El “paraguas sanitario”: el refugio que armaron Alberto Fernández y Horacio Rodríguez LarretaPolítica 

El “paraguas sanitario”: el refugio que armaron Alberto Fernández y Horacio Rodríguez Larreta

A pesar de los temporales que los mojan desde diferentes puntos cardinales, Alberto Fernández y Horacio Rodríguez Larreta lograron mantener una relación cordial, protegida por el paraguas de la política sanitaria. Habitantes de espacios políticos enfrentados, hablan varias veces por semana, e incluso hasta tres o cuatro veces en el mismo día, y se consultan todas las definiciones relevantes en la política del combate contra el coronavirus​. El vínculo es una novedad para la política argentina, e incluso es difícil de encontrar en otras naciones con historias institucionales más estables que la que existe en este país.

El jefe del Gobierno porteño logró comprobar la singularidad de esa relación el viernes pasado, cuando mantuvo una larga charla a través de zoom con el alcalde de Madrid, a quien conoce desde hace largo tiempo. José Luis Martínez-Almeida, un dirigente del Partido Popular le confesó cuántas conversaciones había tenido con el socialista Pedro Sánchez​, el presidente del Gobierno español, desde que comenzó la pandemia. “Hablaron cero veces”, dice Rodríguez Larreta haciendo un círculo con sus dedos índice y pulgar para hacer más gráfica la ausencia de diálogo político entre dos funcionarios de partidos distintos en uno de los países donde más pegó el coronavirus.

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¿Qué fue lo que hizo posible ese vínculo? El Presidente dijo alguna vez que fue el “enemigo invisible” de la pandemia. La idea hace recordar lo que ocurrió a principios de la década del ‘90, cuando Carlos Menem impulsó una serie de reformas radicales en el Estado y también en la economía argentina. En esos años, los analistas políticos decían que esos cambios no tuvieron la resistencia social y política que se esperaba por el “efecto disciplinador” que tenía el recuerdo fresco de la hiperinflación de finales del gobierno de Raúl Alfonsín​. Era tan grande el temor a la inestabilidad económica que tenían la sociedad y la dirigencia de esos años, que incluso los opositores a Menem prefirieron dejarlo hacer cosas con las que no estaban de acuerdo para no socavar su fortaleza en el gobierno.

Es posible que ese temor a la enfermedad haya permitido esta suspensión de la disputa entre el Presidente y su opositor más encumbrado, pero también hay otros factores que ayudan a mantener la línea de diálogo entre ellos. El motivo más fuerte es que el kirchnerismo no quiere que esa relación exista.

Bastó una crítica pública de Cristina Kirchner ​para que, uno tras otro, funcionarios de la provincia de Buenos Aires e intendentes hicieran fila para castigar el producto del vínculo entre Fernández y Rodríguez Larreta: la política contra el coronavirus en la Ciudad de Buenos Aires.

El Presidente buscó cortar esos ataques armando una foto fuera de agenda en Olivos con el Jefe de Gobierno, pero eso no alcanzó. El Jefe de Gobierno habló con Kicillof -con quien conversa incluso más veces por semana que con el Presidente- para pedirle explicaciones, pero los cortocircuitos siguieron, con lo cual Rodríguez Larreta quedó convencido de que la habilitación para el castigo había llegado desde la vicepresidencia de la Nación.

En la Casa Rosada prefieren minimizar las diferencias con los dirigentes más identificados con Cristina, a pesar de que muchos de ellos ya dieron varias muestras de que tienen el peso como para instalar discusiones en la agenda pública que en el Gobierno prefieren evitar.

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Algo de eso se pudo ver este jueves, cuando el Presidente desmintió en Formosa la intención oficial de “quedarse con las empresas”. Lo cierto es que la declaración llegó 18 días después del tuit en el que la diputada Fernanda Vallejos propuso al Estado “participar en el capital” de las empresas que recibieron aportes públicos para pagar los sueldos mientras dure la crisis por la pandemia y la cuarentena.

¿Es Vallejos una legisladora que participa de las decisiones relevantes que se toman en el Gobierno? No, de ningún modo. Pero no sería el primer proyecto estrafalario del kirchnerismo que surge de usinas impensadas. Por eso es que aquella propuesta, que corrió durante días y días con más aplausos que críticas oficialistas, generó temores entre los propios empresarios, muchos de los cuales decidieron retirar sus pedidos de ayuda.

Ese kirchnerismo, que enarbola propuestas maximalistas en una situación económica más delicada que cualquiera de las que pudieron haber transcurrido en las presidencias de Néstor y Cristina Kirchner, es el que bombardea cada vez que puede la alianza entre el Presidente y el Jefe de Gobierno. Rodríguez Larreta también tiene que lidiar con sus propios censores en Juntos por el Cambio. Juró no responderles, movido por el sentido práctico. “Si somos una fuerza que quiere ser mayoría, tenemos que convivir con las diferencias internas. Que cada uno piense lo que quiera”, explica a los suyos.

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