Dudas de pandemia: “Si hubiera…”, “resiliencia”, y posesivos mal usados

El aporte cuarentenal esta vez no tiene que ver con nuevos términos y variantes de vocabulario. Hoy vamos a hacer foco en tres dudas que se repiten mucho en este tiempo de monotema. No paramos de pensar en posibles escenarios futuros, todos buscamos la mejor manera de atravesar la cuarentena y no dejamos de mencionar síntomas que involucran distintas partes del cuerpo.

Nota del redactor: los ejemplos fueron tomados de la realidad y el asterisco (*) sirve para señalar una forma incorrecta.

El terreno de la hipótesis

En épocas de incertidumbre abundan los análisis y con ellos las frases con “si” que siempre plantean el interrogante sobre la forma verbal que lo acompaña.

Para expresar una condición, usamos “si” seguido de presente y futuro del indicativo. No se trata de una hipótesis, sino más bien de enunciar algo que está previsto que suceda: “Si la curva de contagios aumenta más de lo esperado, vamos a dar marcha atrás con la flexibilización”. En este caso, podemos emplear la expresión “ir + infinitivo”, como en el ejemplo, u optar por el futuro imperfecto: “… daremos marcha atrás con la flexibilización”.

“Si hubiera un brote en un edificio, también lo aislaríamos”, fue una declaración de esta semana. Aquí se expresa un hecho eventual o posible que se enuncia con el imperfecto del subjuntivo, esa forma que tiene dos terminaciones: anara/ase, temiera/ese, saliera/ese. Como sugieren idea de futuro, las proyecciones y deseos se formulan de esta manera: “Si pudiera salir, me iría a tomar un café a un bar”; “si hubiera acuerdo con los bonistas, no caeríamos en default”. El error más temido y cada vez más común consiste en reemplazar el subjuntivo por el condicional (“-ría”). Detrás del “si” no podemos poner un verbo terminado en “-ría”. Estos mismos ejemplos, fueron reproducidos esta semana con ese error y llegaron los “si *habría” y “si podría” que son siempre combinaciones incorrectas.

La resiliencia, con dos “i”

Cómo sobrellevar este encierro preventivo es un tópico permanente. Todos intentamos cooperar con consejos, tips e interpretaciones para encarar la incertidumbre. La “resiliencia” -que se define como la capacidad de superar la adversidad, de enfrentar una situación traumática y salir fortalecido- se convirtió en un concepto infaltable en estos discursos para sostener el ánimo. Muchas veces leemos y oímos *resilencia, sin la segunda “i”, y vuelve la duda. Para eso va la aclaración con este agregado: el adjetivo derivado es “resiliente” también con las dos “i”.

Posesivos: “Tiene una molestia en el brazo”

Hace pocos días, el ministro de Salud se hizo estudios en un sanatorio porteño. Con la información, llegó la descripción del síntoma: “Presentaba una molestia en *su brazo izquierdo”. El abuso del posesivo es un problema recurrente en las noticias. “Mi, tu, su” resultan necesarios en algunos casos, pero en otros sobran. “Le robaron *su auto”, ese “su” es redundante y debe ser reemplazado por “el”. ¿Por qué? Porque lo esperable es que a uno le roben el auto de uno. De no ser así, habría que aclararlo: “Le robaron el auto de su padre”.

El colmo del abuso del posesivo se da con las partes del cuerpo. Si bien no es frecuente oír “me duele *mi cabeza”, muchos creen que es correcto usar este determinante cuando se trata de la tercera persona: “Recibió un disparo en *su brazo derecho”, “se retocó *su rostro”, “tiene un esguince en *su tobillo izquierdo”. En títulos de deporte, belleza y policiales es muy habitual encontrar este error. Bueno, hay una forma de evitarlo: no hay que usar adjetivos posesivos para nombrar las partes del cuerpo. Para ser claros, a nadie le duele la cabeza de otro y nadie recibe un tiro en la pierna de otro ni se opera la cara de otro. “Recibió un disparo en el brazo derecho”, “se retocó el rostro”, “tiene un esguince en el tobillo izquierdo”, sirve recordar estos ejemplos para poner el artículo donde antes estaba el posesivo.

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