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En Netflix, El poder del perro apunta a los Premios Oscar

Primera película de Jane Campion en doce años, la directora de La lección de piano y Top of the Lake adaptó El poder del perro, la novela de Thomas Savage de 1967 y bien puede decirse que la hizo propia. No porque filmó en su tierra, Nueva Zelanda, que se hace pasar por Montana, al noroeste de lo EE.UU.

¿Es El poder del perro un western? Sí, por dónde transcurre, pero es más un drama. Familiar o no, es otro cantar.

Es 1925, y hace 25 años que los rancheros Phil y George Burbank (Benedict Cumberbatch, popular por encarnar a Doctor Strange, y Jesse Plemons, de El irlandés y Judas y el Mesías negro, en el papel que iba a hacer Paul Dano) manejan un rancho en Montana. Mal, se ve, no les va. Aunque son abiertamente distintos, con solo mirarlos uno advierte que la tirantez es más que latente.

Benedict Cumberbatch es Phil, un ranchero rústico con algún trauma no resuelto. Foto Netflix

Phil es más rústico, habla a los gritos, hace el trabajo pesado, viste siempre de cowboy y no utiliza la tina del baño, sino que prefiere bañarse desnudo en el río. George viste de traje y se dedica a los negocios, por eso se ausenta bastante: va a la ciudad.

Pero el día que arranca la película están los dos al frente del arreo de ganado. Llega la noche y paran en una hostería que regentea la viuda Rose (Kirsten Dunst, esposa de Jesse Plemons en la vida real, en el rol que iba a hacer Elisabeth Moss, que se bajó por conflictos de fechas con The Handmaid’s Tale) junto a su hijo adolescente, Peter (Kodi Smit-McPhee, de La carretera, con Viggo Mortensen, excelente).

Benedict Cumberbatch y Jesse Plemons, los actores de “Doctor Strange” y “El irlandés”, cabalgando por Montana (es Nueva Zelanda). Foto Netflix

Phil hará algo que molestará al sensible Peter, pero eso no es todo: George le anuncia que se casará con Rose, por lo que la viuda y su hijo se mudarán con él a la casona en el medio de las colinas, donde Phil suele ver una figura, allí donde nadie ve nada.

Un western sin balazos

Campion le escapa al encorsetamiento del western, porque prefiere contar una historia de miserias, recelos, temores y amor. Tampoco es que la neozelandesa, que ganó el León de Plata en el reciente Festival de Venecia a la mejor dirección, dé todo por sentado. Ritmo pausado, diálogos preciosos, lacónicos. Y, para ser un western, las cosas no se resuelven a los balazos. No hay -no se ve- violencia física. ¿Crueldad? Psicológica.

Kirsten Dunst, de “El Hombre Araña”, reemplazó a Elisabeth Moss, que tenía conflictos de fechas con “The Handmaid’s Tale”. Foto Netflix

La trama tiene varios vericuetos, o tal vez haya que decir que los vaivenes son de los personajes. Phil cambia, de la noche a la mañana, y si antes bardeaba a su nuevo sobrino, ahora le enseña a cabalgar y quiere hacerlo “hombre” (Peter tiene aspecto andrógino y es centro de burlas por los cowboys, que le dicen “mariquita”).

Si el desarrollo de la trama evoluciona, avanza, las elipsis -Campion suprime algunos acontecimientos en la linealidad temporal del relato- permiten jugar con la imaginación del espectador, al no darle todo en bandeja.

Tensión a caballo. Kodi Smit-McPhee (“La carretera”, con Viggo Mortensen) es Peter. Foto Netflix

Algunas características de los personajes -más que nada de Phil y de Peter- serán llenados por el público. Ya lo verán.

Porque, si no, tal vez no comprendan la resolución que Campion da a la película.

Phil Burbank es un tipo de pocas pulgas, cruel, pero también ambiguo. Foto Netflix

Cumberbatch, que acaba de ser premiado por el Círculo de Críticos de Nueva York por esta película -al igual que Jane Campion y Kodi- es tan ambiguo como estupendo. El suyo es un personaje a descubrir, que esconde más de lo que bravuconea. Inexorablemente el desarrollo nos lleva a centrarnos desde el sillón de casa -no estrenó ni lo hará en cines en la Argentina- en Phil y Peter.

George no es que esté desdibujado. La frase que mejor lo define se la dice a Rose: “Sólo quiero decir… Qué bueno es no estar solo”, pero es claramente un soporte a la historia. Y Rose pudo tener un desarrollo más potente que mostrarnos que se oculta para beber disimuladamente y esconde las petacas entre las sábanas.

Peter (Kodi Smit-McPhee) esconde mucho más que lo que dice. Foto Netflix

El poder del perro tiene varios momentos construidos como mojones. No importa que las secuencias estén separadas por números romanos, ya que en una puede haber más de un hecho relevante que trascenderá lo anecdótico.

Los personajes de Campion reprimen mucho lo que sienten, y Phil no es la excepción. Hay algo erótico, sexual entre él y Peter, y la ausencia de sus padres, algo que está allí para quien quiera advertirlo. Y las disputas entre Rose y Phil pueden dirimirse, por ejemplo, en un duelo impensado entre piano y banjo.

“El poder del perro”

Muy buena

Drama/Western. EE.UU./Nueva Zelanda, 2021. Título original: “The Power of the Dog”. 126’, SAM 16. De: Jane Campion. Con: Benedict Cumberbatch, Kirsten Dunst, Jesse Plemons, Kodi Smit-McPhee. Disponible en: Netflix.

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