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Ricardo Gil Lavedra y la historia de cómo hicieron el Juicio a las Juntas en 1985

“Si se pudo hacer en aquel momento, ¿cómo no se va a poder hacer ahora? La columna vertebral de la democracia es la ley”, planteó Ricardo Gil Lavedra, exjuez del Juicio a las Juntas de la última dictadura militar.

Lo dijo en el cierre de la presentación de su libro “La hermandad de los astronautas”, que narra cómo hicieron seis hombres en 1985 para juzgar y condenar a las cúpulas militares.

Lo escuchaban casi 1.000 personas, en el salón de actos de la Facultad de Derecho (UBA). Y en el escenario estaban tres exjueces del juicio a las juntas: Carlos Arslanian, Guillermo Ledesma y Jorge Valerga Aráoz, con la moderación del periodista Carlos Pagni.

“Traté de reflejar un aspecto que la gente casi no se pregunta: ¿cómo se hizo? ¿Cómo fue posible hacer el Juicio en 14 meses y dictar sentencia en menos de 60 días, después de terminados los alegatos?”.

Una pregunta que resonó fuerte en el auditorio, porque hay juicios, como el de Los cuadernos de las coimas que están elevados para hacer el juicio oral hace más de tres años y todavía no tienen fecha de inicio.

Gil Lavedra contó que en 1983 el juicio a los militares no estaba en la agenda de la Multipartidaria, que solo pedía los listados de los desaparecidos; ni en la del candidato a la presidencia del PJ, Italo Luder, quien avalaba la autoamnistía de los militares. “Pero Raúl Alfonsín salió de esa corriente, tomó la decisión y elaboró una estrategia sofisticada” para juzgarlos, dijo Gil Lavedra, actual presidente del Colegio Público de la Abogacía de Capital Federal.

“El juicio tuvo un diseño muy original”, reforzó Arslanián. Es que un grupo de asesores de Alfonsín, encabezados por Carlos Nino, había elaborado un esquema para que los militares se juzguen a sí mismos, y si no lo hacían, entonces intervenía la Cámara Federal que ellos integraban.

El juicio oral finalizó el 9 de diciembre de 1985, cuando Gil Lavedra, Arslanián, Ledesma, Valerga Aráoz, Andrés D’Alessio y Jorge Torlasco -los últimos dos ya fallecidos- condenaron a Jorge Videla, Emilio Massera, Roberto Viola, Armando Lambruschini y Orlando Agosti.

Guillermo Ledesma contó que el testimonio de Adriana Calvo de Laborde, que fue la primera sobreviviente en testificar y contar cómo desaparecían gente los militares y las torturas a que eran sometidos los detenidos, “nos empezó a mostrar el horror. Me impactó muchísimo su testimonio, tener a un hijo en un Ford Falcon”, dijo Ledesma.

Y agregó, que fue a él a quien se le ocurrió llevar las grabaciones del juicio en videocasettes a Noruega, por si había algún golpe militar, para que no dijeran que no tuvieron derecho a la defensa, como dicen ahora por el juicio a la señora”, dijo Ledesma, en referencia a Cristina Kirchner.

En ese sentido, Gil Lavedra señaló que “la política tiene que entender que a todos no conviene tener una justicia independiente. Y los jueces tienen que ser jueces, volver a determinadas prácticas, conductas”.

El periodista Carlos Pagni y los exjueces León Arslanián, Ricardo Gil Lavedra, Jorge Valerga Aráoz y Guillermo Ledesma, en el salón de actos de la Facultad de Derecho (UBA). Foto prensa Penguin Random House.

Hacia el final de la presentación del libro, el periodista Carlos Pagni les preguntó su opinión sobre la película “Argentina, 1985”.

Los exjueces aclararon que es “una ficción”, aunque no se privaron de cuestionar numerosos errores históricos, como la construcción de un falso perfil del exministro del Interior de Alfonsín, Antonio Tróccoli, así como la ausencia de una placa final con los indultos del expresidente Carlos Menem.

Además, los exjueces hablaron sobre el rol de los fiscales Julio César Strassera y Luis Moreno Ocampo. Y destacaron la importancia que tuvo la película para reactualizar la memoria sobre un juicio único en el mundo, que se estaba perdiendo en el olvido.

Entre los asistentes a la presentación del libro en la Facultad de Derecho estuvieron la exintegrante de la Comisón Nacional sobre la Desaparición de Personas (Conadep), Graciela Fernández Meijide; exfuncionarios del gobierno de Alfonsín, como su histórico vocero José Ignacio López y los exministros Horacio Jaunarena y Jesús Rodríguez.

También la actual secretaria de Legal y Técnica, Vilma Ibarra; el exministro Nicolás Trotta; la diputada Margarita Stolbizer, el legislador porteño Emmanuel Ferrario; el presidente de la Convención radical, Gastón Manes; el dirigente Guillermo “Willy” Hoerth, mano derecha del presidente de la UCR y gobernador jujeño Gerardo Morales; el presidente de la DAIA, Jorge Knoblovitz; el economista Pablo Gerchunoff, los escritores Eduardo Sacheri y Claudia Piñeiro -pareja de Gil Lavedra-; y el presidente de Poder Ciudadano, Hugo Wortman Jofre, entre otros.

Al inicio del acto, hablaron el decano de la Facultad de Derecho (UBA), Leandro Vergara; y el director editorial de Penguin Random House, Juan Boido, quienes destacaron la importancia del libro de Gil Lavedra.

Por su parte, Gil Lavedra contó que el nombre del libro, La hermandad de los astronautas, es una metáfora del fallecido juez Torlasco, “que parangonaba nuestra actividad con la de un grupo de astronautas, que debíamos hacer Justicia y forjamos un vínculo tan fuerte que se asemeja a una hermandad”.

Y en el libro amplió esa metáfora: “Despegamos y aterrizamos. Pudimos hacerlo. Fue como recorrer cientos de miles de kilómetros juntos. Y de regreso a casa nos quedó, para siempre, el vínculo que nos une”.

El encuentro anterior y la comparación de Ricardo Lorenzetti

La metáfora sobre la hermandad de los astronautas ya había sido comentada el mes pasado por el juez de la Corte Suprema, Ricardo Lorenzetti, cuando los cuatro exjueces del Juicio a las Juntas fueron homenajeados en la tradicional cena anual de Poder Ciudadano.

En esa ocasión, en un diálogo con la periodista Mónica Gutiérrez, los cuatro exjueces contaron sus experiencias. Gil Lavedra dijo que “estábamos obsesionados con el juicio y con poder hacerlo. Nosotros nunca habíamos hecho un juicio oral”. Y planteó que habían tomado la decisión de hacerlo “a la velocidad del rayo”, porque cuanto más tiempo pasara “podía pasar cualquier cosa. Para hacerlo, había que hacerlo rápido”.

Por su parte, León Arslanian recordó que el candidato peronista en las elecciones de 1983, Italo Luder, proponía durante la campaña electoral la vigencia de la Ley de Autoamnistía que habían dictado los militares. “Había mucha gente que no quería remover el pasado. Pero Alfonsín tuvo un gesto muy fuerte, de realizar este juicio”.

Luego Lorenzetti mencionó “una intimidad” que le había contado Gil Lavedra. “Ellos decían que eran una hermandad de astronautas, que decidieron encerrarse en una nave para no recibir tantas presiones. Pero yo creo que eran una hermandad de astronautas, por la altura de los ideales que tenían”, dijo Lorenzetti. Y destacó el coraje institucional de Alfonsín, la Conadep, jueces y fiscales que participaron en el Juicio a las Juntas.

“En aquellos años la división era profunda y no había tanta coincidencia en llevar adelante estos procesos. Fueron pocas personas que decidieron avanzar, con un altísimo nivel de incertidumbre. Y después del resultado, hubo avances y retrocesos. Pero podemos decir que esto forma parte del consenso, del contrato social de los argentinos. Empezaron unos pocos y terminamos todos juntos”, aseguró el juez de la Corte Suprema.

Y concluyó Lorenzetti: “Estamos abrevando en ese pasado para aprender. Con ese coraje institucional y humano podemos encarar los desafíos que tenemos que llevar adelante en la lucha contra la corrupción, contra el narcotráfico, con una clara separación de poderes. Nadie sabe ni piensa que está construyendo la historia. Pero si aprendemos de ellos, tal vez nos demos cuenta que podemos construir un Estado de Derecho en la Argentina”.

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