miércoles, 28 febrero, 2024
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La bicicleta de las cirugías que se posponen por falta de insumos y qué hace la gente para acelerarlas

“Al final fuimos por las nuestras: pusimos 4.000 dólares y la prótesis para la cirugía apareció enseguida. Dios sabe si la obra social nos devolverá algún peso”. La nota podría terminar acá, con este duro y realista testimonio de un hombre del interior que buscaba traccionar la dos veces pospuesta cirugía de su esposa, pero resulta que este mismo delay para operarse lo vienen transitando unos 5.000 pacientes, estiman en la Defensoría de la Tercera Edad, culpa de las trabas a las importaciones.

El foco en la salud, aun cuando en el sector calculan que sus necesidades solo representan el 2% de las importaciones totales de Argentina, no precisa mucha justificación. Posponer una cirugía puede poner en riesgo la vida de un paciente. Si no, se le puede preguntar a Eugenio Semino, defensor de la Tercera Edad, que recepciona este tipo de denuncias “ya desde hace tiempo, pero en especial en el último año, y más aún, en el último mes y medio”.

Con la intención de ampliar la información difundida este jueves por el periodista Jairo Straccia (Radio con vos), Clarín habló con Semino para entender si los damnificados a la espera de concretar su intervención quirúrgica son todos afiliados al Pami. Sin embargo, aclaró que “también son de obras sociales: gente joven que quizás precisa una reemplazo de cadera y la prótesis no se libera, o que requiere un estudio prequirúrgico -una videocolonoscopía, por ejemplo- para el que se precisan insumos puntuales que no aparecen”.

“Es muy difícil dar una cifra global de afectados”, dijo Semino, pero lo intentó: “Estimamos que son unos 5.000. Es un número muy dinámico porque cuando se resuelve un caso, capaz aparecen tres nuevos. Sin embargo, es lo que estamos estimando en base a las denuncias que recibimos y por lo que nos dicen en las propias instituciones de salud”.

Igual que con los otros temas que hoy asfixian al sistema de salud (copagos ilegales, farmacias que se niegan a aplicar descuentos), las demoras en las cirugías recaen en los hombros de los pacientes de un modo directo, lineal y sin mediación, con respecto a la crisis económica actual.

Esa crisis, en este caso, está encarnada en la falta de dólares, cuestión que tiene a los importadores de insumos de salud (entre otros rubros) en vilo, dada la deuda que mantienen con sus proveedores en el exterior. «Un lazo que se empieza a quebrar», se quejan.

Así, no importa si uno le pregunta a, 1) un importador de insumos odontológicos que trae de Corea las piezas que no se fabrican en la Argentina (limas específicas para tratamientos de conducto, resinas para caries, por ejemplo), 2) a un importador de prótesis de cadera que trae ese producto desde China, 3) a los propios pacientes que suplican que no les corran la fecha de la cirugía o, 4) al propio Semino… en todos los casos, la descripción será la misma: a través de una «bicicleteada», la fecha de concreción de la operación a realizar se pospone. Pero el que puede y decide pagar, avanza.

Cirugías reprogramadas

“Lo que nos dicen los pacientes es que tienen una fecha de cirugía, pero que en muchos casos se la van prorrogando y reprogramando, sin muchas explicaciones”, contó Semino.

Oscar Mendiz, director del Instituto de Cardiología y Cirugía Cardiovascular de la Fundación Favaloro coincidió en ese cuadro: “Problemas hay muchos. El más acuciante para nosotros ha sido la falta de líquido de contraste, por lo cual hemos reprogramado, en algunos casos, y también ha habido problemas de disponibilidad de algunas válvulas en medidas específicas”.

Martín Cisneros, médico especialista en Cardioangiología Intervencionista y presidente del Colegio Argentino de Cardioangiólogos Intervencionistas (CACI) sumó su testimonio: “Los problemas se ven principalmente en procedimientos estructurales, como implantes por vía percutánea de válvulas aórticas o endoprótesis para aneurismas de aorta, entre otros, en donde la demora es mucha. A veces, de varios meses”.

Agregó que, “con respecto a angioplastias programadas -para el tratamiento de las obstrucciones coronarias o periféricas-, en la entrega de stents la demora es variable. Y también es variable en las distintas provincias, ya que también depende del stock que las empresas proveedoras dispongan”.

Finalmente se refirió a las consecuencias: «El problema en la demora con los insumos cardiovasculares es el riesgo en el aumento de la mortalidad de los pacientes, no hay que olvidar que la principal causa de muerte en nuestro país y en el mundo es la cardiovascular».

Ese “patear para adelante”, como se decía arriba, no es muy distinto del que se vive en un lugar mucho más básico de la larga cadena de atención al paciente. Mientras hace unos meses los importadores sufrían trabas para conseguir autorizaciones de importación de la AFIP (las famosas SIRA), el problema, lejos de resolverse, solo se corrió de lugar.

Aunque las autorizaciones ahora fluyan, varias fuentes remarcan que el Banco Central y la AFIP, de uno u otro modo, obstaculizan los procedimientos. Puntualmente, la posibilidad de concretar los pagos a los proveedores en el exterior, lo que genera desfasajes preocupantes para los importadores, quienes trabajan con plazos muy precisos y anticipados, si quieren garantizar que la rueda comercial funcione.

Y esto es para garantizar stock a nivel local, un tema crucial, ya que cuando hay poco o no hay garantías de que se podrá reponer, la mercadería se retacea o se vende a precios muy elevados.

Al nivel del paciente solo se puede decir que queda entrampado: “Lo que hicieron fue ofrecernos una prótesis de rodilla más barata, de peor calidad, cosa que rechazamos. Todo llegó a un punto en que decidimos que lo teníamos que hacer y empezamos a hacer los trámites directamente con el proveedor, aun cuando ya habíamos perdido la fecha de la cirugía en el sanatorio y se vencían los prequirúrgicos”.

¿Cómo terminó la historia? “Entre tanta ida y vuelta, casi rogándole al proveedor, le dijimos: ‘Bueno, ¿pero qué problema tiene?‘ Y ahí dijo: ‘Es que estos productos son importados y se cotizan en dólares‘. Le dije que le íbamos a pagar de ese modo. Fuimos por las nuestras y pusimos 4.000 dólares por la prótesis. Desde ya, tuvimos que hacer todos los estudios otra vez y ponernos de nuevo en la cola para la cirugía”.

La trabada rueda de las importaciones

Las fuentes del mundo de las importaciones cuentan lo mismo: la AFIP ahora autoriza rápidamente la importación y les da una fecha estimada para la operación de cambio de divisas, esa instancia específica en que el Banco Central deberá venderle dólares al tipo de cambio oficial al proveedor, para que se pueda girar el dinero al proveedor correspondiente, que está en otro país.

Sin embargo, cuando todo parece andar sobre ruedas, algo en ese proceso se interrumpe: o la fecha de la operación desaparece del sistema o le llegan al usuario avisos de “inconsistencias”.

Puntualmente, las inconsistencias 46 y 47 de la AFIP, que reportan fallas en la documentación presentada. Una forma de demorar el trámite y patearlo para más adelante, coinciden las fuentes consultadas.

Por cierto, una de ellas precisó un dato interesante, y es que la deuda en dólares de los importadores de insumos de salud (dato que representa los requerimientos de unas 200 empresas) ni siquiera es enorme. Unos 140 millones de dólares.

Volviendo al nivel del paciente, a Semino le preocupan tres cosas. La primera es «todo se complica aún más por la propia disfunción del sistema. «A veces tenés el insumo, pero entonces ya no tenés al anestesista o un quirófano libre. Ahí es cuando el paciente muchas veces se va a pique”, agregó.

La segunda, que en este contexto, “el recurso humano va bajando los brazos”. La tercera: «La nueva normalidad en Argentina es la crisis. Todos los días caemos un escalón y armamos una estrategia de vida conforme a esa nueva normalidad: no tener insumos, pagar adicionales o que no te hagan descuentos”.

PS

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