Historias y desafíos del rey de España que llega a la ArgentinaPolítica 

Historias y desafíos del rey de España que llega a la Argentina

La visita a la Argentina que inicia el Rey de España, Felipe VI (Felipe Juan Pablo Alfonso de Todos los Santos de Borbón y Grecia) es la séptima de un monarca español en casi cuarenta y cinco años desde el retorno de la monarquía, y de la Casa Borbón, al trono de aquel país. Las anteriores las hizo su padre, el hoy Rey emérito Juan Carlos I. Felipe visitó varias veces la Argentina como Príncipe de Asturias y hasta como tripulante del buque escuela Juan Sebastián de Elcano, de la Armada Española.

El Rey, tiene 51 años, mide 1,97, habla a la perfección cuatro idiomas, español, inglés, francés y catalán, tiene un bisabuelo que fue rey desde el día que nació, que abdicó al trono y que abrió así paso a la República española; tiene una bisabuela inglesa, que fue su madrina de bautismo; tiene un abuelo que debió ser rey y nunca lo fue y un papá que reinó en España aunque nació en Italia. Es un símbolo de la agitada vida contemporánea de los borbones en el trono de España, al que accedieron allá por el 1700.

El rey Felipe VI escucha a su hija, la Princesa Leonor y heredera al trono, leyendo la Constitución de España

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Alfonso XII fue un rey español que murió muy joven, a los 27 años y de tuberculosis, cuando su mujer, María Cristina de Absburgo estaba embarazada de tres meses. El 17 de mayo de 1886, la soberana dio a luz un varón, Alfonso XIII, rey de ese mismo momento. Cuando tenía la edad en la que murió su padre, Alfonso encontró una novia en Inglaterra: era María Eugenia de Battenberg, nieta de la Reina Victoria. Se casaron el 31 de mayo de 1906 en la iglesia de San Gerónimo de Madrid. España volvía a los lazos de sangre que, cuatro siglos antes, habían atado Enrique VIII y Catalina de Aragón. Battenberg (Monte Batten en alemán) fue el apellido de la familia real Británica, en aquella Europa anudada al imperio que dominaba, como soberana y celestina, la reina Victoria. Después de la Primera Guerra Mundial, que terminó con aquel mundo que mezclaba sangre y Strauss, la familia real británica cambió el Battenberg por su versión inglesa, Mountbatten. Pero quienes, como Victoria Eugenia, integraban otras casas reales, siguieron con el Battenberg natal.

El día de la boda entre Alfonso XIII y Victoria Eugenia, cuando la pareja viajaba en su carruaje hacia el Palacio Real, y en la Calle Mayor, el anarquista catalán Mateo Morral les arrojó una bomba oculta en un ramo de flores. La bomba rebotó en la capota del carruaje y cayó hacia atrás: mató a veinticinco personas y a todo el tiro de caballería. Los novios salieron ilesos pero la reina consorte fue a la fiesta del palacio con su blanco vestido manchado de sangre ajena.

La primera visita del Rey de España a la Argentina: Juan Carlos I en el año 1978. La reina Sofía sufrió el robo de su capa.

En los años 50, el genio de Rafael de León, con música de Manuel Pareja Obregón, iba a dedicar una sevillana a aquel episodio, que rescata la belleza de la reina, “Es rubia como los trigos a la “salía” del sol / tiene los ojos azules como el romero la flor / qué bien parece / Doña Victoria Eugenia / y Alfonso XIII” y al estupor por el atentado: “Y se estremece / al ver viva a su novia / Alfonso XIII”.

No fue un matrimonio feliz. Las infidelidades de su majestad la hicieron una reina traicionada. Tuvieron siete hijos, alguno marcado por la hemofilia. El penúltimo fue Juan de Borbón y Battenberg, el hombre destinado a ser rey y que no lo fue. En abril de 1931, con su reinado en crisis, el campesinado empobrecido las consecuencias de la guerra del Rif en Marruecos, el fracaso de la dictadura de Miguel Primo de Rivera y el nacionalismo catalán, unas elecciones municipales impulsaron al rey a abdicar y a exiliarse, “para no provocar un derramamiento de sangre” que solo iba a demorarse cinco años.

Así nació la Segunda República Española, barrida por la Guerra Civil entre 1936 y 1939 y sepultada por cuatro décadas de dictadura a cargo de Francisco Franco. Don Juan de Borbón mantuvo relaciones tumultuosas con Franco: se declaró pretendiente al trono a la muerte de su padre en 1941 y aspiraba a reinar en una España reconciliada, mientras que Franco pretendía que la monarquía fuese una continuación de su régimen. Casado con su prima, María de las Mercedes de Borbón y Orleans, tuvo cuatro hijos: Pilar, Juan Carlos, Margarita y Alfonso. Juan Carlos, que nació en Roma en enero de 1938, fue bautizado como Juan Carlos Alfonso Víctor María de Borbón y Borbón, y, a la muerte de Franco, el 20 de noviembre de 1975, sería el encargado de restaurar la monarquía borbónica española.

No fue fácil. Franco había nombrado a Juan Carlos como su sucesor en carácter de rey en julio de 1969. Y Juan Carlos aceptó, lo que le valió distanciarse de su padre, que se consideraba, con razón, legítimo heredero de la corona y se negaba a cederle sus derechos dinásticos que a él le había cedido su padre, Alfonso XIII. Padre e hijo estuvieron alejados desde entonces, y aún cuando Juan Carlos ya era rey de España. El 14 de mayo de 1977, luego de un primer encuentro en Madrid el año anterior, y en una ceremonia íntima en el Palacio de la Zarzuela, Don Juan de Borbón, aquel hombre hijo de reyes, padre de rey y que nunca fue rey, renunció a sus derechos dinásticos a favor de su hijo: “Majestad, –le dijo cuadrándose–, Todo por España. Viva España. Viva el Rey”. Murió el 1 de abril de 1993 en Pamplona, Tenía 79 años.

Raúl Alfonsín y el rey Juan Carlos en 2004

Juan Carlos I era ya un rey sin trabas. Había pisado España por primera vez a sus diez años, por un acuerdo entre su padre y Franco para que el entonces Príncipe estudiara en suelo español, bajo la tutela del “Caudillo”. Tuvo instrucción militar en Saragoza, en la Escuela Naval Militar de Pontevedra y en la Academia del Aire de Murcia. Estudió Derecho Político e internacional, Economía y Hacienda en la Universidad Complutense de Madrid. En 1962 se casó con Sofía Margarita Victoria Federica de Grecia y Dinamarca. Tuvieron tres hijos: Elena en 1963, Cristina, en 1965 y Felipe, que hoy es rey, en 1968.

Fue una pieza clave en la transición española. Franco había proclamado que la continuidad de su régimen estaba garantizada: “Lo dejo todo atado y bien atado”. Pero no, el mundo había cambiado, Europa había cambiado y España iba cambiar. Tampoco fue tan sencillo en aquellos dramáticos años. Sí fue vital la elección que hizo el Rey de Adolfo Suárez como jefe del gobierno en 1976. Suárez, un político al que suponían continuista del franquismo, guió en cambio a España hacia la apertura democrática, hacia la pluralidad de ideas y hacia la tolerancia política, incluida la legalización del Partido Comunista en aquella sociedad en la que aún humeaba la Guerra Civil. En medio de los ataques terroristas de ETA y de la pulsión de las fuerzas armadas por retornar a los viejos tiempos, en aquellos días tremendos de buena parte de los años 70, Juan Carlos I fue garante de la democracia y del estado de derecho y su figura cobró una enorme popularidad entre los españoles.

El intento de golpe de Estado encabezado por el teniente coronel de la Guardia Civil Antonio Tejero, el 23 de febrero de 1981, con el secuestro de todo el gobierno español en el Congreso de los Diputados y las tropas y tanques en las calles, y en la incertidumbre, de Madrid y de Valencia, el Rey, ya entrada la madrugada y con su uniforme de jefe supremo de las fuerzas armadas, dejó en claro que la Corona defendía la Constitución que los españoles habían aprobado en un referéndum. Esa tardía intervención pública, más los nunca desmentidos intentos de desembarazarse de Suárez, el presidente del Gobierno ya había renunciado días antes del intento de golpe, enturbian aún hoy la comprensión y el análisis de aquella jornada histórica.

El Rey Juan Carlos en el día de asunción de Mauricio Macri el 10 de diciembre de 2015.

En noviembre de 1978, Juan Carlos I visitó por primera vez la Argentina. Era plena dictadura militar, con Jorge Videla como presidente de facto, con los ecos del Mundial de Fútbol y la casi guerra con Chile por el Beagle apenas atenuados. Fue una visita criticada por lo que parecía un aval de la monarquía española al brutal gobierno argentino, pero que pasó a la historia porque, en una recepción oficial, una de las invitadas ilustres le robó su capa a la Reina Sofía. Un papelón que mereció la protesta de España y la rápida acción de aquellos centuriones militares para dar con la capa y con la ladrona. Lo lograron.

En los últimos años de su reinado, la popularidad de Juan Carlos I menguó al influjo de algunos affaires extramatrimoniales, nunca muy ocultados pero vistos ahora bajo una nueva lente, más el escándalo de corrupción que envolvió a su hija, la infanta Cristina, y a su marido, Iñaki Urdangarin, más una cacería de elefantes junto a Corinna Larsen, quien, se presume, también era su amante, sumado todo a algunas cuentas de la corona que no cerraban y a su salud deteriorada, sepultaron casi la imagen del Rey y de su largo reinado de casi cuatro décadas. No fue un fenómeno único de España. La prensa del mundo que en su momento afirmó que Juan Carlos I era “uno de los héroes más improbables e inspiradores de la libertad del siglo XX, en 2007 criticó la fortuna personal del monarca y “su estilo de vida lujoso, de play boy”. Juan Carlos I abdicó el trono en su hijo Felipe el 19 de junio de 2014.

Permanece como rey emérito, lo que provoca algunos dolores de cabeza en el cuidado protocolo de la monarquía. En diciembre pasado, cuando la Constitución española cumplió cuarenta años, recibió un emotivo reconocimiento, acaso tardío, en el Congreso de los Diputados.

Felipe VI, que nos visita por primera vez, es heredero hasta de la simbología borbónica ya desde sus nombres: es Felipe por el primer Borbón que reinó en España, es Juan por su abuelo Juan, su padrino de bautismo junto a su bisabuela Victoria Eugenia, es Pablo por su abuelo materno, Pablo I de Grecia, es Alfonso por Alfonso XIII y es De Todos los Santos porque así lo manda la tradición de los borbones. Está casado desde 2004 con Letizia Ortiz Rocasolano y tiene dos hijas: Leonor de Todos los Santos de Borbón y Ortiz, heredera del trono y del principado de Asturias que fue de su padre, y Sofía de Todos los Santos de Borbón y Ortiz.

Felipe llega hoy a la Argentina en visita de Estado para participar en distintas actividades junto al presidente Mauricio Macri e inaugurar en la ciudad de Córdoba el VIII Congreso Internacional de la Lengua Española. Mañana compartirán un almuerzo, junto a sus esposas en la Rosada.

Su reino no es el que fue el de su bisabuelo, ni siquiera se parece ya mucho al que fue de su padre. Enfrenta, eso sí, dramas similares: la desocupación, la violencia y el terrorismo, la economía en crisis, la corrupción política, los afanes secesionistas de una parte de Cataluña, la inmigración de quienes ven en su reino un paraíso que les permita huir del infierno en el que viven y hasta cierto escozor antimonárquico que hace reverdecer las pasiones republicanas.

El todavía joven rey de España, lo es en edad y en años de ejercicio, cree y lo ha dicho, en una monarquía parlamentaria “renovada para un tiempo nuevo. Queremos una España en la que sus ciudadanos recuperen y mantengan la confianza en las instituciones y una sociedad basada en el civismo y en la tolerancia, en la honestidad y en el rigor y con una mentalidad abierta y con un espíritu solidario. Somos un gran país. Tenemos una gran Nación”.

Sus antepasados lo aplaudirían.

Las visitas de los reyes de España

La visita de Felipe VI es la séptima que hace un monarca español al país. Antes, su padre, el hoy emérito rey Juan Carlos I estuvo en Buenos Aires entre el 26 y 30 de noviembre de 1978, bajo la dictadura militar que presidía Jorge Videla. Volvió al país entre el 14 y el 19 de abril de 1985 y se entrevistó entonces con el presidente Raúl Alfonsín. Diez años después, regresó entre el 15 y el 19 de octubre de 1995 para la V Cumbre Iberoamericana de Presidentes y Jefes de Estado que sesionó en Bariloche. Entre el 12 y el 13 de noviembre de 2003 estuvo en Buenos Aires y se entrevistó con el entonces presidente Néstor Kirchner Al año siguiente, del 16 a 17 de noviembre de 2004 estuvo en Rosario para abrir el III Congreso Internacional de la Lengua Española. Su última visita fue del 3 al 4 de diciembre de 2010, para la XX Cumbre Iberoamericana y se entrevistó entonces con la presidente Cristina Fernández y su par brasileño Luiz Inacio Lula Da Silva.

Felipe VI llega al país, por primera vez como rey de España. Lo hizo antes en cinco ocasiones, como Príncipe de Asturias. La última, en 2010, para impulsar la candidatura de Madrid como sede de los Juegos Olímpicos de 2020.

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