Twenty One Pilots le dio un cierre encendido a la primera fecha del LollapaloozaEspectáculos 

Twenty One Pilots le dio un cierre encendido a la primera fecha del Lollapalooza


La presentación de Tyler Joseph y Josh Dun en el Main Stage 1 fue la más esperada de la primera fecha del festival Crédito: Ignacio Arnedo
30 de marzo de 2019  • 01:39

Quien hubiera pensado que aquellos dos desacatados/desfachatados con capuchas y remera de la selección argentina que en 2016 incendiaron a una pequeña audiencia bajo el sol en un horario tempranero del

Lollapalooza

iban a prender fuego -con un automóvil en llamas como escenografía alegórica- a toda una multitud y llevarse el mejor cierre posible de la primera jornada del festival tres años después. Tyler Joseph y Josh Dun, tan solos los dos, volvieron como figura central y no desaprovecharon su oportunidad, reforzando un vínculo con el público argentino que bien podría extenderse de aquí a la eternidad.


Twenty One Pilots

tuvo su noche consagratoria en el país con un show que condensó todo aquello que la grilla del Lollapalooza había diversificado desde el inicio de la jornada y completó así un espectáculo redondo y festivalero que, muy probablemente, se lleve las mejores postales de la sexta edición del encuentro (y eso que aún quedan varios pesos pesado por venir). Es que la dupla nacida en Ohio hace una década ya no solo deja todo sobre el escenario (como lo habían demostrado en su debut en la Argentina, en este mismo marco), sino que ahora lo hace con un profesionalismo envidiable para cualquiera de los artistas que se subieron al escenario este viernes en el predio del Hipódromo de San Isidro.


Twenty one Pilots Crédito: Ignacio Arnedo

Aquella adrenalina desenfrenada hoy sigue arriba del escenario, pero ahora acompañada por una performance que hace de cada tema un cuadro y que les permite cambiar de vestuario o de género sin dejar de oler a espíritu adolescente. Desde el inicio con “Jumpsuit” hasta el doble final con “Stressed Out” y “Trees”, los TOP fueron callejeros enmascarados, raperos de riña, virtuosos multiinstrumentistas (Dun pasa de la trompeta a la batería sin descanso, mientras que Joseph baja al piano o rapea veloz sin despeinarse), malabaristas rockeros (en vez de tirarse en mosh, Dun deja que la gente le sostenga la batería mientras toca en medio del público y Joseph se sube a una tarima detrás del mangrullo para la felicidad de quienes están más alejados del escenario) y hasta hawaianos sensibles (tras el inicio incendiario y rebelde, Joseph se calzó una camisa hawaiana y durante un segmento de tres temas compuesto por “Heathens”, “We Don’t Believe What’s on TV”, y “Lane Boy”, se calzó el ukelele y le imprimió espíritu reggae a sus composiciones, como si de pronto los TOP hubieran escuchado a Manu Chao).

Sin respiro, pero siempre con la situación bajo control, este dúo de irreverentes se llevó el premio más grande de la noche: reunir a un público de gustos variados e inquieto por naturaleza bajo su hechizo multigenérico, con altas dosis de impacto visual, pero también con la sabiduría musical de los experimentados en eso de ser la estrella pop del momento. Que vuelvan cuando quieran… acá los van a estar esperando.

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