que su nombre figure en la grilla como eventual segunda autoridad partidaria. Si llegara a consumarse la jugada, será toda una demostración del uñaquismo encarnado en ella.

El giojismo tendrá lo suyo para decir. Por aquella cuestión de género, si busca competir por la vicepresidencia del PJ tendrá que impulsar a una mujer. Tiene varias en condiciones de postular, pero ninguna con poder territorial como Rosas. En política, los votos cuentan y mucho. Por eso Rodríguez puede entusiasmarse con permanecer otros cuatro años.

En entusiasmo sería un bien conyugal también. Gramajo sí tiene ambiciones para 2025 y para 2027. Retener la vicepresidencia del justicialismo para su espacio significaría una victoria en el largo camino hacia aquellas candidaturas. Falta mucho. O falta poco.

Hoy el foco está en las intendentas.


JAQUE MATE

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