“Magallanes aguanta”, el chiste para darle luz verde a la compra de un laboratorioPolítica 

“Magallanes aguanta”, el chiste para darle luz verde a la compra de un laboratorio

Uno de las primeros detalles que le contó Alejandro Manzanares a la Justicia fue cómo ayudó a su amigo, el ex secretario de los Kirchner Daniel Muñoz, a invertir parte de su fortuna en el exterior. Les aseguró que él había viajado a Miami para adquirir tres departamentos para el asistente más fiel de los K, que no estaban bajo la investigación judicial.

También relató una escena que demuestra el modo con el que Muñoz gastaba una fortuna que, según testimonios de otros consejeros, también arrepentidos en el caso Cuadernos, admitía que no era de él.

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Manzanares le describió a las autoridades del expediente que mientras viajaba por una ruta de los Estados Unidos junto a un testaferro confeso de Muñoz, Carlos Temísclotes Cortez, surgió el proyecto súbito de que debían comprar un laboratorio en la Argentina. En ese mismo instante llamaron al amigo y socio inversor para contarle el plan.

Muñoz dijo que sí. Manzanares relató que le explicó por qué era conveniente entrar en un negocio de ese rubro: el holding del secretario fiel ya había adquirido una farmacia tradicional de Río Gallegos que transformó en una cadena que hoy tiene 22 locales en distintas provincias de la Patagonia.

Cuando los viajeros por Estados Unidos le insistieron a Muñoz para que se juegue y gastara varias de decenas de millones de dólares en ese laboratorio, él les contestó con una frase que hizo reír a los tres, y que aun le saca una sonrisa a “Polo”. El secretario de los K dijo así para aprobar la nueva inversión: “Magallanes aguanta”. Es una frase que solo podían codificar quienes vivían hace décadas en Santa Cruz. “Magallanes Aguanta” era el slogan de la publicidad de un comercio de ropa que se repetía en las radios locales.

La operación finalmente no se pudo cerrar.

Pero Muñoz compró, siempre según Manzanares, empresas de mercados múltiples, como una destilería, de la que no tiene detalles: solo la afirmación de su amigo ya fallecido de que había adquirido una compañía química. También supo de varias casas en Buenos Aires y la Capital Federal, garages y otras empresas como una petrolera que también adquirió el holding que fue conformando Muñoz con Cortez, y otros testaferros, y del que Manzanares quedó lentamente marginado.

Antes de morir, Muñoz le pidió perdón a su amigo “Polo” porque se iba a enterar de “cosas que no sabés”.

Según el relato judicial del contador, el emporio de Muñoz empezó su agonía cuando se publicaron los “Panamá Papers”, documentos de empresas off-shore en la que pronto se descubrió que incluían como propietarios, entre muchos otros personajes del poder de varios países del planeta, al secretario de los Kirchner.

Manzanares le contó a la Justicia que la propia Cristina Kirchner lo convocó para hablar cara a cara respecto a lo que sabía de los negocios internacionales de Muñoz. “Polo” le dijo, siempre según su versión, que se había enterado de las novedades de la filtración de las off-shore porque Muñoz se lo contó un día antes de que su entramado de negocios sea público y de acceso al periodismo.

Manzanares pasa hoy sus días en la cárcel, repite que debe pagar por lo que hizo, ansía reencontrarse con su familia, que vive en Río Gallegos.

Y asegura que le estará agradecido para siempre a quienes hoy lo ayudan llevándole comida a la cárcel de Marcos Paz; los De Vido, sobre todo la esposa del ex ministro, Alessandra Minnicelli.

A ellos, Manzanares les adelantó que declararía como arrepentido en la causa “Cuadernos”. No hay rencores. Solo cariño forjado en el apogeo del poder y reforzado en los pesares que se viven cuando se comparte la experiencia de la prisión.

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