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La trama del giro de Milei: del portazo de Santiago Caputo a la pelea que se viene con los gobernadores

Sin los votos, el Presidente decidió correr al Congreso del debate por el ajuste fiscal y arranca una semana decisiva para el programa económico. Cómo se gestó el plan y desde cuándo se sabía.

María Fernanda Alonso

28 de enero 2024, 12:18hs

Santiago Caputo, el negociador clave de la Ley Ómnibus impulsada por Javier Milei (Foto NA).

Santiago Caputo, el negociador clave de la Ley Ómnibus impulsada por Javier Milei (Foto NA).

“El cambio cultural no se toca. Yo no negocio mis ideales”. Las ínfulas de Santiago Caputo habían llegado con Federico Sturzenegger al departamento de Recoleta, que prestó un colaborador de Martín Menem, para empujar la Ley Ómnibus. Pero el asesor presidencial terminó empujando la puerta.

“Se fue. Habló como un chico caprichoso y se fue”, cuenta a TN uno de los pocos diputados de la oposición dialoguista que participó de la negociación reservada por fuera del Congreso. Caputo partió como llegó: con el cigarrillo apagado en la comisura del labio. Sin acuerdo por las retenciones y las jubilaciones, el Gobierno finalmente se fumó el paquete fiscal.

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“Ustedes tienen una minoría aplastante y nosotros estamos dispuestos a negociar. Pero hay que ‘masajear’. No queda otra. Cristina Kirchner te sacaba una ley en un día y no te dejaba poner una coma, pero tenía 150 votos, ustedes tienen 38. Cuando tenés una minoría tan aplastante, todos tienen poder de veto menos el Gobierno”, fue el planteo desde el PRO a los enviados de Javier Milei.

Era miércoles -el día del paro de la CGT-, el dictamen había salido aunque con disidencias. La negociación empezaba a complicarse más por la amenaza del Gobierno y en especial del ministro de Economía Luis “Toto” Caputo a los gobernadores de cortarles los fondos. “Ese no es ‘Toto’. Te juro que es un pan de dios”, decía un excompañero de Gabinete de Mauricio Macri. Hubo un tiroteo expuesto, hasta con el contorsionista de acuerdos Miguel Ángel Pichetto (Hacemos Coalición Federal), pero la guerra de trinchera fue feroz.

“Nos llamó una diputada por Chubut para avisar que el gobierno nacional acababa de sacarle 10 mil millones del fondo fiduciario a la provincia. Ves: ahí tenés un voto menos. Y acá los votos se cuentan de a uno”, advertía un negociador frustrado del PRO, el viernes al mediodía. “No sé cómo aguanta Guillermo Francos”, decía por el laborioso constructor del consenso de LLA. “Lo mandan a negociar y después hacen lo que quieren”, apunta.

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No es casual que el gobernador de Chubut Ignacio Torres haya sido uno de los primeros en celebrar el anuncio de Toto Caputo de retirar el paquete fiscal del Congreso. “Estamos dispuestos para un diálogo franco”, avisó en la ex Twitter.

El PRO chilla: acusa maltrato. Pidieron “masajear acuerdos”, recibieron “manoseos”. “Cortaron los remises y a cuatro diputados los están por desalojar porque Martín Menem no renovó los contratos de alquiler. Mientras que en toda la línea de sucesión de la Presidencia quedaron kirchneristas. Hasta el dictamen imprimieron mal. Sacaron uno que no era”, anotan al final de la lista. Lidera la furia por las formas, que es con ajenos y propios.

El iceberg del estilo M: la sorpresiva salida del ministro de Infraestructura Guillermo Ferraro con el argumento de que había filtrado información de la reunión de Gabinete. Es como acusar a un vegano de comer carne: Ferraro no habla con la prensa.

En la oposición dialoguista empiezan con los ejemplos y no paran. “Un secretario de gobierno se sintió intimidado por un diputado y llamó a un altísimo funcionario para que interviniera. Es una locura. Solo le dijo ‘che, boludo, fijate, con este artículo te van a romper el c…’. Nosotros cuando empezamos en política negociábamos con tipos que te ponían una pistola arriba de la mesa”, cuentan en el PRO.

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“En medio de la negociación, Nicolás Posse llamó a un diputado para decirle que el cargo que habían hablado, chau, no estaba más. Por qué no se lo dijo después de la sesión. No se entiende. Tampoco lo que hicieron con Quique Chiantore. Lo echaron sin avisarle y sin argumento”. Enrique era el superintendente de Servicios de Salud, ligado a Patricia Bullrich, que se enteró por el Boletín Oficial de que no tenía que ir a trabajar. “Estos tipos son como Calígula, te mandan a subir y te bajan a los dos días”, dicen en el PRO.

En el oficialismo leen las quejas contra Martín Menem como un intento de promover a Cristian Ritondo para la presidencia de la Cámara. El plan de Macri, que el Presidente ya rechazó. El viernes, Karina Milei respaldó a Menem con una foto en Diputados.

Los hilos alrededor de Milei los mueven Karina Milei y Nicolás Posse. Santiago Caputo y Sturzenegger acompañan los movimientos. “Ella siempre dice: ‘Yo soy así, si me hacés una te bajo la persiana’”, cuentan quienes hablan con la secretaria general y hermana del Presidente.

Las formas salen de la trinchera y juegan con fuego. “Se ponen de c… con los gobernadores, con los diputados, con los senadores, con la CGT, con los productores, con los petroleros. Pero ojo con los gobernadores no se jode. Hay que tener cuidado porque te hacen la gran rebelión fiscal”, advierten en la oposición dialoguista.

El Gobierno sigue firme: el ajuste fiscal y el déficit cero son innegociables. “Nosotros ganamos las elecciones con ese planteo y lo vamos a llevar adelante”, sostienen.

TN pudo saber que el jueves después de la reunión de Gabinete ya estaba tomada la decisión de retirar el paquete fiscal del Congreso. “Va a haber un anuncio importante”, le dijo a TN una alta fuente del Gobierno que no quiso precisar detalles, pero señaló: “No puede ser que las provincias no quieran hacer el ajuste fiscal. Tienen que hacerlo. Esto no tiene otra salida. No la hay. No hay plan B contra la inflación”.

Caputo hizo el anuncio el viernes a la noche. ¿Para demorar un día la reacción de los mercados? Los interrogantes son muchos y urgentes. Jubilaciones, retenciones, ganancias y las facultades delegadas que sobrevivieron en la Ley, que el oficialismo quiere aprobar el martes en Diputados.

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La oposición dialoguista avisa: “Después de este baño de realidad que sufrió el Gobierno, necesitamos un interlocutor con personería. Otra pegunta es quién va a pagar los platos rotos, pero eso ya es una cuestión de ellos”. Patricia Bullrich ofició el sábado de mediadora con los diputados del PRO.

El Presidente cumplió la mitad de los 100 días de gracia, pero hay facturas de diciembre. “Milei no la ve. Si armaba un gobierno de coalición nos tenía a todos adentro. Se quedaba con el PRO. Ahora somos todos más caros”, decía un diputado con fiebre de viernes por la noche. “Nosotros jugamos al fútbol con los pies. Milei entra y agarra la pelota con la mano”, dice desconcertado.

Pasó un mes desde que el Gobierno envió la Ley al Congreso y mañana, lunes, otra vez. El paquete fiscal vuelve a la Casa Rosada. “Toto” Caputo sumó Infraestructura y concentra la botonera del recorte. Para la oposición fue un revés del Gobierno, pero ni se acabó el león ni se murió la rabia.

El sociólogo alemán Hartmut Rosa, que escribe sobre “la aceleración” en la tardomodernidad, sostiene que la política lleva tiempo y que ya no es el marcapasos del cambio social. Dice que los sectores liberales conservadores impulsan la aceleración de los procesos tecnológicos y económicos y, que, al imponer una mayor velocidad que la que demanda la democracia, pueden liberarse de los controles del Estado.

Cuando la motosierra es grande y la agitas se te puede caer. La respuesta que empieza a escribirse es encima de quién.

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