sábado, 13 julio, 2024
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Calingasta, el lugar donde abundan las leyendas

Muchas de las leyendas que se gestaron en las entrañas del departamento cordillerano hoy viven gracias al “boca en boca”, y a que algunos historiadores tomaron registro de las mismas para que no mueran. Hay otras que se volvieron comentarios populares, secretos de pueblos y que solo sus habitantes más antiguos recuerdan.

Uno de los relatos populares que sobrevivió es la Leyenda de la Laguna de Cobre, transmitida en más de una oportunidad por el lugareño Renzo Herrera. Narra la historia de un secuestro de parte de un indio araucano de la Cordillera, quien un día sin aviso se llevó a la hija del cacique de Calingasta. Escapaban de noche y descansaban de día entre las cuevas y quebradas que ofrecía la montaña, para no ser atrapados. El cacique, enterado del secuestro de su hija, no dudo en enviar hombres para su rescate.

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El indio y la joven llegaron, en su huida, hasta los pies de la Laguna de Cobre (que se encuentra pasando la Cuesta de las Totoras, a 5.000 metros sobre el nivel del mar). Completamente exhaustos, decidieron descansar, durmiendo profundamente, sin poder escuchar a los hombres del cacique que los habían rodeados. Sorprendidos, trataron de escapar, pero fue en vano. El indio fue alcanzado por las flechas de sus seguidores, y la joven, quien se había enamorado de su captor, trató de ayudarlo, pero fue en vano.

Buscando una vía de escape, la joven intentó cruzar a pie la laguna, mientras el indio la seguía. El ojo de agua era tan profundo, que tras dar un par de pasos la joven desapareció bajo el agua, mientras su enamorado perdía la vida al recibir nuevos flechazos a la orilla de la laguna.

Quienes aun mantienen viva la leyenda advierten los riesgos de pasar la noche en la Laguna de Cobre, debido a que aun anda el alma en pena del indio que procura reencontrar a su amada, por lo que suceden “calamidades” a quien descansa cerca de la zona.

Otro maravilloso relato que tiene como escenario Calingasta es el de los forasteros convertidos en piedra en El Tontal, de Margarita Mugnos de Escudero. De acuerdo al relato, en la zona mencionada había una laguna, cuya dueña era una doncella de extrema belleza y encanto. Algunos campesinos aseguraban que el canto de la mujer hechizaba a cualquiera. Si bien nadie había sido testigo de ello, todos daban crédito de su existencia, asegurando incluso que a las orillas de la laguna se encontraban perlas maravillosas y riquezas inconcebibles.

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Tal fue la fama que recibió el lugar que un día, desde tierras lejanas, llegaron tres sujetos, con tres objetivos diferentes. El primero, joven y hermoso, dijo: “yo conquistaré a la bella encantada del lago”. El segundo, un hombre gastado por la vida intensa, afirmó: “yo recobraré con esa fuente la juventud y la fuerza”. Y agregó el tercero: “colmaré mi ambición, me haré dueño del ingente tesoro”.

Los lugareños trataron de convencerlos que llegar hasta el lago del Tontal era un peligro de vida, pero los forasteros no desistieron y emprendieron viaje. Pasaron los días, meses, años y los forasteros jamás regresaron. Tiempo después un campesino comentó que en la zona había descubierto tres columnas que a la lejanía eran semejantes a figuras humanas en la cumbre que cerraba el acceso al paraje. El sujeto estaba convencido que se trataba de los tres forasteros, quienes dominados por su soberbia habían sido castigados por la naturaleza, siendo petrificados y quedando en la zona, a modo de alerta a otras personas que buscaran quedarse con las riquezas del lugar.

Uno de los lugares más conocidos y populares de Calingasta es La Pampa del Leoncito, o Barreal Blanco. Su expansión maravilla a miles de turistas que pasaron por el lugar, y para esa zona los lugareños también tienen una historia.

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De acuerdo a la leyenda, en el lugar hace miles de años existió un gran lago, y a su alrededor se asentó una pequeña comunidad Huarpe. Ellos tenían un dios que descansaba sobre la Cordillera, llamado Hunuc-Huar. La zona, si bien presentaba beneficios por el agua, era hostil, por la presencia del viento constante y el barro que se formaba a la orilla del lago, lo que muchas veces dificultaba obtener agua. Esto hacía que la comunidad se quejara y reprochara a Hunuc-Huar por las condiciones en las que vivían.

Cansado de esta situación, el dios tomó una drástica decisión: el lago se secaría para siempre, convirtiéndose así en un extenso desierto. Pero eso no sería todo. El castigo también sería para los habitantes, a quienes convirtió en monte.

Los dichos populares dicen que durante las noches en el lugar puede oírse mezclado en el viento el llanto y lamento de los Huarpes que le piden a su dios perdón.

Varios son los relatos que encierra el departamento, pero uno de los que despertó mucha curiosidad en el pasado e incluso hay quienes aseguraron que no es una leyenda, sino una verdad a medias es la Leyenda del Tesoro de Osorio.

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Esta historia tiene lugar en el San Juan del Siglo XVI, cuyo protagonista es el capitán español Francisco de Paula Soria. Los registros documentales señalan su existencia, pero nada hay de su tesoro. El relato popular señala que él, acompañado de un lugareño, encontró entre las montañas una gran cantidad de oro puro, el cual comenzó a extraer con los nativos del lugar. Como debía viajar hacia Bolivia, dominado por su ambición, Francisco decidió ocultar su tesoro en las cercanías de Angualasto, asegurando que volvería por él.

Lamentablemente enfermó, y falleció; pero antes de hacerlo, se confesó a un sacerdote jesuita, brindando detalles sobre dónde se encontraba todo el oro que había escondido. La confesión fue conocida como “El derrotero de Soria”. Hay quienes aseguraban que el detalle de la ubicación del tesoro se encontraba en el Convento Santo Domingo, pero no hay registro de que esto así sea.

Muchos fueron los que escribieron e investigaron sobre el tema, confirmando que la mina de Soria existía realmente, al igual que el tesoro. Para otros, es solo una leyenda popular mezclada con algo de realidad. Incluso en 1954 se realizó una expedición en las montañas calingastinas, al pie del cerro Las Tórtolas, en la que participó el periodista y escritor Rogelio Díaz Costa, pero solo se encontraron restos de construcciones, nada de oro.

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Estos son solo algunos de los relatos que nacieron desde las entrañas el departamento cordillerano, pero no son los únicos. Hay varias leyendas que combinan misticismo con paisajes maravillosos como grandes protagonistas. Calingasta resulta ser una zona donde las riquezas no solo se encuentran en sus tierras, sino en sus historias, en su pasado cargado de cuentos populares que viven en la memoria de quienes nacieron y creciendo al pie de la Cordillera de los Andes.

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