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Qatar 2022: un Mundial tan fastuoso como oscuro de la historia del fútbol

Muchas son las razones por las que es probable que este Mundial de Fútbol en Qatar sea recordado como uno de los más lujosos, pero también commo uno de los más oscuros de la historia, ya que se mezclan inversiones multimillonarias y extravagantes con las denuncias por graves faltas contra los derechos humanos, misoginia, homofobia, maltrato a trabajadores y corrupción.

Desde el inicio, la decisión de que el torneo se llevara a cabo en el estado árabe generó polémicas: Qatar no contaba con tradición futbolística y, además, sus altas temperaturas eran inviable desarrollar un partido de fútbol en junio-julio (fechas en las que se desarrollaron todos los mundiales de la historia). Sin embargo, en 2010, la FIFA anunció que Qatar le había ganado a Estados Unidos en la última instancia de elección para la sede del Mundial de 2022, a pesar de que el país del norte era el favorito entre los ternados. 

Lo que al principio fue visto por algunos como una oportunidad de integración entre Occidente y Oriente, pronto se convirtió en uno de los casos más escandalosos de corrupción en la historia del fútbol: medios europeos revelaron que el presidente de la Federación qatarí y titular de la Confederación Asiática de Fútbol, Mohammed bin Hamman, habrían pagado millones de dólares de coima a 30 miembros de la FIFA para asegurar un voto favorable para Qatar. 

A esa investigación se le fueron sumando otras que sumaban que dos integrantes del Comité Ejecutivo de la FIFA habrían recibido 1,5 millones de dólares en sobornos. 

A medida que la investigación avanzaba, más países y dirigentes de la FIFA, de Conmebol y de diferentes federaciones de fútbol del mundo eran detenidos e investigados.. En el caso de Argentina, los acusados fueron los exdirigentes de Conmebol Eduardo Deluca -ya fallecido- y José Luis Meiszner y los empresarios televisivos Hugo y Mariano Jinkis, Hernán López y Alejandro Burzaco.

En diciembre de 2010,  Joseph Blatter, presidente de la FIFA,  fue suspendido por el Comité de Ética de dicha institución. En total, unas 42 personas, entre dirigentes y empresarios, fueron señaladas como responsables de lo que de ahí en más se conoció como “El FIFA-Gate”. 

Sin embargo, las autoridades qataríes negaron las acusaciones y hasta afirmaron mediante un comunicado que “no se encontró evidencia alguna de que Qatar se adjudicase el derecho a organizar un Mundial de fútbol con métodos no éticos o por fuera de las rígidas reglas de asignación de la FIFA”.

Según  The Guardian, Qatar gastó casi 200 millones de dólares en el desarrollo de su candidatura para ser sede del Mundial 2022. Esta cifra es mucho mayor que las invertida por Estados Unidos: tan solo 5 millones. 

Pero este hecho fue solo el inicio de las particularidades que rodean a este mundial. Ya habiendo sido elegida como sede en turbias circunstancias, Qatar puso manos a la obra: debió realizar una fastuosa inversión de 6.500.000.000 de dólares en infraestructura, para recibir así a los 1.500.000 visitantes de todas partes del mundo que asistieron al evento (se calcula que son 40.000 los argentinos que viajaran a apoyar al equipo de Lionel Messi). 

En total son 8 los estadios construidos para celebrar la fiesta mundial del fútbol, entre los que se distribuyeron 15.000 cámaras de seguridad y que están equipados con una tecnología de refrigeración revolucionaria. 

Y es que el calor no solo un dato más: los mundiales suelen jugarse entre los meses de junio y julio, pero debido a las altas temperaturas de Qatar, que en esa época pueden ir desde los  40° hasta los 50° C – la fecha se movió a noviembre, algo totalmente atípico en la historia del evento. 

Pero la que quizás sea la sombra más oscura sobre la felicidad que el mundial puede desatar, sea que organizaciones defensoras de los derechos humanos, como Amnistia Internacional y Human Rights Watch, hayan cuestionado duramente en varias ocasiones la legislación rígida y ultraconservadora del país árabe, además de las condiciones de semi esclavitud a las que son sometidos sus trabajadores, la mayoría de ellos inmigrantes: Pakistán, Bangladesh, Nepal y Sri Lanka son algunos de los países que mayor cantidad de inmigrantes trasladan a Qatar, y constituyen la mayoría de sus 2,8 millones de habitantes.

Según el medio británico The Guardian, que fue uno de los primeros en investigar el tema, en 2021 murieron más de 6.500 trabajadores en Qatar. Durante la pandemia del coronavirus, el país asiático tuvo 161 mil contagios por Covid-19 y 257 muertes: de acuerdo a estos datos, se ha muerto más gente por el mundial que por el virus.   

Si bien la Confederación Sindical Internacional ha dicho que estas cifras son exageradas y que en el último tiempo han habido no pocos avances en materia de derechos humanos y condiciones laborales – “No es todo lo que hubiéramos querido ver en un sistema industrial maduro, pero son una base clave para la protección de los derechos de los trabajadores”, aseguraron desde la institución – lo cierto es que es que persisten en Qatar condiciones laborales de gran precariedad, que van mucho más allá que una discución por el nivel de las remuneraciones, o qué derechos y responsabilidades le caben a cada una de las partes.

Las principales causas de las muertes de trabajadores en Qatar están vinculadas a caídas de altura y accidentes laborales, ya que no se disponen medidas de seguridad acordes al riesgo de las tareas. Las jornadas son extensísimas, bajo temperaturas insoportables, y los trabajadores sufren maltratos y abusos (de todo tipo). Además de que perciben salarios bajísimos, que a veces son retenidos o incluso no son pagados por los empleadores, no existe el derecho ni a la huelga ni a la sindicalización, y si un trabajador renuncia puede ser encarcelado por el delito penal de “fuga”, o perder sus visas de trabajo.

Uno de los grupos más perjudicados por la situación de los derechos humanos en Qatar es la comunidad LGBT. El director del comité organizador de la Copa del Mundo, Nasser Al-Khater, aclaró que Qatar recibiría a los miembros de dicha comunidad que quieran participar del evento, pero exigió que “no haya demostraciones públicas de afecto” porque “están mal vistas”. Mientras las leyes de tolerancia y respeto hacia las diversidades sexuales y de género van logrando conquistas en muchas partes del mundo, en Qatar la homosexualidad está absolutamente prohibida y está penada con prisión. Y por supuesto, no se reconoce el derecho de las personas a ser inscriptas en su DNI de acuerdo a la identidad de género con la que se auto perciben.  

También el aborto está penado en Qatar. Según el artículo 316 de su código penal, “quien haga abortar a una mujer embarazada, ya sea administrándole medicación o por cualquier otro modo, podrá recibir una pena de hasta 7 años de prisión”. Y cualquier mujer que intente abortar sin necesidad médica puede ser encarcelada hasta 3 años. Solo se tolera el aborto en caso de riesgo de vida de la madre.  

La ley qatarí también pena con prisión el sexo extramatrimonial, el consumo de drogas y las apuestas. 

En suma, y más allá de la alegría futbolera y de lo que los partidos le deparen a los distintos equipos, lo cierto es que Qatar dejará en la historia de los campeonatos mundiales una página curiosa: la euforia de las hinchadas que aman genuinamente el deporte han convivido – y convivirán – durante varios días con el maltrato, la ausencia de garantías mínimas y hechos de corrupción. Tal es la forma en que la pasión puede imponerse, incluso, a la indignación moral. 

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