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Racing se quedó con el clásico de Avellaneda con polémica

copa de la liga profesional

La Academia le ganó a Independiente en la última con un penal inexistente que Copetti cambió por gol.


El aburrido clásico entre Racing e Independiente se definía con una pelota parada o con un error garrafal. Sucedió lo segundo, aunque el que falló de manera escandalosa fue el árbitro Mauro Vigliano, que en el último minuto cobró un penal inexistente de Sergio Barreto a Iván Maggi que Enzo Copetti cambió por gol. Y no fue todo: unos minutos antes le había mostrado una segunda amarilla a Nery Domínguez y no lo expulsó. Por mucho que después Vigliano diga que la amonestación fue para otro jugador, la falta clara fue del marcador central. Así ganó Racing, que jugó muy mal en la primera parte y mejoró un poquito en el segundo. Pero fue “ayudado” por Vigliano.

Las formaciones, los jugadores que saltan a la cancha, suelen ser mensajes que mandan los entrenadores. También los esquemas tácticos elegidos. Y algo -o mucho- de lo que pasó en el Cilindro entre Racing e Independiente se podía presumir por los futbolistas que fueron titulares. Se habló en la semana del miedo a perder y de las consecuencias que dejaría una derrota. Pues bien, el clásico de Avellaneda se jugó para no perder en vez de para ganar. Y el que cayó por goleada fue el espectáculo, el producto, especialmente por lo que regalaron en el primer tiempo. Un dato que grafica: 16 de los 22 jugadores que fueron titulares eran de corte defensivo. Sí, apenas 3 por lado de los ofensivos (Chancalay, Lovera y Copetti; Menéndez, Romero y Palacios).

Jugaron muy mal Racing e Independiente, aunque existió una clara diferencia: el Rojo sabe a lo que juega. Se paró de contra el equipo de Julio César Falcioni, que observó el duelo desde su hogar por Covid. Suele pararse de contra el Rojo y no le va mal. Entonces no sorprendió que le dejara manejar el balón al local y que por varios pasajes no lo presionara. Aguantar e ir a buscar las espaldas de los defensores rivales sin que la pelota pasara por el medio fue el plan. Y le costó enganchar a los defensivos con los tres atacantes al visitante, pero siempre se mostró más peligroso. En los últimos minutos inquietó y tuvo la más clara en un mano a mano de Menéndez con Arias, tras una mala entrega de Kevin Gutiérrez, pero el delantero erró por milímetros la definición al palo derecho del arquero.

Y Racing, qué decir. Cuesta entender a qué juega. Por momentos se parece mucho a un equipo sin trabajo el de Pizzi. Uno de los mensajes que mandó el DT fue ubicar al lateral Eugenio Mena de volante por izquierda. Chancalay, en tanto, fue mediocampista por derecha. Lovera ofició de enganche y Copetti quedó solo arriba. Fue 4-4-1-1 el cauteloso dibujo de la Academia, que jugó refugiado cerca de Arias. Pero no hay conexiones en Racing, no existen las ideas. La pelota va a un costado y desde ahí sale el centro para el delantero. Ni siquiera sorprendió con la incorporación de algún volante al área. Así, manejó el balón sin claridad el local. E incluso perdió un par de balones fáciles en la mitad de la cancha que le pudieron costar caro.

Salió con otra actitud Racing a jugar el segundo tiempo. Siguió sin una idea clara, pero se paró unos metros más arriba. Fue un poquito más ambicioso. Los cambios de Pizzi también fueron señales. Y mejoró la Academia, al mismo tiempo que Independiente se quedó. Empezó a generar peligro con pelotas paradas. Dos veces terminó dentro del arco Copetti, aunque en ninguna de las dos fue acompañado por la pelota. En la primera, un córner de Lovera desde la derecha, le erró a la pelota en las narices de Milton Alvarez, que evidenció falencias en los envíos por arriba; en la segunda, córner de Lovera desde la izquierda, el atacante anticipó al arquero y la pelota se fue besando el palo. Fue la más clara del juego.

Tardó Independiente en hacer modificaciones. El ingreso de Alan Velasco era antes. Por eso aplaudieron los dirigentes del Rojo cuando Picolli lo llamó para ingresar. Se había quedado sin piernas para las contras el visitante y lo recuperó con Velasco, que en un par de corridas demostró que tiene pasta. Y que no se achica en los partidos grandes.

En los instantes finales los dos jugaron para empatar. Iba camino a eso el duelo. Pero apareció Vigliano, en su noche fatídica. Se olvidó de expulsar a Nery Domínguez y le regaló un penal a Racing. Poco le importó a Copetti y a los dirigentes académicos que estaban en la cancha. El mismo arco, el mismo último minuto del juego para ganarle al clásico rival. El 9 de febrero fue Marcelo Díaz el que festejó y ahora Copetti se vistió de héroe. Porque sí, Racing ganó otra vez de manera agónica.

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