Los problemas para desterrar el “plan Vidal” desnudan la debilidad que atraviesa MacriPolítica 

Los problemas para desterrar el “plan Vidal” desnudan la debilidad que atraviesa Macri


Fuente: Archivo

La profundidad de la crisis económica pone a Mauricio Macri en una trampa: mientras todos sus potenciales rivales electorales juegan al misterio, a él le toca gastar energías en jurar que de verdad va a ser candidato a la reelección.

Lo dijo él, más de una vez, en el correr de otra semana adversa para el Gobierno. Lo repitió el jefe de Gabinete, Marcos Peña. Se sumaron los líderes porteños Horacio Rodríguez Larreta y Diego Santilli: no hay ninguna alternativa a Macri. La propia María Eugenia Vidal, a quien se señala como eventual reemplazo en la boleta mayor de Cambiemos, recitó su compromiso de seguir en Buenos Aires delante de una audiencia de empresarios que no se sentirían precisamente defraudados si el reemplazo ocurriera.

Tanto esfuerzo de comunicación para desterrar un rumor retrata el momento de debilidad que atraviesa el Presidente. Lleva cuatro meses consecutivos de caída en las encuestas y el futuro inmediato se adivina hostil: la volatilidad del dólar hace impensable una baja inminente de la inflación. Al equipo económico se le mueve el arco. Apostó a que los signos de mejora se sentirían en febrero. Después pasó a abril. Ahora la esperanza es que los números de mayo exhiban una luz de esperanza que pueda ser anunciada antes del cierre de listas del 22 de junio.

El fantasma del “plan Vidal” persiste por la incertidumbre y la ansiedad que invaden a sectores del poder económico que tienen pesadillas con una restauración kirchnerista. Pero no solo por eso. En la propia coalición oficialista hay sectores que todavía manosean la hipótesis de una jugada extrema de última hora si el deterioro económico continúa hiriendo a Macri como candidato.

Al Presidente le llegan ecos de esas dudas de sus propios aliados. Entre los principales referentes de la UCR llegó a discutirse -por supuesto que como un “escenario especulativo”- la opción de una fórmula nacional Vidal-Martín Lousteau.

“Fantasías”, responden en la Casa Rosada. La prioridad del momento es la gobernabilidad. En medio de la crisis, argumentan en el círculo más cercano a Macri, una claudicación de Macri pondría en peligro la administración y sería la admisión de un fracaso. Peor: podría interpretarse incluso que el mercado -con su mano no tan invisible- le impuso al Gobierno un candidato.

Nada prueba que un volantazo sobre la hora mejoraría las prestaciones electorales del oficialismo. Además, atentaría contra el orden interno de Cambiemos, que pese a todo ha atravesado estos tres años y medio de gestión turbulenta sin una crisis seria de liderazgo. Un éxito que en privado le reconocen a Macri sus peores rivales.

A Vidal la incomoda verse involucrada en un juego tan sensible y que nunca le interesó. “No queremos hablar más de cosas que no suceden”, dicen en su entorno. No niegan que preferirían que el gobierno nacional dejara de hablar del tema. Cada nueva desmentida reinstala la duda. Es lo que tienen las crisis de confianza.

La obsesión de la gobernadora es enfocarse en la cercanía con los que sufren penurias económicas. Lo refleja en su discurso y en su política de comunicación. A la hora de anunciar su propio paquete de medidas contra la inflación habló del “proceso crítico de recesión” que vive el país y describió sin maquillaje la gravedad de la situación social. Habló en un estrado, de cara a las cámaras, con tono severo. No ensayó innovaciones. Todo un contraste con el video que había grabado el Presidente para difundir el “plan otoño”.

Vidal recorre la provincia. Visita a intendentes aliados, arenga a militantes y también pide que le organicen reuniones con votantes desencantados de Cambiemos. Asume que su función es levantar la imagen del Presidente en la geografía alterada del conurbano bonaerense. Combina carisma con
big data, para identificar cómo y dónde gastar energía.

Es en defensa propia, claro. En La Plata muestran encuestas que ponen a la gobernadora muy por encima de cualquiera de sus rivales. Pero es un escenario de fantasía. Al competir pegada a la boleta presidencial su riesgo se dispara. Cristina Kirchner tiene una ventaja sobre Macri en la provincia demasiado amplia para ser revertida mediante el corte de boleta (y sin el colchón de un ballottage).

La semana que empieza, Vidal anunciará más medidas para atenuar los efectos de la inflación: otra batería de medidas sociales para beneficiarios de subsidios y jubilados.

Son analgésicos insuficientes si el vértigo sigue dominando la economía. Las medidas antiinflacionarias de Macri chocaron de inmediato con la desconfianza de los inversores. De la moderada expectativa que tenían al anunciarla, los principales ministros del Gobierno ajustaron su mensaje a una línea cercana a la resignación. “Hay que aguantar hasta el cierre de listas”, les dijo Peña a los miembros del Gabinete. “Tendremos que convivir con la volatilidad del dólar”, amplió después Macri.

La angustia inconfesable debajo de esas palabras es que el Gobierno se percibe con las manos atadas. Ha usado las herramientas a su disposición para domar la inflación y nada da resultados. Tiene reservas por más de US$71.000 millones, pero el acuerdo con el FMI le prohíbe usarlas para intervenir en el mercado de cambio mientras el dólar se mueva debajo de la banda de $51,45.

Después de las últimas gestiones en Washington del ministro de Hacienda, Nicolás Dujovne, en la Casa Rosada consideran altísimamente improbable torcer ese condicionamiento. Un temor razonable en el Gobierno es que el mercado deduzca que se llegará antes de lo previsto al tope de la banda y, por ende, siga apostando fuerte por la dolarización.

Macri tiene asumido que la campaña lo sorprenderá en medio de la tormenta. Por primera vez, esta semana, blanqueó en público que espera una elección apretada y que ganará en el ballottage.

Los estudios cualitativos y cuantitativos que maneja el comando presidencial pronostican un escenario similar al de 2015, cuando Macri ganó por menos de tres puntos. En lugar de Scioli estará Cristina Kirchner, como parecen confirmar el lanzamiento y el contenido del libro
Sinceramente.

Uno de los tantos desafíos que enfrenta el Gobierno para que eso ocurra es garantizarse que el peronismo siga dividido y que algún sector -Alternativa Federal o como termine llamándose- contenga el 22% de los votos que en primera vuelta sacó entonces Sergio Massa (que después, en su mayoría, migró a Cambiemos).

El miedo del oficialismo es que los gobernadores del PJ se rindan a Cristina una vez resueltas sus reelecciones provinciales. En ese juego, el hombre clave es Juan Schiaretti. Cerca de Macri apuestan a que sea él quien ordene al peronismo no kirchnerista detrás de una “tercera candidatura”. Creen que Schiaretti ganará el 12 de mayo en Córdoba con más del 50%, ayudado por la división de Cambiemos. Y que después actuará.

El goteo de elecciones provinciales no reserva alegrías para Macri. Hoy Santa Fe será otra escala delicada: en la PASO solo aspira a que Cambiemos retenga un 20% de los votos, insuficiente para pensar en competir por el poder.

Dólar inasible, inflación alta, rumores tóxicos, derrotas de cabotaje… El camino será ingrato hasta la inscripción de listas. No hay milagros a mano. Las metas de Macri se rigen por la lógica del día a día: el largo plazo consiste en atravesar dos meses de desierto y llegar con tono competitivo a la batalla electoral verdadera y definitiva.

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