Cómo se vivió en Murphy la final de la Champions: emoción, orgullo y ovación para Pochettino a pesar de la derrotaDeportes 

Cómo se vivió en Murphy la final de la Champions: emoción, orgullo y ovación para Pochettino a pesar de la derrota

Dicen que cuando Unión y Cultura alcanza los cuartos de final o una instancia superior de la Liga Venadense, en Murphy “se puede robar tranquilamente”. Aunque el Celeste no jugó ayer, el pueblo revalidó esa suerte de broma con la que definen su pasión por el fútbol y se volcó a seguir bien de cerca a sus hijos pródigos Mauricio Pochettino y Paulo Gazzaniga en la final de Liga de Campeones que se jugó en el Wanda Metropolitano de Madrid.

La frase entrecomillada la recordó Claudio, primo del DT de Tottenham, en la charla post partido. Acompañado por su hija, el entrenador del único club de la localidad santafesina vio en su casa la derrota de los Spurs mientras la sede cobijaba a pocas cuadras a más de 200 personas frente a la pantalla gigante colocada para la ocasión.

Salah convirtió el primer gol de penal y las manos viajaron sin escalas a las cabezas de los murpenses. Foto: JUAN JOSE GARCIA

Mirá también

Newsletters Clarín

Lo que tenés que saber hoy | Las noticias más importantes del día para leer en diez minutos

De lunes a viernes por la mañana.

Recibir newsletter

No faltó quien recibiera como un baldazo de agua fría la noticia del penal convertido por Mohamed Salah mientras buscaba lugar entre las mesas del salón, aunque todos coincidieron al final en un estruendoso aplauso para festejar la chance de ver a sus coterráneos en un duelo de nivel internacional.

“La Champions tiene la misma importancia que una final del mundo. Fue muy bueno disfrutar que haya gente del pueblo”, apuntó el Pochettino que dirigió a Murphy en la misma cancha donde alguna vez fueron compañeros de equipo con su primo. A pesar de que lleva tiempo sin volver al pago, los vecinos reaccionaron entusiasmados con palmas de aliento cada vez que el ex Newell’s aparecía en primer plano.

Así lo vivieron también los Gazzaniga, parientes del arquero santafesino que aportó lo suyo a lo largo de la temporada cuando le tocó reemplazar a Hugo Lloris. Los tíos y la abuela de Paulo llegaron temprano y se quedaron atentos entre las primeras filas de sillas incluso después de consumada la victoria de Liverpool, cuando la mayoría de los asistentes ya se había asomado en busca de los últimos rayos de sol sobre Avenida Sarmiento.

La puerta de ingreso a la cancha de Unión y Cultura. Foto: Juan José García.

Mirá también

Sobre el bulevar que conecta la sede con la cancha de Unión y Cultura también se pudo ver la cara no futbolera del pueblo de cuatro mil habitantes. En la plaza se podía ver a una decena de nenes alternando entre toboganes y hamacas mientras otros grupos de jóvenes tomaban mate y charlaban. A esa hora ninguno parecía acusar recibo de que a Tottenham le quedaban 45 minutos para remontar la cuesta y vulnerar al brasileño Alisson Becker, el seguro arquero de Liverpool. Si bien hubo hasta quien aprovechó para hacer algunos trabajos de jardinería en la vereda, el pulso del pueblo en esas dos horas subía y bajaba mayormente a la par de lo que ocurría en Madrid.

Las atajadas del brasileño en el segundo tiempo fueron por supuesto las que generaron los momentos de mayor tensión en el club hasta que llegó el mazazo del gol de Divock Origi para liquidar el pleito. Hinchas vestidos con los colores de Boca, River, Newell’s y Unión sufrieron mezclados en una platea en la que predominaba el celeste y blanco que representa a los murpenses en el torneo local. Los Gazzaniga fueron otra de las excepciones a esa regla con los buzos amarillos autografiados que llevaron para alentar a los Spurs.

Los chicos ven el festejo de Liverpool campeón. Foto: Juan José García.

Mirá también

La chance de Pochettino de coronarse como el primer DT argentino en ganar el máximo torneo europeo en más de medio siglo no pasó desapercibida para la entidad que vio nacer al ex defensor de la Selección, mundialista en Corea-Japón 2002.

Además de abrir las puertas para proyectar el encuentro, la presidenta Daniela Lazzari pidió la postergación de los tres cotejos que debían disputar las categorías intermedias de fútbol del Celeste. Las chicas de hockey también engrosaron el número de la convocatoria para la gran final y el buffet ya estaba desierto mientras los ingleses salían a la cancha. “Sólo había quedado el Doctor, un abogado medio roñoso que se sienta ahí”, comentó al pasar con ironía una de las empleadas encargadas de que no faltara cerveza, pizza ni torta para los vecinos que se acercaban a la barra cada vez que el partido daba un respiro. Afuera quedaban sin candado ni cadena unas 20 bicicletas como testimonio del pueblo que este año se dio el gusto de soñar a lo grande sin perder su impronta cálida y apacible.

Murphy. Enviado especial.

Podría interesarte