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La fuerte acusación de la madre de Karina ”La Princesita”, sobre el padre de la cantante: ”Me apuntaba con un revólver en la cabeza delante de los chicos”

Cuando Karina “La Princesita” decidió que estaba lista para responderle a las críticas que había recibido durante años y, también, a hablar sobre hechos dolorosos de su vida, le dedicó varios párrafos a la relación con su papá, Leandro Tejeda. “Mi mamá terminó internada por los golpes que recibía. Crecí con mucha vergüenza. Compañeros míos de colegio fueron testigos de algunas situaciones, quizás entraba mi papá como loco a decirnos cosas graves o muchas veces mi mamá después de ser golpeada entraba toda ensangrentada a buscarnos al colegio”, fue una de las anécdotas que rememoró a principio de 2019. Este miércoles, su madre, Mónica Cuello fue la encargada de revelar otros de los hechos violentos que vivió la cantante durante su infancia.

Entrevistada por Ángel De Brito en Los Ángeles de la mañana, Cuello recordó: “El papá de Karina me apuntaba con un revólver en la cabeza delante de los chicos y le preguntaba: ‘¿La mato o no la mato?’. Ellos lloraban, eran muy chiquititos. Son cosas que son grosas para una criatura. Me culpé mucho tiempo por no haber salido antes, pero la violencia de género opera así. Soporté piñas, patadas, estar en el piso con mi bebé protegiéndolo, y sentir las patadas. Aún hoy sufro de dolor de cadera. Yo no entendía cómo alguien que me decía que me amaba me hacía algo así”.

La mujer explicó, de todos modos, que no sentía miedo por la integridad de su hija. “Por Kari, yo me sentía segura porque sabía que su papá la amaba. Él la defendía y era su reina. Ezequiel, no”, contó.

De todos modos, recordó un hecho que tuvo a la cantante como víctima: “Un día, él le pidió un vaso de gaseosa y como la sirvió en el mismo vaso con el que estábamos cenando, él se enojó. Le dijo: ‘¡Vos me traés este vaso sucio!’. Ella le había llevado el vaso y la botella, que era retornable. Y le revoleó la botella, que era de un plástico duro, y la parte del pico le pegó en la espaldita a Kari, que tenía 10 años. Lo que hice fue preguntarle por qué con ella, le dije que yo me aguantaba todo, pero con los chicos no. Ellos se fueron al comedor, estaban con miedo, y les dije que hasta ahí había llegado. Les propuse que si se querían ir conmigo, nos íbamos, y si no, yo me quedaba con ellos”.

Con respecto a cómo comenzó su relación con el padre de sus hijos, rememoró: “Yo fui criada por mis padrinos, no por mis padres. No estuve de novia mucho tiempo. Lo vi solo una vez, y cuando me vieron con él, que tenía barba, pensaron que era un hombre grande y me echaron de mi casa. Fui a dormir a una plaza durante varios días”.

“Me casé a los 18 años porque él lo decidió. Lo que yo pensaba era que alguien se estaba ocupando de mí. Después de la primera pelea, fui a contarle a mi mamá, que me dijo: “Cuando una se casa, tiene que aguantar lo que sea”. Ella también tuvo un marido golpeador, y lo naturalicé. Soporté 11 años”, continuó.

Cuello recordó, además, el día que decidió decir basta. Fue el 24 de enero de 1996. “Yo me fui una noche a la 1 de la mañana con los chicos gracias a un remisero que, pobrecito, veía lo que pasaba. Él me resguardó en la remisería y me dijo: ‘Yo la llevo, pero usted tiene que ir a hacer la denuncia, sino, no cuente conmigo’. Mi madrina, además, me dijo que ya no quería verme golpeada y me ofreció que la próxima que pasara algo así fuera a su casa. Me abrió la puerta, y aunque él venía con el revólver a acosar a mi tía, siguió protegiéndonos”, explicó Cuello.

A su vez, también quiso dar un mensaje para quienes atraviesan situaciones similares: “Me gustaría decirles a las mujeres que pasan por esto que no se callen. Que, por favor, pidan ayuda. Cuando yo salía a la calle, creía que era invisible; no quería que me vean. Hoy por suerte la gente se involucra”.

En relación a cómo es hoy su relación con Tejera, expresó: “Hoy, gracias a Dios, el papá de mis chicos está bien y tenemos buena relación. Mi casa está abierta para todo el mundo. No soy nadie para perdonar, solo agradezco haber salido de todo eso”.

LA NACION

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