Carmen Barbieri: “Nunca mezclé las sábanas con los telones”Espectáculos 

Carmen Barbieri: “Nunca mezclé las sábanas con los telones”

Como no podía ser de otra manera,
Carmen Barbieri participa una vez más de la temporada teatral de
Mar del Plata. Pero en esta ocasión no está al frente de una revista sino como protagonista de una comedia:
20 millones. Junto a un elenco integrado por Marcelo De Bellis, Alberto Martín, Sebastián Almada (también director y coautor de la pieza), Sol Pérez, Mónica Farro y Christian Alonso) hace reír todas las noches a locales y turistas desde la platea del teatro Atlas.

Pero este año su vida no es la misma: su exesposo
Santiago Bal, con quien compartió cartel el año pasado en la misma sala (luego de varios años de distanciamiento), murió hace un mes; y su hijo Federico (otro de los pilares de
Nuevamente juntos, el mayor éxito de público del verano pasado) hoy trabaja en otra compañía. “Extraño mucho a Santiago”, le dice la actriz a
LA NACION. “Con Federico sentimos que Santiago todavía no se fue. Pensá que hace sólo unos pocos meses trabajábamos juntos los tres aquí, en el teatro Atlas. Y ahora, cuando paso por el que era su camarín, me tapo la cara o miro para otro lado. No lo puedo soportar. Esto es muy duro para mí”, asume.

-Hace sólo un mes que enviudaste. ¿Te es difícil hacer reír al público?

-No, ¿sabés lo que tengo? No sé si es una virtud o una locurita mía, pero puedo separar la vida de la ficción terriblemente. Cuando entro al teatro dejo mi vida afuera, con todos mis dolores, mis angustias y mis problemas. Hasta me olvido de mi cumpleaños si estoy trabajando ese día. Siempre lo pude hacer y ahora, que estoy tan triste, también lo hago. Santiago ya no era mi pareja, hacía ocho años que estábamos separados, pero creo que se merecía seguir viviendo porque la peleó como un toro. Durante todos estos años yo viví pendiente de él. No puedo creer que no lo voy a ver más… Recién se fue y ya lo extraño.

-¿En quién te refugiás cuándo te sentís mal?

-Me refugio en mis compañeros, que son lo más. Además de buenos profesionales, son muy contenedores. En el escenario me divierten y fuera de él están pendientes de mí. Tanto me hacen disfrutar del trabajo que por ratos me hacen olvidar de todo; y me vuelvo a sentir la Carmen de los 20 años, la que no tenía problemas, la que no tenía deudas ni la soledad que hoy me rodea. Yo vivo sola con un perrito y está bien, pero a veces duele. Porque cuando te enfermás no tenés quién te prepare un té o cuando tenés ganas de llorar no tenés un hombro dónde hacerlo.

-¿Sos de pedir ayuda o buscar contención?

-Tengo un millón de amigos, pero no es lo mismo. De todos modos, uno se va a acostumbrando a las cosas, y aprendiendo. Hoy estoy aprendiendo de mi hijo, quien a sus 30 años me está enseñando a mí, que ya tengo 64, una nueva manera de vivir, aceptando la muerte; algo que me cuesta muchísimo porque no puedo aceptar que se me muera nada ni nadie. Porque para mí la muerte es sinónimo de abandono. Y el abandono me resulta intolerable.

-¿Cómo es hoy tu vida en Mar del Plata? ¿Diferente a la de otras temporadas?

-Este verano estoy tratando de vivir la vida minuto a minuto, dándole importancia a lo que realmente la tiene y no a lo que no [se quiebra, pide disculpas]. Antes me hacía problema por tanta pelotudez, abandonaba un móvil, me peleaba con tal o cual, era una cosa de locos. Ya no quiero eso para mí. Hoy mi vida en Mar del Plata es muy tranquila, si bien me acuesto tarde porque después de las funciones vamos a cenar y charlamos largo y tendido con los compañeros, a la mañana me levanto muy temprano porque estoy durmiendo poco; por ese tema voy a tener que hablar con mi psiquiatra porque desde que falleció Santiago a veces directamente no duermo, me quedo en la cama mirando el amanecer, con Rey al lado, el perro caniche que rescaté de la calle con cuatro costillas rotas. Después me la paso tomando mate y como poco.


El camarín de Barbieri en el teatro Atlas de Mar del Plata Fuente: LA NACION – Crédito: Mauro V. Rizzi

-¿Cocinás para vos?

-Ya no tengo ganas de cocinar, sólo lo hago si me lo pide Fede. Pero sí voy a hacer un ritual en honor a Santiago y entonces me cocinaré todo. Yo hago cocina judía muy bien. Voy a invitar sólo a artistas de la colectividad, entre ellos a (Roberto) Moldavsky; no quiero que venga gente que no sepa lo que está comiendo, porque lo que haré estará hecho con mucho amor y mucho trabajo. Por ejemplo, yo hago la masa de los arenques y luego la dejo un día en la heladera. El ritual lo haré después del estreno de
Rumbo al mar, la película póstuma de Santiago, que se estrenará el 20 de enero.

-Con Santiago muerto y tu hijo completamente independizado, ¿el trabajo es actualmente tu único objetivo en la vida?

-Hoy me concentro sólo en el trabajo. Yo tengo una asistente que, por ejemplo, hoy se fue a correr. A mí me gustaría acompañarla, pero ¿y a la noche, cómo hago la función? ¿Y si tengo un tirón en una pierna y no puedo caminar bien? ¿Y si no puedo subir y bajas las escaleras para los tres cambios de vestuario que me exige la comedia? Yo a Mar del Plata vine a trabajar y sólo a trabajar, por eso no voy a la playa; porque, ¿y si me insolo? ¿O si me resfrío o me quedo muda? Nada de eso puede suceder porque yo soy la bastonera de
20 millones, la que da los pies; lo mío es pie, trueno; pie, apagón; pie, comicidad.

-Una enorme responsabilidad…

-Es muy difícil mi trabajo. Siempre que hice comedia yo era la cómica, la que hacía de borracha o de Catita; acá, en cambio, soy la bastonera, la dueña de casa, la que recibe a los invitados, la que reparte el juego. Si me equivoco, falla todo. Tengo que estar atenta como nunca, al cien por ciento. Por eso, sí, hoy sólo me dedico al trabajo. Excepcionalmente recibo a algún que otro amigo en casa y asisto sólo a eventos de prensa impostergables, porque no estoy en condiciones de hacer más. Si salgo a la calle me topo con mujeres que me abrazan y me dicen: “Ay, Carmen, lo lamentamos tanto”. Y esas demostraciones de cariño, aunque sé que son bien intencionadas, me hacen mal, me duelen porque me recuerdan permanentemente el dolor que siento por la partida de Santiago.

-¿Estás conforme con el inicio de la temporada? Algunos dicen que es auspicioso y otros, todo lo contrario.

-Para mí este inicio es igual al de la temporada anterior, pero con un espíritu distinto. La sensación es de una quietud sepulcral; es más, voy a ser exagerada: ¿Viste la paz previa a un tsunami, cuando todos los pájaros y los perros se alejan y el silencio es total?


La capocómica, que forma parte de la comedia 20 millones, vaticina una muy buena temporada teatral en Mar del Plata Fuente: LA NACION – Crédito: Mauro V. Rizzi

-¿Vaticinás una catástrofe?

-No, todo lo contrario: lo que se avecina va a ser completamente inesperado, una temporada maravillosa. Te dije tsunami porque pasaremos de la quietud al alboroto. Mi abuela siempre decía: ‘ojo que el mar alborota’, como diciendo cuidado con los amores de verano. Y tenía razón, obviamente. Yo hoy siento la tranquilidad del espaldarazo. Y estoy segura que con
20 millones voy a hacer la misma cantidad de espectadores que el año pasado: alrededor de 40 mil. Empezó floja, es verdad, pero acordate: en esta temporada no se van a salvar sólo dos o tres espectáculos, nos vamos a salvar todos.

-Hablemos de
20 millones. En la comedia interpretás a una mujer que está perdiendo la memoria. Si esto te pasara en la vida real, ¿qué te gustaría olvidarte en primer lugar y qué rogarías por no olvidarte jamás?

-Me gustaría olvidarme de todos los malos momentos que me tocaron vivir, que por cierto fueron muchos. ¿Por ejemplo? Cuando me enteré que Santiago me había dejado de amar; no que me engañó, porque Santiago no me engañó, Santiago me dejó de amar, que es distinto. Y la culpa no fue sólo de él, también fue mía, fuimos ambos responsables en un cincuenta por ciento cada uno. Yo dejé de atenderlo como él quería. Cuando no trabajaba era muy buena ama de casa y cumplía con todas mis obligaciones como mujer, pero después, cuando empecé a trabajar mucho, descuidé la intimidad de la pareja. Y él necesitaba una mujer más presente, necesitaba una amante, en la cama y en la vida. Bueno, y después ya se sabe lo que pasó.

-Se separaron.

-Sí, Santiago se fue de casa y yo me quedé sola. Luego de 26 años juntos no podía creer una vida sin él. Nunca lo engañé, y eso que fui traviesa mientras estuve soltera. Después, nunca más me llamó por teléfono y la vez que yo sí lo hice me contestó: “¿Para qué me llamás? No lo hagas más, arreglate sola”. Ahí me tuvieron que internar con 20 de presión. De todo eso quisiera olvidarme, de todo eso. En cambio, rogaría no olvidarme nunca pero nunca del nombre de mi hijo.

-En la obra pareciera haber un paralelo con tu vida: en el pasado, tu personaje sufrió la infidelidad de su esposo (ya muerto) con una bailarina 25 años más joven. ¿Esto estaba en el texto original o fue agregado después y adrede?

-El texto fue escrito así, tal cual, cuando Santiago estaba vivo y sano. Lo juro. No es algo especulativo. Es más, en la obra aparecía un cuadro en base a una fotografía de Santiago, pero eso decidimos cambiarlo cuando él falleció. A mí no me molestaba, pero los productores pensaron que podía malentenderse y tomarse como algo macabro.


El Astral es un teatro que despierta muchos recuerdos en Barbieri Fuente: LA NACION – Crédito: Mauro V. Rizzi

-Pese a todo, ¿Santiago fue el hombre de tu vida?

-Fue el hombre de mi vida, definitivamente. En algún momento dije algo desafortunado, que el hombre de mi vida había sido Jorge Porcel, pero no fue cierto. Lo dije para que le doliera a Santiago y le dolió nomás. Era la única manera de herirlo, de ponerlo por debajo del gordo. Porcel fue un amor de mi vida, no lo voy a negar; el primer amor. Pero el gran amor, sin dudas, fue Santiago. ¡Fueron 26 años dedicándome a él! ¿Cómo no va a ser mi gran amor? Tuvimos seis años de diversión y luego el resto se la pasó enfermo, a veces muy pero muy enfermo; y siempre lo acompañé, aún estando separados. Él siempre me reprochaba: “¡Me abandonaste por el trabajo!”. Y yo le contestaba: “¡Y vos me abandonaste por la enfermedad y sin embargo nunca te hice pasar vergüenza, nunca te engañé!”. Nunca mezclé las sábanas con los telones, no lo hago ni lo haré. Si a mí me hubiese gustado alguien, antes de cometer el error que el cometió, yo se lo hubiese dicho y nos hubiéramos separado. Nosotros teníamos un pacto -que en nuestro círculo de trabajo ninguno de los dos iba a cometer semejante barbaridad para no dejar expuesto al otro a las burlas- y él lo rompió.

-Más allá de que volvieron a trabajar juntos el año pasado, ¿lograste perdonarlo definitivamente?

-Yo sí, pero él no se perdonaba. Antes de morir me dijo: “Yo cometí muchos errores, pero el más grande de mi vida fue haberte hecho lo que te hice”. Yo le dije que ya estaba, que había pasado mucho tiempo, que se quedase tranquilo. Pero insistió: “Tengo el alma rota”, me dijo, y ahí no pude dejar de llorar.

-Ahora existen rumores que te vinculan con Alberto Martín, tu compañero de elenco. ¿Podrías volver a enamorarte?

-Estoy sola desde hace ocho años, cuando me separé de Santiago. Y en mi cama, donde Santiago durmió, nunca durmió otro hombre. Hoy no se me ocurriría algo así, estoy en pleno duelo. Pero en un futuro… ¿Por qué no? Ojalá que me pase.

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