Medea y la violencia machista del mundo actualEspectáculos 

Medea y la violencia machista del mundo actual


Lo mejor de mí está por llegar

Nuestra opinión: muy buena

Dramaturgia: Jorge Acebo y Juan Carlos Rivera.
Dirección: Acebo. elenco: Florencia Galiñanes.
Música: Maximiliano Pugliese.
Cámara en vivo: Nicolás Condito.
Luces: Paula Fraga.
Realización audiovisual: Nicolás Teté.
Vestuario: Priscila Iaria.
Teatro: El Arenal, Juan Ramírez de Velasco 444.

No existe en la historia un personaje femenino más controvertido que Medea. La razón es una sola: mata a sus hijos. No hay retorno de un crimen así. Es la mujer que ejecuta lo innombrable, pero, ¿por qué? Desde Eurípides en adelante, su mito fue reinterpretado por la historia, la filosofía y el arte. Una mujer bruja, misteriosa y temible que llega al mundo occidental para mostrar la esencia bestial de Oriente. Pero, ¿qué sociedad y qué valores definen lo salvaje? ¿Cuál es el límite? ¿Qué crímenes están permitidos y cuáles no?

Estas preguntas son esenciales para cualquier artista que decide trabajar sobre la figura de Medea. Entre los casos más emblemáticos, hay que destacar la película que Pier Paolo Pasolini filmó en 1968, con la actuación de María Callas. Ahora, el circuito independiente porteño ofrece una nueva versión libre y contemporánea de esta tragedia. Se trata de Lo mejor de mí está por llegar, escrita por Jorge Acebo y Juan Carlos Rivera, y dirigida por Acebo. En esta obra, tan feroz como la historia del texto original, Medea aparece como una víctima del patriarcado. Desde este planteo, la propuesta constituye un espectáculo crudo que instala miles de preguntas acerca de los efectos incalculables de la violencia más perversa y sistemática.

La obra de Acebo podría definirse como la pérdida de la inocencia y el ingreso a un universo monstruoso, de manera radical y sin matices. Una nena que crece feliz en un pequeño pueblo bonaerense es violada por el médico más respetado del lugar y luego obligada a casarse con él. Como si esto no alcanzara para ser atroz, el relato continúa con una sucesión de hechos de violencia, opresión y esclavitud que parecen no terminar nunca. Además de la brutalidad del hombre que la somete con una depravación impiadosa, la obra plantea la complicidad de una sociedad, en este caso los habitantes de un pueblo, que miran para el costado y no quieren ver. También incluye a los que colaboran de manera explícita con ese sometimiento.

Para mostrar esta historia, Jorge Acebo elige un relato narrado en primera persona por la protagonista, interpretado por la actriz Florencia Galiñanes, quien hace un trabajo impecable, que crece en tensión, oscuridad y distintos registros, y pasa de la inocencia de una nena que crece mirando un campo de amapolas hasta la de una mujer despersonalizada, que duda de su propia existencia.

Lo mejor de mí está por llegar incluye un registro audiovisual y la cámara en vivo de Nicolás Condito, que acompaña los relatos de la protagonista y genera planos detalles de su rostro o distintas situaciones que se proyectan sobre una pared de ladrillos y producen un efecto estético más intimista y que, en algunos momentos, profundizan el drama de la historia. Lo mismo sucede con la música en vivo de Maximiliano Pugliese, quien se integra delicadamente a la propuesta escénica. Cada detalle de este espectáculo tiene un cuidado que combina el oficio ancestral de narrar una historia con formas modernas de contarla, ya sea por las proyecciones, el tipo de actuación y hasta el vestuario futurista y sombrío diseñado por Priscila Iaria, que le suma ambigüedad e indefinición temporal al espectáculo.

Esta combinación entre lo viejo y lo nuevo se encuentra en la médula de la problemática que plantea la figura de Medea. Una heroína misteriosa y oprimida, que ejecuta un acto de barbarie para el mundo racional y burgués de Occidente. La destrucción solo puede venir de una salvaje.

Jorge Acebo parece tomar este dilema para confrontarlo con la violencia machista del mundo contemporáneo. Aquí los salvajes son los instruidos, los doctores, los que van a misa todos los domingos, los que ocupan puestos de poder, los que valoran a un hijo varón por sobre una hija mujer, los que callan, los que mantienen las apariencias. De los actos más feroces a las microviolencias cotidianas se compone esta obra y se suma a la pregunta acerca de cuándo empieza la violencia y la opresión, pero mucho más importante y urgente ahora: cuándo se termina.

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