El mono de Ringuelet está, pero no festejamos…Sociedad 

El mono de Ringuelet está, pero no festejamos…

El hombre sentado en el asiento del acompañante de la camioneta blanca se ríe a carcajadas al verme. “¿Otra vez vos?”, me dice enjuagándose las lágrimas. “Otra vez yo”, le respondo, mitad risa, mitad incredulidad. El que me habla trabaja en la ECAS, la estación de cría de animales silvestres que queda pegada al Parque Pereyra Iraola, el organismo que interviene cada vez que un animal salvaje aparece en un lugar que no corresponde.

Me alarma que tengamos tanta confianza, me alarma haber compartido tantas notas con ese señor que ya podamos enumerar anécdotas como amigos en un asado. “¿Te acordás cuando encontramos la boa constrictor en el placard de Lomas de Zamora?”, “¿Qué fue del jeep verde que tenías cuando buscamos el puma en La Plata?”. Aclaro porque me parece más que necesario: lo que acabo de escribir entre comillas es totalmente cierto, por insólito que suene.

Hoy estamos buscando un mono en Ringuelet, y como podrán entender por el diálogo que estoy transcribiendo, no es la primera vez que me pasa. Hoy es un mono suelto, pero no es el primero. Antes fue un puma, algún lagarto, y hasta un león que tenía aterrados a los vecinos de Arturo Seguí. En todos esos lugares estuvo el hombre del ECAS, y también estuve yo (y tengo que decir que con cierto éxito: una cosa es que te manden a buscar un mono, y otra muy distinta es encontrarlo, y tengo una efectividad bastante alta).

Lo que pasa en estos casos es que a alguien se le escapa el dichoso animalito, y como es ilegal tenerlos, después no hay nadie para hacerse responsable. Entonces no se sabe cómo es que la fiera apareció por ahí, que tipo de hábitos tiene, y cuánto tiempo pasó desde que se escapó.

Pero el caso Ringuelet tiene sus particularidades. Desde el primer momento los vecinos nos dicen que el mono lleva meses suelto metiéndose en las casas, en la escuela, en el centro comunitario, en los negocios. Que es propiedad de una familia que lo deja libre de a ratos y que en caso de que el mono se ponga molesto lo vienen a buscar, pero que al rato vuelve a aparecer. Y todo esto nos los dicen en “off” porque temen las consecuencias de denunciar la presencia de un animal salvaje en el barrio. Pero como nosotros somos expertos, volvemos a triunfar en nuestra búsqueda, y el mono aparece (vaya uno a saber por qué), a tres o cuatro metros de nuestras cámaras, se deja filmar durante algunos minutos, y después se sube a un árbol y se mete dentro de la escuela.

La secuencia que sigue demuestra que no es la primera vez que pasa esto: de la nada aparece un grupo de personas, se meten en el colegio, y al rato escapan con el mono en brazos como si se tratara de un bebé. Cuando tratamos de entrevistarlos suben a una moto y vuelan por la esquina (al mono no parece asustarlo) hasta perderse de vista. La imagen televisada de esa secuencia convoca a la Policía, a Defensa Civil, y a Zoonosis (ECAS ya estaba).

No sabemos si frente a esa evidencia, y al peligro que conlleva para los chicos y para el mono que un animal salvaje se meta en una escuela, las autoridades hicieron algo para rescatar al bicho y llevarlo a un sitio más adecuado. Lo que sí sabemos es lo que nos dice una vecina cuando ve todo el despliegue: “Vamos a ver quién la liga por todo esto. Cada vez que vinieron a llevarse el mono nadie se anima a abrir la boca, pero después se la agarran con alguien”.

Los que se la “agarran con alguien” son los dueños del animalito, y después de escuchar eso quedamos un poco sugestionados, porque volvimos a triunfar en nuestra búsqueda animal, pero parece que esta vez en lugar de ponernos contentos, tenemos que estar preocupados…

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