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Peregrinación a Luján: por qué es masiva aún cuando menos gente va a la iglesia

Esperan que revalide su condición de ser la manifestación de fe más grande del país.

01/10/2022 6:01

Actualizado al 01/10/2022 2:10

Con la peregrinación juvenil a Luján finalizan este fin de semana una serie de manifestaciones de fe en todo el país que vienen confirmando que los fieles siguen participando masivamente convocatorias religiosas después de dos años de restricciones sanitarias por la pandemia. Alentados por el buen clima, desde muy temprano muchos peregrinos comenzaron el recorrido de los 63 kilómetros desde el barrio porteño de Liniers hasta la basílica, en cuyas escalinatas el domingo, a las 7, el arzobispo porteño, Mario Poli, oficiará la misa central.

Por el interés detectado en las parroquias y las redes sociales en las últimas semanas, los organizadores creían que seguramente este año la peregrinación revalidaría su condición de ser la manifestación de fe más grande del país. Sin embargo, el hecho de realizarse en la región menos religiosa del país, donde los conflictos sociales y la famosa grieta se viven con mayor intensidad (la Iglesia y el Papa suelen ser muy criticados), generaba interrogantes.

Precisamente, las divisiones en la sociedad preocupan a muchos fieles, al punto de que el ruego por la unidad de los argentinos figura entre las principales intenciones que los fieles escribieron en el cuaderno de visitas de la basílica de Luján en los últimos meses. Y como cada año el ruego mayoritario es tomado para el lema de la peregrinación, el de este es: “Madre: míranos con ternura, queremos unirnos como pueblo”.

Los antecedentes de las últimas convocatorias son halagüeños. Ya se había percibido en la Semana Santa, en abril, una importante concurrencia a las celebraciones. En julio, la tradicional peregrinación al santuario de Itatí, en Corrientes -que muchos hacen a caballo o en carros- para el 122º aniversario de la Coronación de la Virgen tuvo una asistencia superior a las anteriores, lo cual sorprendió a los organizadores.

Peregrinación Juvenil a Luján. El cronograma donde estará la imagen de la Virgen.

Otra muy tradicional manifestación de fe, la procesión del Señor y la Virgen del Milagro, en Salta, hace quince días, revalidó su condición de ser una de las más concurridas del país. Además, los grupos de peregrinos que bajan de los cerros sumaron 170 luego de que hace pocos años eran 60. Dos fines de semana atrás, la 42º Peregrinación Juvenil a la Basílica de Itatí también tuvo una asistencia masiva.

Aunque no llegó a la cantidad de devotos que hubo en 2016, cuando la Iglesia reconoció las apariciones y coronó a la Virgen del Rosario de San Nicolás, una multitud participó el domingo pasado de la festividad y confirmó los niveles de asistencia habituales. Pero no solo las advocaciones marianas congregan multitudes. La festividad de San Cayetano, el 7 de agosto, también fue muy concurrida.

En una época en que la gente es renuente a movilizarse, la masiva concurrencia a las celebraciones religiosas adquiere mayor relevancia. La explicación de que hay un deseo de congregarse tras dos años de encierro por la pandemia no convence a muchos analistas. En cambio, sí creen que la angustia por la situación económica podría ser un motivo de mayor asistencia.

Unas 400 mil personas participaron de la procesión a San Nicolás el domingo pasado. Foto Juan José García

Algo es seguro: no es el clero el factor convocante, sino la fe. Y particularmente lo que congrega son las manifestaciones de la llamada religiosidad popular. Ciertamente, los escándalos por los abusos sexuales cometidos por miembros del clero impactan como también el fenómeno global de una cultura muy refractaria a lo religioso.

En Salta, un conflicto entre el arzobispo y una congregación de monjas con eje en la devoción a la Virgen del Cerro -más varios escándalos sexuales- provocó una menor asistencia a misa. Más aún: un obispo le dijo a Clarín que en el AMBA la asistencia a misa tras la pandemia se recuperó en un 60 %. O sea, aún no volvió al templo el 40 %.

Además, las religiones viven un proceso de “desinstitucionalización”: los fieles se relacionan directamente con Dios y no observan muchas de las premisas doctrinarias, particularmente en materia de familia y sexualidad. Acaso la expresión “creo en Dios, pero no en los curas” sea la traducción popular de este fenómeno.

Algo es seguro: aunque menos visto en perspectiva histórica -las encuestas reflejan una leve suba de la increencia- y a su manera, el pueblo argentino -y aquí hay que incluir a las principales religiones- sigue siendo mayoritariamente religioso.

MG

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