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La emotiva despedida de Newell’s a Maxi Rodríguez, su mejor jugador en dos décadas

Había que estar. Hay fidelidades que sólo pueden pagarse con más fidelidad. O con amor. Por eso había que estar. Ahí, en la locura del Coloso Marcelo Bielsa, en la olla a popular futbolera del Parque Independencia, en la casa donde nació Maxi Rodríguez, uno de los tantos hijos pródigo, el que vio desde la elite de Europa que su Ñuls estaba jodido con el descenso y se volvió cuando allá aún cotizaba, vino para dar una mano, para ser campeón, para volver a la gloria, para sufrir, luchar y para vivir esa locura de ser de NOB. ¡Cómo no iban a estar en la última función en vivo de La Fiera! Explotó el estadio en el partido ante Banfield y Maxi se quebró, lo disfrutó y tuvo el cierre que soñó, con su gente.

Fue la noche de Maxi y sólo Maxi. Desde temprano se vieron chicos con carteles de agradecimiento, caretas de La Fiera, banderas y, claro, el canto de guerra para demostrarle a ese chico que debutó en 1999, y que ya no pararía más, que todo el sacrificio vale. Y vale lo más importante: vale un amor incondicional. Y el ídolo entró con sus hijas Alma y Aitana, las abrazó, las besó, lloró, se tocó la camiseta sagrada, mostró el emblemático 11, el número que estuvo guardado mientras él estuvo en el Viejo Continente. Hubo placas de Newell’s, de la Liga Profesional, de Banfield… En la tribuna, mamá Claudia, la que le hacía achicar la ropa del fútbol porque el nene era muy chiquito, la que fue madre y padre, fanática de Newell’s, la que le pasó la locura en la sangre, la que se emocionó porque formó a uno de los jugadores más importantes de la historia del club, con 94 goles en 286 partidos, cuatro Pichichi histórico de la Lepra. No es poco…

Maxi levanta los brazos (Fotobaires).

Maxi Rodríguez en su último partido (Fotobaires).

Maxi Rodríguez en su último partido, ante Banfield (Juan José García),

Los inicios

Pasaron 22 años desde que Rodríguez entró en un partido ante Unión en lugar de Fabricio Fuentes. Una vida. Un título Mundial con un Sub 20 que desplegó un fútbol impresionante con Saviola, D’Alessandro, Nico Burdisso, Ponzio… Tres Mundiales en la Mayor, con el golazo a México en octavos de Alemania 2006, el penal a Holanda para jugar la final en Brasil 2014… El Espanyol de Barcelona, el Atlético de Madrid, el Liverpool… romperla en Europa pero con un ojo en su lugar en el mundo, en Rosario, en su Newell’s… cuando lo llamaron porque el club estaba al borde del colapso y a punto de irse al descenso, no lo dudó: volvió. Prefería estar en la trinchera y pelearla a lamentarse toda la vida por no habérsela jugado por el club que ama.

Pasó de todo. Hasta tuvo que cruzar el charco para irse a Peñarol porque tenía la cabeza quemada. Pero quería retirarse en NOB. Lo soñaba. Y regresó. Hace unos días llegó la noticia que nadie quería escuchar. “Me vacié por completo, ya no tengo más nada para dar. Me voy tranquilo, di todo, estoy agradecido al fútbol en general”, anunció La Fiera. El pibe que vio al Ñuls de Bielsa campeón en el 91 en las tribunas de la Bombonera, el que lloró con la final de la Libertadores en el 92 ante San Pablo, el que fue campeón con el Tata, el que decidió manejar el rumbo de su carrera por la pasión a los colores más que por contratos suntuosos, ahora un hombre de 40 años, le dijo adiós a su gente, chau al Parque Independencia, al Coloso Marcelo Bielsa, a la locura leprosa.

Maxi con sus hijas y sus compañeros (Juan José García).

Su partido

Apenas el árbitro Mauro Vigliano pitó el inicio del partido, Maxi se metió en el juego. Tuvo una en un rebote que agarró de zurda, pero se interpuso Alexis Sosa. Luego tuvo una clarísima que definió por abajo y Facu Cambeses se la tapó. Siguió un tiro libre prometedor que terminó en las manos del arquero de Banfield.

En el segundo tiempo, jugó hasta los 11 minutos, cuando fue reemplazado. Lo abrazaron todos, hubo fuegos artificiales, aplausos y mucha locura en el Bielsa. Maxi besó el césped, lloró se cubrió la cara con la camiseta y hasta el juez Mauro Vigliano lo felicitó. El “Maxi, Maxi, olé, olé, olé” retumbó en todo Rosario y él devolvió tanto homenaje de amor.

El homenaje continuó al final del partido. Con la familia y los jugadores con una camiseta que decía “Gracias Maxi”, las luces iluminándolo. Volvió a lagrimear, la gente no se iba del Coloso. Y entonces sus compañeros lo levantaron por el aire. Con abrazos repetidos y la emoción a full. Después, una vuelta olímpica por los cuatro costados. El crack volvió a secarse las lágrimas. Nadie, pero nadie se fue hasta el final.

“La verdad es un momento muy difícil para hablar. Se me vienen muchas cosas a la cabeza, de cuando yo empezaba, todo el esfuerzo y mi sacrificio… Le quiero agradecer a mi familia, que siempre me apoyó. Pasamos momentos duros y ellos siempre estuvieron, querían que cumpliera el sueño de jugar en Primera División. Después a toda esta gente maravillosa. Esto es único, me voy con esta foto que no me voy a olvidar nunca”, dijo al ser presentado por Pachu Peña, fana de la Lepra, para todos los hinchas. Y luego mostraron un video en su homenaje y entonaran el himno nacional por los altoparlantes.

Nunca te olvidarán, Fiera.

La salida de Maxi

La salida de Maxi Rodriguez (Fotobaires).

La salida de Maxi Rodriguez.

La salida de Maxi Rodríguez (Juan José García).

La salida de Maxi Rodríguez (Juan José García).

Maxi siguió el partido en el banco (Juan José García).

Junto a Nacho Scocco.

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