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Lo que dejó la derrota ante Real Madrid: el salto que se deben Messi y Barcelona en las grandes citas para alcanzar algún título en la temporada

La última vez que Barcelona transitó por el desierto de dos temporadas seguidas sin títulos fue entre 2006 y 2008, los últimos de Frank Rijkaard, antes de que llegara Pep Guardiola y cambiara la historia moderna del club catalán. Ahora, tras un curso pasado en blanco, cerrado con el bochorno del 2-8 ante Bayern Munich, Barcelona y Lionel Messi parecen revitalizados y competitivos, aunque sin la mano pesada que distingue a los campeones en las grandes citas, las que a veces inclinan una campaña para un lado o hacia el otro.

Algo de esto se vio en la derrota por 2-1 ante Real Madrid. Barcelona dejó escapar la posibilidad de superar en el primer puesto al Atlético de Madrid. La caída frenó un sprint con 15 victorias y tres empates; no caía desde el 5 de diciembre, ante Cádiz, cuando atravesaba por sus días más confusos y el líder Atlético de Madrid estiraba una ventaja que llegó a los 13 puntos y parecía indescontable. Pero Barcelona fue reaccionado de la mano de Messi, con el juvenil Pedri como revelación, con la evolución de Dembelé y De Jong, las atajadas de Ter Stegen, más algunos destellos de Griezmann y un positivismo que se hizo colectivo.

Cerca de convertir el primer gol olímpico en su carrera

Del repaso surge que quizá al equipo le falta oficio y madurez, la piel dura y la confianza ciega del campeón. En las grandes citas de la temporada se quedó corto: por la Liga perdió los dos clásicos ante Real Madrid y el partido de la primera rueda ante el Atlético de Madrid; en la final de la Supercopa de España no pudo con el Atlhetic Bilbao y un Messi nervioso se fue expulsado por un manotazo a un rival, en una caída por 3 a 2 con goles de Griezmann. En la Champions League fue vapuleado por Paris Saint Germain en el Camp Nou, y si bien salvó su honor futbolístico en el desquite, nada le quita el lamento de lo que podría haber pasado si Messi no fallaba un penal antes del final del primer tiempo. El rosarino había izado un rato antes la bandera de la ilusión con un golazo desde fuera del área. Otra vez, un sabor agridulce.

Benzema empieza a festejar su golazo de taco, el primero de Real MadridManu Fernandez – AP

El sábado próximo, Barcelona y Messi se tomarán una pausa en la Liga de España para atender el compromiso de la final de la Copa del Rey ante Athletic Bilbao, que en el descalabro de los calendarios que provoca la pandemia perdió hace poco más de una semana la final de Copa del Rey 2020, en el clásico con Real Sociedad. No es el título más trascendente al que aspira Barcelona en épocas de bonanza, pero ahora no está para andar eligiendo. Una coronación sería un bálsamo.

El clásico ante Real Madrid lo devolvió a las tribulaciones. Si Messi no renueva contrato con Barcelona en junio y busca nuevos rumbos, en su mochila se llevará la distinción de ser el goleador histórico ante Real Madrid que atrapó hace ya siete años, una eternidad, pero también cargará con la extraña e inédita sequía que lo envuelve desde hace tres temporadas. A la espera de las conversaciones que mantendrá con el nuevo presidente, Joan Laporta, el futuro inmediato dirá si lo de este sábado fue lo último de Messi en los clásicos o si habrá más capítulos de una rivalidad que lleva más de 15 años en primera división.

Todo se le hizo muy pesado a Messi en su paso por Valdebebas. Desde la camiseta y la remera térmica que se cambió en un momento, empapadas por el diluvio que caía, pasando por su peor racha histórica sin goles ante Real Madrid, y terminando por la derrota 2-1 en el clásico que pone en pausa la frenética persecución de Barcelona al Atlético de Madrid.

Koeman terminó enojado al final por un supuesto penal no sancionado de Mendy a BraithwaiteJAVIER SORIANO – AFP

El fútbol depara este tipo de paradojas: una parte de la grandeza de la carrera de Messi en España está cimentada en su condición de goleador histórico del clásico, con 26 tantos en 45 encuentros, por delante de los 18 de Cristiano Ronaldo y Alfredo Di Stéfano. Al mayor verdugo de Real Madrid hace rato que se le escapa la presa, le resulta esquiva. La perdió tanto de vista que suma siete cotejos consecutivos, casi de tres años, sin convertirle un gol, desde un 2-2 en mayo de 2018, en el que fue el último clásico de Cristiano Ronaldo. Su peor registro desde los seis partidos sin festejos personales entre marzo de 2014 y abril 2017. También le está costando contribuir en otra faceta en la que suele ser decisivo, la de las asistencias; ninguna salió de sus pies en los últimos 12 tantos de Barcelona a Real Madrid.

Sin el aporte determinante de Messi, a Barcelona se le empinan los clásicos: cayó en los últimos tres y desde que dejó de marcar solo se impuso en dos de los siete. Messi alcanzó el récord de Sergio Ramos –lesionado, espectador desde la platea- como el futbolista con más clásicos disputados (45), aunque no le quedó nada para festejar.

La lluvia y el frío de Madrid se hicieron sentir

Al final del partido, se saludó con Marcelo, adversario de tantas batallas, antes de meterse en el vestuario. Para el N° 10 habían quedado atrás 90 minutos de querer y no poder, de insistir y fallar en sus siete intentos al arco. La vez que estuvo más cerca fue por la vía que nunca sumó en sus 734 goles oficiales entre Barcelona y el seleccionado. En su carrera, Messi marcó de zurda, de derecha, de cabeza, con el pecho y hasta con la mano, sin que lo advirtiera el árbitro; de jugada, tiro libre y penal, pero nunca lo hizo con un córner olímpico. Casi lo consigue a los 42 minutos del primer tiempo, con una ejecución desde el banderín de la derecha que superó el salto de Courtois y dio en el segundo palo. El arquero belga también le atajó un tiro libre y le tapó una definición dentro del área chica.

La falta de eficacia de Messi en un día tan especial contrastó con sus buenos números en la temporada: 29 goles –Pichichi en la Liga con 23- y 13 asistencias en 39 cotejos oficiales. El 2021 lo muestra encendido: 17 festejos en 14 juegos.

Messi, maniobrando entre Militao y Lucas Vázquez; Real Madrid le cerró los caminos al N° 10JAVIER SORIANO – AFP

Real Madrid ganaba 2-0 antes de la media hora, con un golazo de taco de Benzema y un tiro libre de Kroos que se desvió en Dest. Los dos entrenadores habían dispuesto formaciones titulares con un retoque conservador. Zidane puso a Valverde por Asensio para custodiar las subidas de Alba, si bien el volante uruguayo metió un gran contraataque en el gol de Benzema; Koeman eligió al zaguero uruguayo Araujo –no pudo con Benzema en la definición y cometió el foul del tiro libre del segundo gol-. pasó a De Jong al medio y Griezmann empezó en el banco.

A los 14 minutos de la segunda etapa descontó Mingueza. En un campo pesado, Zidane cuidó piernas para el desquite del miércoles ante Liverpool por la Champions League; sustituyó a Kroos, Vinicius y Benzema. En el último minuto fue expulsado Casemiro y el juvenil Moriba estrelló la última pelota en el travesaño. Koeman, enojado, dejó plantado a un periodista por no coincidir con él en un supuesto penal no sancionado de Mendy a Braithwaite en el final. Ya no llovía. Real Madrid alcanzó a Atlético de Madrid –este domingo visita a Betis sin Suárez ni Llorente- y Barcelona quedó a un punto. El pronóstico para la definición de la Liga sigue siendo reservado.

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