Las ventas de la playa, desde mallas hasta parlantes y librosSociedad 

Las ventas de la playa, desde mallas hasta parlantes y libros

Playa Grande, en Mar del Plata, ofrece prácticamente todo, el combo completo: arena, mar, balnearios exclusivos, sector popular, boliches tops, after que son frenados por la policía y la posibilidad de comprar de todo: desde libros, hasta mallas o parlantes bluetooth.

El miércoles la costa marplatense estuvo ventosa y eso hizo que las playas no estuvieran desbordadas como los días anteriores. En Playa Grande, al mediodía, la marea estaba alta, lo que generó que el mar “comiera” gran parte de la arena del sector público y dejara poco espacio para que se instalaran las personas que no alquilan sombra y para que los vendedores pudieran circular.

Verónica es marplatense, tiene 22 años y recorre la playa con pareos colgados de su cuerpo. Camina entre las personas, ofrece el producto con una sonrisa, recomienda colores y permite que se prueben cualquiera que deseen, al final, haya o no venta, saluda con un beso y sigue. “Yo los vendo muy baratos para vender más, por esa plata no comprás nada”, dijo.

“Acá hay buena onda, somos todos amigos entre los vendedores y nos ayudamos”, aseguró uno de los vendedores de la playa. (Foto: TN.com.ar)

Carlos, según él, es de los vendedores que más caminan las playas de Mar del Plata. Su producto es de los más pedidos porque mata el aburrimiento: un folio en el que vienen tres revistas con crucigramas, sopas de letras y sudokus. “Hay juegos que son difíciles, las tres revistas te duran como una semana y encima te doy la lapicera. Todo por 100 pesitos, un regalo”, expresó.

Cerca de la escollera norte hay un grupo de jóvenes que juega al fútbol tenis, al lado hay un carro de panchos, de choclo, de venta de mallas, de auriculares y parlantes, de anteojos y de pelotas, tejos y otros elementos. Cada tanto se acerca una persona a ver un carro y el que no está ocupado en el partido va a atender, sin importar si es el suyo o no.

“Las ventas vienen mejor que año pasado, que fue malo”, dijo un vendedor de la playa. (Foto: TN.com.ar)

“Acá hay buena onda, somos todos amigos entre los vendedores y nos ayudamos. Sabemos el precio de todo lo del otro y nos damos una mano para pasar el verano”, dijo Mauricio, que maneja el carro que vende sombrillas ($800), pelotas de fútbol ($700), tejos ($500) y otros artículos para la playa.

Adrián parece ser el árbitro del partido de fútbol tenis y quien más experiencia tiene del grupo de vendedores de la zona. Marplatense cuarentón, se dedica a la venta hace más de 20 años. Para esta temporada apostó a conseguir auriculares, parlantes y anteojos.

“Las ventas vienen mejor que año pasado, que fue malo como el clima. La gente no venía a la playa. Ahora estamos mejor, pero espero vender parlantes porque si no los voy a poner en toda la casa y voy a escuchar música en cada rincón”, bromeó Adrián.

Si bien los carros están “estacionados”, cuando la playa se empieza a llenar, cada vendedor se pone a empujar el suyo. (Foto: TN.com.ar)

Los parlantes bluetooth que vende salen entre 600 y 1800 pesos. Dice que se los llevan muchos grupos de “pibes”, que van a la playa después de las 17 y les gusta escuchar música mientras toman algo que sacan de sus heladeritas. “Estos días hubo mucho quilombo con el alcohol, ahora están controlando un poco más”, reconoció.

Axel vende mallas para hombres en la playa y no deja de sorprenderle que muchas veces las personas las compran, se tapan y se las ponen ahí mismo. “¡Hay algunos que vienen sin malla a la playa! Gracias a ellos tengo laburo”, dijo entre risas.

Los vendedores playeros concuerdan que quienes más compran son las personas de la playa pública, por eso lamentan que la marea estuviera alta y dejara poco lugar. “Los de los balnearios privados no nos dan mucha bola, ellos están allá, del otro lado de esas redes y son más de ir a las piletas que al mar”, dijeron mientras comían un pancho que, de pagarlo, hubiese estado 100 pesos.

Rodrigo tiene 20 años, el pelo verde y viene invicto en el tenis fútbol. Es, además, el dueño de un carro de libros que se hizo furor esta temporada en Playa Grande, pero que este miércoles, por el viento, no pudo llevar porque se le hace imposible la venta.

En un día con menos viento, en el carro de Rodrigo se pueden encontrar libros prácticamente a la mitad del valor de lo que están en una librería comercial. Entre los títulos que más vende, Rodrigo destaca los de Gabriel Rolón –Los Padecientes, El precio de la pasión, El lado B del amor-, alguno de John Katzenbach –El psicoanalista-, los de Florencia Bonelli – principalmente la Trilogía del perdón- y de Magalí Tajes –Caos y Arde la vida-.

Si bien los carros están “estacionados”, cuando la playa se empieza a llenar, cada vendedor se pone a empujar el suyo y recorre playa grande de punta a punta, una y otra vez, en busca de clientes y de juntar unos pesos.

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