domingo, 26 mayo, 2024
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Perfil de Pedro Acosta: el tiburón de Mazarrón devora su segundo título antes de debutar en MotoGP

«¿Chulito Pedro? ¡pero qué dice!, Pedro es la bondad personificada. Un trozo de pan bendito. Humilde como pocos, lo que pasa es que él dice así, de pronto, lo que piensa, no lo que quiere la gente. No tiene maldad alguna ¡pero si tiene 16 años! ¡no ven que es un niño!”

Faltan 20 minutos para que Pedro Acosta, padre de Pedro Acosta, hijo de Pedro Acosta, nieto de Pedro Acosta, pescador de bajura, de cerco, de pescado azul, de sardinas, boquerones, aballa, bonito y arenques, zarpe con su barca ‘Peretujo’, el apodo de su abuelo, del puerto de pescadores de Mazarrón (Murcia), el lugar donde vive, cómo no, el ‘tiburón de Mazarrón’, que es el más pequeños de los Pedro Acosta que existen, el piloto de 16 años, líder del Mundial de Moto3, la revelación del 2021.

A Pedro, de 48 años, y a su esposa Mercedes, de 46, y a sus hijas María del Mar, de 31 y Miriam, de 23, el hecho de que el pequeño de la familia haya revolucionado su mundo les tiene un poco alarmados. Porque ellos, hasta que el ‘tiburón’ se convirtió en el primer piloto en 72 años de historia del Mundial de motociclismo que se sube al podio en las primeras cuatro carreras de su carrera, es decir, en el debutante, en el novato, en el ‘rookie’ más brutal de los que han existido (tres victorias y un segundo puesto) les ha cambiado la vida o, como poco, el discurso.

Pedro Acosta, en el pesquero de papá Acosta. EL PERIÓDICO

El caso es que Pedro explica que a su Pedro pequeño, al fenómeno, al ‘tiburón’, a la réplica de Marc Márquez, ¡otro que tal!, no le gustaban las motos. “Yo me lo llevaba al circuito de Cartagena cuando iba con mi moto a hacer tandas y él, con cuatro añitos, no nos hacía ni caso”. Un día Pedro se presentó en casa con una moto china ¡de 150 euros! que había comprado para tentar a su hijo. “Y la compré sin saberlo su madre”.

Cuando Pedrito, con 5 años, llegó de la escuela y vio la moto se le iluminaron los ojos. Y papá le compró un casco. Y se lo llevó al descampado de un amigo, a dar vueltas. Después de un buen rato, el peque se detuvo delante de su padre y le dijo “papá, esta moto no va bien, no para de dar botes”. “Venga, venga, tira y sigue”, le dijo Pedro, el grande. Pero el niño volvió a detenerse al poco. “Que no, papá, que no va bien”. Pedro la miró y descubrió que el chasis se había partido en dos. “Que podías esperar ¡me costó 150 euros!”

Tras aquella mini experiencia, el ‘tiburón’ dejó de confiar en las motos y papá lo apuntó a taekwondo. Solo fue a una clase. El día de su estreno en taekwondo, Pedro Acosta regresó demasiado pronto a casa. “Pero ¿qué haces aquí, Pedrito?”, le dijo su padre. “Papá, yo no voy allí a que me peguen, ya me puedes borrar”. Y le borró. Y fue como.

Pero un día, papá volvió a llevárselo al circuito de Cartagena, justo cuando Paco Mármol, el gran ‘Pakote’, estrenaba su escuela de pilotos. Y el ‘tiburón’ decidió apuntarse. “Cuando vi que el primer día de clase, todos los niños tocaban con la rodilla en el suelo, me dije ‘mi Pedro no va a tocar nunca con la rodilla en el suelo’”. ‘Pakote’ se acercó a papá y le dijo “quédese, en cinco vueltas, ya está tocando con las rodillas en el suelo”. Y así ocurrió. “Todo para ti”, le dijo el pescador a Mármol. Hasta hoy. 

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