FKA Twigs se aferra al futuro en su nuevo disco, ‘Magdalene’Espectáculos 

FKA Twigs se aferra al futuro en su nuevo disco, ‘Magdalene’


En su magistral segundo disco, FKA Twigs es una excéntrica visionaria Crédito: Matthew Stone

FKA TWIGS – ‘Magdalene’

Young Turks – 3 estrellas y media

FKA Twigs es como una Kate Bush afrofuturista con algunas ideas de pop vanguardista, que pasó de ser bailarina de acompañamiento en videos musicales a ser una de las artistas de pop electrónico más eclécticos con su disco debut,
LP1, hace cinco años. En
Magdalene, su sucesor, pasa a otro nivel, haciendo una música que se resiste a ser encerrada en un único género -o incluso a que la encasillen simplemente como música, puesto que en lo que ella hace son iguales de centrales la coreografía, la realización cinematográfica y la fotografía-. Pocas artistas actuales (se me ocurren Beyoncé y Björk) lograron que lo visual fuera tan integral a su sonido.

Por supuesto que esto no significa que
Magdalene se quede corto en términos musicales; el sonido es lo suficientemente rico como para conjurar sueños caleidoscópicos con los ojos cerrados. Las voces multipistas de “Thousand Eyes” empiezan como una música medieval en una canción acerca de una separación que, en lugar de dejar a la cantante sola, la abandona en medio de una atemorizante manada de personas. “Home With You” es una balada al piano rapeada y susurrada. En “Sad Day”, regala una melodía pegadiza con su voz de soprano aviaria y un fraseo ligero sobre una base de fractales rebuscados que explotan y reculan. El R&B psicodélico de “Holy Terrain”, con Future de invitado, es una fiesta creativa, de la que también participan Jack Antonoff, Skrillex, Sounwave, y Le Mystère des Voix Bulgares, el grupo coral búlgaro, loopeados en una suerte de cántico trapeado de enanos. El hecho de que se puedan oír ecos de Kate Bush no quita ni una pizca de originalidad a la obra de Twigs, puesto que son gestos que hoy deberían ser iguales a un arquitecto hablando de arcos góticos o un rapero parafraseando a Biggie -la piedra fundacional de una forma artística-. Lo mismo con el aroma a “Pyramid Song”, de Radiohead, en los acordes de piano meditativos que abren “Fallen Alien”, que por momentos se transforma en una cacofonía de beats de grime, el subibaja típico de la electrónica dance, y la aflicción de la música de cámara.

Magdalene suena como el producto excéntrico de un único par de manos -como las que vemos en el video de “Cellophane”-, elevándose siempre hacia nuevos descubrimientos.

ADEMÁS

Los comentarios publicados son de exclusiva responsabilidad de sus autores y las consecuencias derivadas de ellos pueden ser pasibles de sanciones legales. Aquel usuario que incluya en sus mensajes algún comentario violatorio del reglamento será eliminado e inhabilitado para volver a comentar. Enviar un comentario implica la aceptación del Reglamento.

Para poder comentar tenés que ingresar con tu usuario de LA NACION.

Articulos relacionados

Leave a Comment