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De Etta James a Miles Davis, la exquisita música de Mad Men

Con siete temporadas emitidas entre 2007 y 2015, Mad Men, la serie creada por Matthew Weiner devino uno de los mayores clásicos de la nueva era de oro del género. La transformación radical de la publicidad acompañando la emergencia del pop y la contracultura en los 60 resultó en una de las mejores historias jamás contadas por la televisión con una reconstrucción de época impar.

Los años de la serie que van desde mediados de los 50 hasta principios de los 70 se espejan en la música que cambia con la misma virulencia que la forma de vender. Pero en el principio, el estilo Mad Men está cifrado por el jazz en todas sus formas: desde el envase que sirve para seguir explotando la figura de Marilyn Monroe a la revolución de Miles Davis. Lo que sigue es una guía Madison Avenue del jazz según pasan las temporadas.

“Moonglow” (Benny Goodman, 1936). El soundtrack de Mad Men se remonta a la era de oro del swing representado por dos grandes orquestas: la del trompetista Glenn Miller y la del clarinetista Benny Goodman. “Moonglow”, compuesta por Will Hudson en 1933, se convirtió en un standard del jazz a partir de esta versión instrumental que Goodman grabó con una formación de cuarteto legendaria: Teddy Wilson (piano), Gene Kruppa (bateería) y Lionel Hampton (vibráfono). El contrapunto entre la sonoridad tenue del clarinete y los golpes evanescentes de Hampton crea una atmósfera nocturna, ensoñada, eterna.

“C’est Magnifique” (Cole Porter, 1953). Nacido en Indiana en 1891, Cole Porter transitaba los últimos años de su vida para cuando se suceden las primeras escenas en la agencia Sterling & Cooper y la actividad de la avenida Madison se transforma radicalmente. Para entonces ya se había convertido en uno de los mayores compositores del siglo XX con aportes mayúsculos al songbook del jazz y el musical de Brodway. Esta versión instrumental de “C’est Magnifique” que se escucha en la serie la compuso para el musical Can-Can. En la película de 1960 la interpretarían Sinatra y Shirley McLaine.

“Manhattan” (Ella Fitzgerald, 1956). Una de las mayores voces del jazz, Ella dedicó todo un álbum a las canciones compuestas por Richard Rodgers y Lorenz Hart, un dúo tan importante para el género como Porter. El nombre de la canción es explícito, una oda a la Gran Manzana que es el escenario central de la serie. Fitzgerald la grabó acompañada por la orquesta de Buddy Bregman y el álbum recibió en 1973 un Grammy especial otorgado a los discos con más de 25 años que tenían una calidad histórica. Pasó el doble de tiempo desde entonces y, obvio, cada día canta mejor.

“I’m Thru With Love” (Marilyn Monroe, 1959). ¿Quién es más Marilyn en Mad Men? ¿Betty Draper o Joan Holloway? Habría que entrar en una especulación entre los rasgos físicos y el perfil psicológico de dos de los personajes femeninos centrales de la serie, pero lo cierto es que el fantasma de la Monroe sobrevuela la serie y la incluye en su soundtrack. La corta vida de Marilyn lo fue aún más en la música: algunas canciones en películas como Los caballeros las prefieren rubias (1953) y La adorable pecadora (1960) y un par de simples. “I’m Thru With Love” es la cara B de “I Wanna Be Loved By You”. Claro que podía cantar la rubia, más cerca del susurro de Chet Baker que de la elocuencia arrolladora de la Fitzgerald. Un ícono pop en la recta final del jazz tradicional.

Miles Davis

“Blue In Green” (Miles Davis, 1959). Los cambios en la mentalidad de la época se reflejan en la revolución que supuso para el jazz la salida del álbum Kind of Blue que Miles grabó en dos sesiones históricas de diez horas en marzo y abril de 1959, en el estudio del sello Columbia de la calle 30. Acompañado por John Coltrane (saxo), Bill Evans (piano), Paul Chambers (contrabajo) y Jimmy Cob (batería), el trompetista dejó grabada una bisagra en el siglo de la misma profundidad que supuso la aparición de Picasso para la pintura. La idea de sofisticación que anhelan los protagonistas de la serie y que también la constituye como ficción (lo de entretenimiento se queda muy corto aquí) se espeja en esta nueva música clásica.

“Concierto de Aranjuez” (Miles Davis, 1960). Otro cameo estelar de la trompeta de Davis en el soundtrack de la serie está en su interpretación de “Concierto de Aranjuez” incluida en el álbum Sketches of Spain que marcó una línea transversal entre el jazz y la música clásica. Davis también hacía suya aquí la música de Manuel de Falla inaugurando una corriente conocida como third stream (tercera corriente). Como suele ocurrir con los artistas revulsivos, la adaptación que el jazzman hizo de la música culta ibérica defraudó a propios y extraños: fue recibida con frialdad por la crítica de la época y Joaquín Rodrigo, autor de “Aranjuez”, hizo público su disgusto con la versión.

“Trust In Me” (Etta James, 1960). Este estilo de blues jazzeado es el núcleo de un subgénero pop al que se refiere como música Mad Men y que tuvo en la trágica Amy Winehouse su figura definitiva. Ya era vintage cuando Etta, una influencia decisiva en Janis Joplin, la grabó para el álbum At Last! y la metió en el top 30 haciendo un uso virtuoso de la nostalgia con una melodía cuyos orígenes iban treinta años atrás. El pop cambiaría luego la percepción del tiempo: la música que se grabó hace treinta años puede hoy ser más novedosa que la estrictamente nueva.

Etta James

“There Will Never Be Another You” (Bud Powell, 1961). Sobre una melodía original del carismático Chet Baker, el pianista Bud Powell grabó este instrumental para el álbum A Portrait of Thelonius, su tributo a otro pianista: el decisivo Thelonius Monk. Powell fue una de las figuras salientes del be bop y formó parte del Modern Jazz Quartet, punta de lanza de la renovación del jazz en los 50. Transitó la vida con dificultad, entre la esquizofrenia, el alcoholismo y una tuberculosis que terminó con su vida en 1966.

“Fly Me To The Moon” (Julie London, 1963). Esta versión del standard que globalizó Sinatra fue editada en el álbum The End Of The World, uno de los pocos en los que la belleza clásica de la actriz-cantante no es explotada como pin up girl (un repaso de sus tapas la muestra como una Rita Hayworth de piernas largas entre el jazz y el pop). La London no era inglesa sino californiana y brilló como actriz entre los años 50 y fines de los 70 cuando interpretó a la enfermera Dixie McCall en la serie Emergency! (1972-1979), un hito de la anterior era dorada del género en la TV abierta. Su voz se escucha también en la serie inglesa The End of The Fucking World, aunque el estilo cocktail de esta “Fly Me…” la acercan más a los brazos de Don Draper que a un amor adolescente disfuncional. Su estilo y look bien pudieron inspirar la fantástica reconstrucción de época de la serie.

Astrud Gilberto

“Agua de Beber” (Astrud Gilberto, 1965). La irrupción de la bossa nova le dio al jazz una nueva vida en los primeros sesenta. Ese maridaje la convirtió en la música emblemática del modernismo sudamericano y los discos de Joao Gilberto o, en este caso, su mujer Astrid no eran extraños en las discotecas de los creativos de la avenida Madison sedientos de novedades en un frenesí snob que pronto los tendría tomando LSD. Pero esa es otra historia. Con “Agua de Beber” se cierra el hardcore Mad Men cuyo sonido indiscutido es el del jazz.

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