Keith Flint, el cantante con cara de demonio que avivó el fuego de la música electrónica con The ProdigyEspectáculos 

Keith Flint, el cantante con cara de demonio que avivó el fuego de la música electrónica con The Prodigy


Keith Flint de The Prodigy en la Argentina, en el festival Pepsi Music de 2009 Fuente: Archivo – Crédito: Soledad Aznarez

Una pandilla de locos entra a una discoteca y rompe todo con un par de bates de béisbol. Toma el control de la cabina del DJ por asalto y convierte esa noche demencial en una fiesta. Así se podría describir la irrupción del grupo británico The Prodigy y
su efecto en la escena electrónica a mediados de los años noventa. En medio del
fenómeno del brit pop, la aparición de este grupo seminal que venía del culto a la música electrónica, atravesó las pistas de baile, la herencia post punk y combinó todos esos elementos en una música ruidosa y contraversial que llegó a los grandes estadios.

Todo eso no hubiera pasado, más allá del genio del productor y fundador del grupo Liam Howlett, si no hubiese aparecido Keith Flint, performer y bailarín que le dio una identidad escénica al grupo electrónico y los catapultó a la categoría de estrellas de rock. Su rostro demoníaco y su peinado con dos cuernitos encarnaron perfectamente la pesadilla de los padres de esa generación rave de la década del 90 atravesada por el uso del éxtasis y el baile desenfrenado.

Ese elemento peligroso que el grupo explotó no solo desde su imagen sino desde sus letras y videos llevó a la banda a los primeros puestos de los rankings de todo el mundo.

A diferencia de sus colegas hedonistas de los Chemical Brothers, la banda originaria de Essex apostaba por la provocación. La voz y la imagen de Flint encarnaban a la perfección esa pesadilla química y adrenalínica que exudaba la música de Prodigy, donde el punk y las bases electrónicas encontraban un nuevo canal de expresión.

Comparado en su momento con Johnny Rotten de los Sex Pistols, la influencia decisiva de Flint pavimentó el camino al éxito de la banda a partir de 1996, cuando le puso su voz a una serie de canciones emblemáticas de su tercer álbum,
The Fat of the Land (1997).

Los singles “Firestarter” y “Breathe”, llegaron al número uno en Gran Bretaña. El impacto de su música fue tan fuerte como el de los videos. “Firestarter”, el primer éxito de Prodigy en los Estados Unidos, fue prohibido por la BBC porque los espectadores afirmaban que las imágenes del video en blanco y negro, con Flint en primer plano, asustaban a los niños. En una entrevista en The Guardian en 2005, el cantante reconocía que a la escena le estaba faltando ese riesgo que los hizo tan populares. “¡Nosotros éramos peligrosos y emocionantes! Pero ahora no hay nadie que quiera ser peligroso”.

Es verdad que en esa década, la estética de Flint y la música de Prodigy creaban una atmósfera perturbadora en la audiencia y resquemor en los adultos. Las cadenas televisivas del momento eludían pasar canciones como “Smack My Bitch Up”, que tenía imágenes violentas, escenas sexuales y jugaba con el límite.

Flint, que reinó en como el nuevo cuco de la escena electrónica con su estética punk de piercings y sus movimientos espasmódicos y violentos sobre el escenario (que resumía en la frase: “bailo como si estuviera gritando”), impulsó a Prodigy a límites insospechados.
The Fat of the land vendió diez millones de copias y los álbums siguientes, aunque nunca tuvieron la misma repercusión, siempre alcanzaron los primeros puestos en los rankings de Inglaterra.

En 2004, el cantante no fue convocado para participar del álbum
Always Outnumbered, Never Outgunned. En esa época, Flint sufría de depresión y se había hecho adicto a los fármacos. “Ponía en fila multitud de pastillas y me las tomaba hasta perder la cuenta y perder el conocimiento”, reconoció en 2009 al diario The Times. El cantante volvería a formar parte de la banda para el disco
Invaders Must Die (2009) y no se desvincularía más del proyecto musical. En 2018, The Prodigy editó
No Tourists y tenía proyectado una larga gira por los Estados Unidos para presentarlo, con Flint como cantante.
El suicidio, a los 49 años, del alma escénica de The Prodigy, volvió a perturbar una vez más el sueño de sus seguidores.

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