Quieren desalojar un refugio para gatos de BelgranoSociedad 

Quieren desalojar un refugio para gatos de Belgrano

Un refugio para gatos que funciona hace 20 años en el barrio de Belgrano no tiene agua ni luz y -a pesar de que redujo el espacio que ocupaba- quieren desalojarlo.

Debajo de árboles añosos, al lado de las vías del ferrocarril, vive una centena de gatos de todas las edades, colores y tamaños. Se alimentan y crecen al cuidado de Elva Vitel, estudiante de enfermería y madre de dos hijos que pasó hace muchos años, por casualidad, por el lugar paseando una perrita que había rescatado. Allí, vio a una señora mayor que estaba alimentando a 20 felinos. Entre todos, un gatito enfermo le robó el corazón. Elva volvió con comida y dinero para ayudarlo, pero ya había muerto.

Empezó a ir al lugar para dar una mano dos veces por semana. Aprendió a tratar con gatos ariscos, que habían vivido siempre en estado salvaje. A darles de comer con jeringa en la boca cuando era necesario, a levantarlos con redes. También a reconocer las enfermedades: cáncer, leucemia felina, sida felino, linfomas, toxoplasmosis, epilepsia, patologías cardíacas. Distinguía simples heridas en una pelea de carnes carcomidas por células malignas. Las necesidades eran muchas, y a veces urgentes.

Hay gente que no simpatiza con nosotros por una cuestión estética, dice Elva.

Había que trasladar los animalitos a los consultorios de los veterinarios que querían ayudar. Los fondos necesarios al principio los proporcionaba la mujer anciana, pero cuando se lesionó una rodilla y ya no pudo caminar, Elva se quedó sola.

Aparecieron donantes que se asomaban cuando pasaban por la vereda después de bajar del tren. Algunos dejaban cajitas con gatitos bebés, o traían animales que no podían albergar más en sus casas. La condición era la esterilización previa. La población, de todas maneras, se duplicó. Elva ya no daba abasto, a pesar de la ayuda de algunas veterinarias de la zona que le cobraban muy poco por vacunar y asistir a los gatos.

El Facebook, creado con la ayuda de una vecinita, multiplicó la efectividad de los carteles para pedir donaciones colocados en las veterinarias del barrio. “Nos dimos cuenta de que no podía seguir ayudando siempre la misma gente, porque eso tiene un límite. Entonces empezamos a hacer rifas, a organizar o participar de eventos solidarios. También vendemos remeras, aritos, pulseras o anotadores con un logo y material reciclable”, dice.

“Cuando es necesaria una cirugía, hacemos una campaña y les ofrecemos a los benefactores pasar por el lugar de internación para verificar la veracidad”, agrega.

Algunos gatitos nacen sin una de sus patitas, porque la madre fue afectada por alguna sustancia tóxica.

El predio es silencioso y los animalitos conviven pacíficamente hasta con Mónica, la perra de Elva, única can entre más de cien felinos. Sin embargo, en una jaulita, solamente un gatazo maúlla. “Está en tratamiento y no le gusta estar encerrado, pero no hay otro remedio”, sonríe. En otra jaula, juguetean tranquilos tres mininos amarillos, al lado de su mamá.

Hay baldes de agua y platos de comida distribuidos por el terreno para que los gatos beban y coman a voluntad. A pesar de que no tienen ni siquiera una canilla, todo está ordenado e impecable. Un puñado de voluntarios se une ahora a Elva. La mayor parte de ellos dona su tiempo. “Se ofrecen estudiantes de veterinaria, pero yo no estoy de acuerdo en que intervengan en la atención de los animales. La salud es una cosa seria, este no es un lugar para venir a practicar si no están recibidos”, aclara Elva, que cursa laLicenciatura en Enfermería en la Universidad Maimónides.

El alimento lo provee a un precio simbólico una conocida empresa de alimentos para gatos y perros. “De otra manera no podríamos solventarlo”, explica.

La sombra del desalojo

El Campito Felino se constituyó en organización no gubernamental y presentó un proyecto ante la Administración de Infraestructura Ferroviaria para que se le ceda el espacio. Sin embargo, a pesar de una inicial buena reacción, los papeles pasaron a la Administración de Bienes del Estado, y todos los planes están en espera.

La Sociedad de Fomento de Belgrano R quiere mejorar el barrio con un corredor verde. Pero el recorrido implicaría el desalojo del Campito. Del mismo modo, comuneros de la comuna 13 se presentaron varias veces para advertirles a los integrantes de la asociación que tienen “otros planes” para el emplazamiento.

“Si nos sacan de aquí , aunque nos lleven a otro terreno en otra zona, nos privarían de toda la logística solidaria que tenemos, porque la gente que ayuda no se trasladaría a un área distinta- alega-. Ya aceptamos achicarnos, redujimos el espacio que ocupamos con un alambrado que financiamos nosotros. Nos gustaría tener recursos para levantar una pared acorde con la estética del barrio, pero no tenemos dinero para invertir”. Elva y sus compañeros están viviendo una situación de angustia, esperando que los llamen con la resolución final. Si se les cediera definitivamente para fines solidarios, podrían conseguir agua, luz y hasta un cerco de material cubierto de enredaderas.

Los casos de gatos con problemas de salud son un mínimo porcentaje del total , pero el Campito garantiza que los felinos no sean abandonados, no se contagien y propaguen enfermedades. Es decir, cumplen un fin sanitario. De hecho, una médica del cercano Hospital Pirovano es una de las colaboradoras activas.

Cuando hay un habitante que necesita atención, la maquinaria de asistencia se pone en movimiento. Popis, un gato blanco y negro, por ejemplo, fue atropellado por un auto y abandonado. No tenía casi cola, y sus patas y cadera estaban destrozados. “Lo operó una eminencia, un traumatólogo que cobró muy poco por colocarle placas y tornillos en tres intervenciones. Fue un honoriario mínimo, que se solventó con dinero de aportantes. ¡Y mirá ahora cómo camina! Antes, se arrastraba”, recuerda Elva.

Ice tiene un riñón muy mal. Ojalá consiga un hogar el tiempo que viva.

Ice es inconfundible. Es un adulto enorme y blanco, con un ojito celeste y otro blanco. Lo rescató la Justicia de la casa de una persona acumuladora y fue derivado al Campito por la fiscalía que intervenía. “Tiene un riñón muy mal, hay que llevarlo a la veterinaria día por medio para hidratarlo y darle un alimento especial. Ojalá consiga un hogar por el tiempo que viva, porque con ese problema el pronóstico es malo”, desea .

Es común la llegada de hermanitos bebés, pero la condición para admitirlos es la esterilización de la madre. “Una señora que vivía lejos me mandó un video con la gata antes y después de la intervención. Recién entonces recibí los gatitos. Justamente mañana viene una chica para adoptar uno de los dos atigraditos”, relata Elva, mientras el veterinario sostiene uno, un peluche adorable al que le falta la patita derecha.

“Es frecuente -explica Juan Valinotti, que coopera con el Campito hace mucho tiempo-. Tiene que ver con que la madre se contaminó con alguna sustancia tóxica”. Aún en estos casos, los animales son adoptados rápidamente, aunque no sin condiciones. Los más viejos o los desahuciados no son los elegidos.

Algunos de los animales del Campito Felino escapan de la cámara. Otros, como éste, la adoran.

“Estamos por una adopción responsable. La exigencia de la esterilización es parte de eso. Si los gatos se reproducen sin control generan impacto ambiental, se les termina la comida, se contagian enfermedades. Hay que cortar el ciclo de abandono y mejorar su salud”, alega el profesional.

La adopción implica una inspección de la vivienda a la que va a llegar el animal. “Queremos que no puedan escaparse, que no estén expuestos a accidentes, que no se caigan. Si hay un gatito con incontinencia, tiene que ser una casa con jardín la que lo reciba” especifica el veterinario.

La historia reciente del Campito incluye hostigamientos porque -según Elva- hay gente que no simpatiza con ellos por una cuestión estética. “Una vez, vino la policía de la Ciudad para llevarse los animales, porque había una denuncia de que los teníamos en pésimas condiciones, insalubres. Nos presentamos con nuestros veterinarios, libretas sanitarias y algunos vecinos. Finalmente, llegó el veterinario de la División Canes de la Policía Federal y se desestimó la denuncia”, concluye.

Una petición en una plataforma especial reúne firmas para que El Campito de los Felinos continúe trabajando. Ya firmaron 152.000 personas

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